Iria Bouzas

Competir en vez de colaborar es la mejor forma de tenernos aisladas y, así, aisladas, somos más débiles y vulnerables. No parece esta la actitud más inteligente del mundo.

Últimamente no hago más que percibir ruido alrededor del feminismo. Cada vez más y más ruido y cada vez más suena más estridente y es más incómodo.

No voy a decir que no lo esperaba, porque mentiría. Pero, aun cuando contaba con que iba a pasar esto, me sigue molestando muchísimo.

Era visto.

En los últimos tiempos el movimiento feminista ha ido creciendo y sumando apoyos a una velocidad muchísimo mayor que de lo que lo ha hecho cualquier otro movimiento reivindicativo y el 8 de marzo, de pronto, se hizo visible todo su potencial como elemento de cambio.

Ese día y los siguientes, he hizo evidente que a muchas personas y organizaciones todo esto les pilló con el pie cambiado. La representación más clara de este desconcierto fue el de Ciudadanos, partido que el 8M por la mañana todavía se dedicaba a intentar ridiculizarnos a las feministas y durante la mañana del 9 de marzo se desesperaba por demostrar públicamente que ellos eran los líderes de este movimiento desde el inicio de los tiempos.

Desde marzo hemos seguido avanzando, hemos sumado apoyos, hemos provocado muchas reacciones contrarias y hemos generado muchísimas inseguridades a muchas personas que llevaban décadas instalados en sus peligrosas certezas.

Lo publiqué en este digital días antes del 8 de marzo y lo vuelvo a repetir ahora, los ataques más devastadores vienen y vendrán desde la propia izquierda. Muchos líderes de los movimientos reivindicativos tradicionales de este país, ni entienden ni quieren entender que en un movimiento feminista su lugar, por una vez, no está en el frente si no en un lado. Y ahora, molestos y desconcertados, están empezando a hacer ruido y algo más que ruido.

Estoy viendo a señores muy comunistas, muy marxistas, muy anarquistas y muy reivindicativos, dedicando su valioso tiempo a meter en el dedo en las fisuras que surgen en algunas partes del movimiento a ver si a base de hurgar consiguen que la fisura se transforme en brecha, termine por caerse todo y ya puedan venir ellos corriendo a reinar sobre los escombros que queden.

La última moda o más bien el último grito (ya que estoy hablando de ruidos) es lo de atacar a las compañeras feministas, que por ser más mediáticas o por tener una mayor repercusión, se considera que se están haciendo ricas a costa del movimiento y eso como buenos comunistas, ellos, no pueden tolerarlo.

Me preocupa y mucho el nivel de conocimientos de aquellos que llevan media vida reivindicando mis derechos cuando les encuentro predicando por las equinas que ciertas compañeras están construyéndose piscinas llenas de dinero al estilo del Tio Gilíto, con los pingues beneficios que obtienen de actividades tan lucrativas como son la de escribir un libro.

¿En España? ¿Rico por publicar un libro? ¿En España?

No les voy a explicar lo ridícula que me resulta la idea de que es posible, salvo contados autores, el hacerse rico en un país en el que cuándo utilizas todos los caracteres en Twitter para escribir algo, la mayoría de la gente te comenta solo la primera parte porque es muy cansado leerlo entero.

También existen las voces que critican los ingentes dinerales que se están llevando muchas feministas por participar en tertulias o escribir en digitales. Volvemos a la misma, en la mayoría de los casos no están cobrando por participar o escribir y cuando lo hacen, son sumas ridículas.

 

Así que estimados compañeros comunistas, si quieren meter mierda con un poco de coherencia intelectual, vayan a las cadenas de televisión a protestar para que les paguen a las compañeras feministas y dejen de criticarlas a ellas como, por cierto, han hecho siempre los buenos machistas de manual.

Las mujeres lamentamos mucho que ustedes, compañeros señores, no sean el sujeto político de esta lucha y por ende, no sean los llamados a liderarla. No sé, miren por Internet a ver si hay algún remedio natural que ayude a prevenir los ataques de necesidad de mangonearlo todo y además de dejarnos un poco tranquilas. aprovechan para mejorar su revolucionaria salud.

Por otro lado, compañeras feministas, voy a haceros una petición:

¡Pensad un poco que nos motiva!

¿En serio nos va a molestar que sea otra compañera la que salga en la tele? ¿No se supone que luchamos para tener voz y que se nos escuche? ¿Qué más da de quien sea es a voz?

Si en lugar de unirnos permitimos que nuestros egos individuales nos pongan a pelear entre nosotras, estaremos haciendo exactamente eso para lo que nos han educado. Competir.

Competir en vez de colaborar es la mejor forma de tenernos aisladas y, así, aisladas, somos más débiles y vulnerables. No parece esta la actitud más inteligente del mundo.

Hablemos, compartamos, mejoremos. Pero siempre entre nosotras y sin dañarnos.

Decimos mucho eso de que “la Revolución será feminista o no será” Pues en nuestra mano estará decir si será o no.

Personalmente me daría muchísima tristeza tener que asumir en un futuro que fui parte de un proyecto que no triunfó porque no estábamos preparadas para dejar a un lado los egos, las envidias, las inseguridades y el rencor.

Simplemente reflexionemos.

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