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El Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de la Hidrovía Amazónica, que busca mejorar la navegación de cuatro ríos amazónicos en Perú, no ha medido el impacto en la salud y la alimentación en la población de la zona afectada, advirtieron este martes diversas organizaciones de la sociedad civil.

El proyecto contempla el dragado para la remoción de rocas, arena, sedimentos y otros materiales de al menos 13 Malos Pasos (tramos de ríos de muy poca profundidad) a fin de que los ríos Huallaga, Amazonas, Marañón y Ucayali tengan suficiente profundidad para permitir el pase de embarcaciones comerciales.

«El estudio no contempla información de línea base, como la dinámica de los ríos y la salud de la población» que se vería afectada por los dragados que se realizarán para su implementación, explicó a Efe Mercedes Lu, asesora técnica de la Asociación Internacional Alianza Mundial de Derecho Ambiental (ELAW).

El EIA, presentado por la concesionaria Cohidro, fue revisado por la ONG Derecho, Ambiente y Recursos Naturales (DAR), la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), la Coordinadora Regional de los Pueblos Indígenas (Corpi) y ELAW, quienes señalaron que en el EIA, presentado en mayo pasado ante el Estado peruano por la empresa, «ha faltado información».

El EIA sirve para determinar la viabilidad ambiental de un proyecto de inversión y se presenta para su aprobación ante el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (Senace), organismo del Ministerio del Ambiente.

La Hidrovía Amazónica fue adjudicada en 2017 a la concesionaria Hidrovía Amazónica S.A (Cohidro), conformada por la constructora estatal china Synohidro y la peruana Casa Contratistas, y requerirá una inversión inicial de 95 millones de dólares, a cambio de una concesión de veinte años.

La obra requiere crear un canal de navegación de un máximo de 56 metros de ancho para el tránsito de naves de 1,8 metros de calado en los ríos Huallaga, Marañón, Ucayali y Amazonas, en cuyas riberas se asientan 424 comunidades nativas, pertenecientes a 14 etnias distintas.

Lu precisó a Efe que, con los tipos de dragado de los ríos, se removería arsénico, níquel, así como también algunos residuos en zonas que fueron pasivos de petróleo.

La especialista en Geografía denunció que en el EIA existen diversos valores que no tienen sustento, como que el ruido de los dragados solo significaría dos puntos de aumento en los decibeles.

«Se han llegado a grandes generalizaciones que nos hace pensar que se está tomando una decisión sin información», alertó Lu.

Por su parte, Janmer Manihuari, presidente de la organización indígena Corpi, de la región amazónica de Loreto, denunció que el EIA no recoge la mayoría de aportes que dieron los líderes indígenas sobre el impacto de los proyectos, y que fueron alcanzados al equipo técnico de la Hidrovía Amazónica.

Por ello señaló que, «terminado este estudio y conociendo que se ha presentado (ante las autoridades), nos quedan muchas preocupaciones y nos generan muchas dudas. Los pueblos se sienten amenazados de que este proyecto estaría dañando la vida de nuestros hermanos», expresó Manihuari en la conferencia de prensa.

Señaló que, según los líderes indígenas, con el dragado, los peces migrarán, el agua se contaminará, y por ende afectarían gravemente en la salud y alimentación de muchas comunidades indígenas y no indígenas de la zona, que no cuentan con otro tipo de agua para la subsistencia que no sean la de sus ríos.

Por ello, valoró que el proyecto «responde a otros intereses que no va a ayudar a mejorar la vida de nuestra población».

En esa línea también se expresó Lu, quien señaló que la justificación del proyecto y el beneficio económico de la región o del ciudadano de a pie «no están muy claros».

«Tampoco se ha evaluado en general cuál sería el costo beneficio, incluyendo los aspectos ambientales del mismo, como los efectos en calidad de agua, en la pesca, en el ecosistema», agregó.

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