Por Javier Díaz Ortiz

Hoy, 27 de febrero, se celebra el día del Sáhara Occidental, un Estado al noroeste del continente africano, actualmente luchando por su liberación de la ocupación ilegal e ilegítima del Reino de Marruecos. Actualmente se encuentra en un complejo proceso de lucha (no violenta por parte del Sáhara Occidental) contra el estado marroquí, y de cuya situación hoy en día es en gran medida responsable España. Para entender mejor qué es el Sáhara Occidental y cuál es la situación del pueblo saharaui es necesario entender primero la cronografía de acontecimiento que han desembocado en un conflicto que lleva activo más de cuatro décadas, y que, pese a ser uno de los más crueles y manifiestamente contrario a Derecho, no ha suscitado en la Comunidad Internacional todo el interés que merece. El desconocimiento de la sociedad española de este conflicto es el resultado de una labor de amnesia ordenada por las instituciones estatales para lavarse las manos y desviar la atención de la opinión pública hacia otros asuntos. Por ello, y para que no queden dudas al respecto, es conveniente comenzar por la historia, momento por momento, de la ocupación y expolio del territorio saharaui:

  • 1884. Se inicia de forma oficial la colonización de España sobre el territorio del Sáhara Occidental con la ocupación material del territorio y la fundación de puntos estratégicos para la administración de la colonia.
  • 1904. Acuerdo entre España y Francia sobre los límites fronterizos actuales.
  • 1956. Guerra entre España y Marruecos por los territorios del protectorado español.
  • 1960. La ONU reconoce al pueblo saharaui como sujeto del derecho de autodeterminación como territorio ocupado.
  • 1969. El gobierno fascista de España cede definitivamente el territorio de Sidi Ifni a Marruecos sin consentimiento alguno de la población.
  • 1973. Se funda el Frente POLISARIO (Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro).
  • 1975. La Corte Penal Internacional de la Haya advierte de que “[…] el Sáhara Occidental no tiene lazos de soberanía con Marruecos o Mauritania. Debe aplicarse, por tanto, el derecho de autodeterminación.” Ese mismo año, Hassan II lanza la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental con el apoyo de EEUU, ocupando el territorio por la fuerza. Juan Carlos de Borbón, Jefe de Estado en funciones, negocia a través de los Acuerdos Tripartito la partición del territorio saharaui entre Marruecos y Mauritania, contraviniendo las declaraciones de la ONU y la Corte Penal Internacional.
  • 1976. El 27 de febrero se proclama la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), que ingresará en la Unión Africana ocho años después como Estado miembro de pleno derecho. En noviembre, Felipe González promete la anulación de los acuerdos con Marruecos y Mauritania en una visita a los campamentos de Tindouf (Argelia) y el apoyo a la liberación del pueblo saharaui. Ni que decir tiene que cuando el PSOE llegó al poder seis años después olvidó, junto con muchas otras, esta promesa.
  • 1980. Marruecos comienza la construcción de los ocho muros que dividen el territorio saharaui a lo largo de unos 2.270 kilómetros. Además, se anexiona de forma unilateral los territorios a los que había renunciado Mauritania tras los acuerdos de paz del año anterior con la RASD.
  • 1992. Tras repetidas instancias de la ONU, el gobierno marroquí acepta la celebración de un referendum, aunque torpedea desde el primer momento los preparativos del mismo. La MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referendum del Sáhara Occidental) denuncia la actitud de Marruecos, y continúa la elaboración de un censo que finaliza en 1996 con unas 147.000 personas con derecho a voto.

En los años posteriores continúa la represión del ejército marroquí sobre la población saharaui a través de detenciones, acciones militares de ocupación y expulsión, bombardeos a núcleos de población civil, utilización de armas químicas, instalación de minas antipersona en la frontera, levantamiento de vayas y muros vigilados, reclusión en campos de concentración en el desierto. Actualmente se siguen sucediendo crímenes atroces contra la población saharaui, una verdadera operación de exterminio que ha sido calificada como genocidio incluso por la Audiencia Nacional de España en 2015. La ONU y otras organizaciones internacionales que velan por el cumplimiento de los Derechos Humanos han condenado la ocupación en innumerables ocasiones, aunque con pocas esperanzas de intervención por el veto de Francia y Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Los crímenes no se limitan exclusivamente al ámbito humanitario, sino que también recogen un sinfín de acciones de expolio de los recurso naturales pertenecientes al pueblo saharaui, y de los que únicamente obtiene beneficios Marruecos, en complicidad con empresas y Estados asociados que acuerdan con el régimen de Mohamed VI la explotación ilegal de los recursos minerales y pesqueros que corresponden a la RASD.

Por su parte, España ha reusado en repetidas ocasiones de comprometerse con un conflicto del que es responsable de manera legal y política, ya que sus actuaciones como potencia colonial, tanto en la etapa fascista como la constitucional, desencadenaron los enfrentamientos al abandonar al Sáhara Occidental en manos de Marruecos y Mauritania tras los vergonzosos Acuerdos Tripartitos de 1975. Los posteriores gobiernos han ignorado deliberadamente la obligación y la oportunidad para enmendar el gran error que cometió el rey Juan Carlos I, más preocupado por su amistad con el tirano de Marruecos que por el destino del pueblo saharaui y el respeto de sus derechos inherentes como seres humanos. El papel de España en la reparación del agravio cometido hace 43 años ha sido inexistente en el plano institucional; todos los gobiernos han ignorado el asunto del que este país es responsable directo. Es vergonzoso, un auténtico insulto a la ética y a la memoria histórica, actuando como una potencia colonial sin ningún tipo de preocupación por la población de los territorios ocupados. Esta es, sin duda, una de las tareas pendientes más importantes que tiene por delante la política española si pretende acercarse algún día a una democracia respetuosa con los Derechos Humanos y con la realidad innegable de que, con su ayuda o sin ella, el Sáhara Occidental será libre.

Nacido en Cebreros (Ávila), tengo 21 años. Estudiante de Derecho y Ciencias Políticas en la UCM. En colaboración con proyectos de Derechos Humanos, Derechos LGTBI y otras ONG. Coordinador de Opinión de Contrainformacion.es

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