Acusado por sus críticos de dirigir el partido hacia la irrelevancia, Sánchez consiguió, contra todo pronóstico, llegar a La Moncloa a través de la primera moción de censura exitosa de la democracia, en junio del año pasado.

Era un momento en que las encuestas sobre intención de voto no favorecían al PSOE, que acusaba el hecho de que su líder no tuviera escaño en el Congreso, ya que Sánchez renunció a su acta de diputado tras ser forzado a dimitir como secretario general del partido por sus críticos en octubre de 2016.

Esta irrelevancia del PSOE y de su candidato ‘desaparecido’ dio un giro inesperado en menos de 24 horas tras conocerse en mayo de 2018, apenas unos días después de que el Gobierno de Mariano Rajoy consiguiese sacar adelante los Presupuestos Generales del Estado, la sentencia del caso Gürtel, en la que el tribunal valoró como no creíble la declaración que prestó Rajoy durante el juicio.

Sánchez, con sus colaboradores más próximos, consideró que al PSOE no le quedaba otra opción que presentar una moción de censura contra Rajoy, pese a haberla rechazado en ocasiones anteriores.

Pero la dureza de la sentencia de la Gürtel, que considera probado que el PP, desde su fundación, estableció un «auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional» mediante la manipulación de la contratación pública obligaba al primer partido de la oposición a reaccionar.

El ‘núcleo duro’ de la dirección del PSOE, tras sopesar pros y contras de presentar la moción, llegó a la conclusión de que dar un paso adelante era un «win-win», es decir, una acción que tendría consecuencias positivas tanto si prosperaba como si no.

De salir adelante, proporcionaría al PSOE la plataforma del Gobierno, desde la que podría adoptar medidas de carácter social que podrían ser premiadas posteriormente por los ciudadanos con su voto, como ha ocurrido. Y si fracasaba la moción, habría proyectado a Sánchez como alternativa de Gobierno en un momento en que el líder socialista tenía dificultades para atraer la atención por su ausencia del Congreso.

Su llegada a La Moncloa permitió a Sánchez construirse una imagen de hombre de Estado y apaciguar a los críticos dentro de su partido, con menos motivos para arremeter contra él ahora que estaba en el Gobierno.

EXPLOTAR EL VICTIMISMO

La dificultad de gobernar con tan sólo 84 diputados y, en numerosas ocasiones, con el bloqueo que PP y Ciudadanos han ejercido desde la Mesa del Congreso, ha permitido a Sánchez culpar a los otros partidos de no dejarle hacer todas las políticas sociales que habría querido llevar a cabo.

No ha sido la primera vez que Sánchez ha podido explotar el papel de víctima. Ya lo hizo en la campaña de las segundas primarias del PSOE, cuando él supo erigirse como el candidato de la militancia y enfrentado al aparato del partido.

Con los resultados de este domingo, Sánchez también se sacude de encima el recuerdo de haber cosechado los dos peores resultados históricos para su partido en los comicios de 2015 y 2016, cuando su partido se hundió hasta los 90 y 85 diputados en el Congreso, respectivamente.

Aunque en 2016 Sánchez consiguió salvar los muebles –numerosos sondeos previos vaticinaron el temido ‘sorpasso’ de Podemos– su debilidad como líder del partido le hizo perder el pulso que libró con sus críticos, que se rebelaron cuando el secretario general se negaba a abstenerse para permitir la investidura de Mariano Rajoy y evitar así ir a la repetición por segunda vez de las elecciones generales.

Un dramático Comité Federal el 1 de octubre de 2016, con la mitad de la Ejecutiva Federal del PSOE dimitiendo para forzar la renuncia del líder, terminó con la salida forzada de Sánchez de la secretaría general. Días después, Sánchez renunciaba también a su acta de diputado para no tener que votar la investidura de Rajoy.

Poco después, en cambio, Sánchez volvió a recorrer toda España como «militante de base en paro» preparando su carrera a las primarias que le devolvieron a los mandos del partido.

Madrileño del barrio de Tetuán, casado y con dos hijas que estudian en la escuela pública, es doctor en Economía y Empresas y dio clases en la Universidad Camilo José Cela. Tiene cierta experiencia internacional por haber trabajado como asesor en el Parlamento Europeo y en el gabinete del Alto Representante de Naciones Unidas en Bosnia, y también conoce el sector privado, puesto que ha desempeñado labores de consultoría internacional.

En enero de 2013 entró a formar parte del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso, en sustitución de Cristina Narbona, y pocos meses después su nombre comenzó a circular como posible candidato a suceder a Alfredo Pérez Rubalcaba como secretario general del PSOE. Sin embargo, en aquel entonces el joven e inexperto Sánchez parecía tener pocas opciones frente a figuras más consolidadas como Patxi López, Carme Chacón y Eduardo Madina.

El inesperado resultado de las elecciones europeas del 25 de marzo de 2014, en las que irrumpió con fuerza Podemos, imprimió un giro radical a la situación del PSOE, precipitando la renuncia de Rubalcaba y abriendo antes de lo previsto la sucesión. Chacón y López se descartaron entonces como candidatos, como haría también Susana Díaz, que aspiraba a ser elegida sin necesidad de enfrentarse a otro rival en unas primarias.

La decisión de Eduardo Madina de no apartarse de la carrera motivó que Díaz diera un paso atrás, esperando una situación más favorable a sus intereses cuando hubiera que elegir al candidato a la Presidencia del Gobierno.

Con lo que no contaba Díaz era con que Sánchez, inmediatamente después de ser elegido secretario general, se postularía como candidato a La Moncloa. Ahí comenzó el distanciamiento de Sánchez con los barones del partido, en especial con la presidenta andaluza.

A FERRAZ SIENDO UN DESCONOCIDO

Si Sánchez consiguió ser elegido líder socialista en julio de 2014 a pesar de ser un perfecto desconocido para la ciudadanía y la propia militancia gracias al apoyo de la presidenta andaluza, Susana Díaz, en las segundas primarias su enfrentamiento con ella y con la mayoría de los barones de la formación jugó a su favor.

Doctor en Economía y Empresa, Pedro Sánchez habla inglés y francés, lo que le convirtió también en el primer presidente del Gobierno desde el ingreso de España en la UE que ha podido desenvolverse con sus colegas europeos sin intérpretes.

Ha sido diputado en dos etapas, en la segunda legislatura del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cuando llegó en 2009 para cubrir una baja y se fue con la disolución en 2011, y volvió en enero de 2013 en sustitución de Cristina Narbona, hoy presidenta del PSOE y una de sus colaboradoras.

Fuente

Deja un comentario