La asociación considera como algo descabellado el plan industrial de Iberdrola en una de las áreas costero-marítimas de mayor valor ambiental de Galicia, desarrollado en dos proyectos que podrían afectar a numerosas áreas protegidas a nivel europeo por la Red Natura 2000, especies en peligro de extinción e incluso al recurso de las comunidades pesqueras de las zonas afectadas de las que directa e indirectamente viven miles de familias.

Parque eólico en el Mar del Norte

Los parques eólicos marinos San Brandán (490 MW) y San Cibrao (490 MW) son una nueva muestra de la megalomanía energética desplegada sin rubor por las grandes corporaciones pues entre ambos proyectos pretenden instalar 70 aerogeneradores -cada uno de 14 MW de potencia- montados sobre plataformas flotantes, con una altura de buje de 138 metros sobre el nivel del mar y un diámetro de rotor de 230, lo que determina una altura en punta de pala que supera el cuarto de kilómetro (253 metros) equivaliendo a 4,6 veces la altura de la Torre de Hércules de A Coruña. El área prevista de ocupación sería igualmente demencial, con 108,7 km2 en el primer caso y 127 km2 en el segundo, lo que supone un total de unos 235 kilómetros cuadrados (23.500 hectáreas) de ámbito marino.

El nivel de afectación potencial de ambos proyectos sobre los espacios protegidos no tiene precedentes en la historia reciente de Galicia, pues en el caso del parque eólico San Brandán se contempla sobre la ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves) del Espacio marino Punta de Candelaria-Ría de Ortigueira-Escaca de Bares (código ES0000495), la ZEPA/ZEC (Zona Especial de Conservación) Costa da Mariña Occidental (código ES0000372), la ZEC Ortigueira-Mera (código ES11100001) y la ZEC Costa Ártabra (código ES1110002). En cuanto al parque eólico San Cibrao, se vislumbra también el posible impacto sobre las dos primeras áreas protegidas integradas en la Red Natura 2000.

Además existe un riesgo real de impacto sobre especies de cetáceos protegidas presentes en la zona marina afectada como el delfín común (Delphinus delphis), mular (Tursiops truncatus) y listado (Stenella coeruleoalba), la marsopa común (Phocena phoncena), el roncual común (Balaenoptera physalus) y el cachalote (Physeter catodon), amén de otras especies como la tortuga boba (Caretta caretta) y la lamprea (Petromyzon marinus), que está presente en la ría de Ortigueira.

La realidad para los mamíferos marinos es que el sonido subacuático producido en la implantación y explotación de parques eólicos en este medio puede conllevar numerosos efectos negativos incluyendo lesiones, pérdida temporal o permanente de audición, cambios comportamentales y stress. Además, estudios realizados en instalaciones nórdicas que se reflejan en el proyecto europeo Pharos4MPAs y un reciente informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) señalan que todas las fases de desarrollo de este tipo de proyectos conllevan barreras físicas y fragmentación del hábitat, variación en sus rutas migratorias y el riesgo de colisión de aves, mamíferos y tortugas marinas con las instalaciones.

Este tipo de proyectos energéticos también conllevan otros problemas ambientales más allá de la contaminación acústica que llevan implícita por las vibraciones generadas en la góndola y en las palas de los aerogeneradores, como la contaminación por metales pesados o productos químicos procedentes del mantenimiento, el daño de los fondos marinos por las anclas y el tendido de cables, la destrucción o modificación significativa de hábitats y el impacto negativo de los campos electromagnéticos sobre la biodiversidad, factor que puede resultar problemático para el recurso pesquero y las comunidades que viven de él.

Este problema se ve acrecentado en el caso de parques eólicos marinos como los de San Brandán y San Cibrao, cuyo inmenso volumen de generación de energía eléctrica, cercano a los 1.000 MW, han de evacuar a tierra mediante cables de alta tensión, lo que implica una serie de problemáticas añadidas en parajes costeros únicos, pues en sus distintas variantes la empresa plantea el impacto potencial sobre algunas de las mejores playas de las zonas afectadas como Repibelo, Sabón, Esteiro, Portocelo y Limosa

En ambos proyectos se hace referencia además a que una parte del trazado se encuentra dentro de la Important Bird Area (IBA) «Punta Candelaria-Ría de Ortigueira-Estaca de Bares», una de las áreas importantes para la conservación de aves más destacadas de la península ibérica que se encuentra dentro del mayor corredor migratorio de Europa, elegido por más de un millón de ejemplares de medio centenar de especies en sus viajes de invernada.

Por otra parte, se ubican dentro del área de presencia potencial en base a la zonificación establecida por ambos parques eólicos en sectores amparados por los planes de recuperación de especies en peligro de extinción como el de la subespecie lusitánica del escribano palustre (Emberiza schoeniclus L. subsp. lusitánica Steinbacher) y el chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus L.).

IMPACTO NEGATIVO SOBRE LA ACTIVIDAD TURÍSTICA

Finalmente, está el impacto de ambos parques eólicos sobre la actividad turística al estar situados en dos zonas del litoral gallego en las que el espectacular paisaje costero-marítimo es un factor clave tanto para la población local como para las decenas de miles de turistas que cada año visitan sus enclaves porque el contacto con el mar es sinónimo de salud, permite la realización de múltiples actividades de carácter recreativo y constituye en sí mismo un patrimonio natural y cultural insustituible al que Galicia (y su población) ni debe ni puede renunciar. No hay que olvidar que por ejemplo el parque eólico San Brandán, que afecta nada menos que a 26 miradores, será visible desde uno de los más míticos de la Costa da Morte, el del cabo de San Adrián, en Malpica de Bergantiños.

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