En el informe En el fuego cruzado de Save the Children, se alerta sobre cómo la violencia ejercida por maras y pandillas afecta especialmente al derecho a la educación de niños, niñas y adolescentes en el Triángulo Norte de Centroamérica (Honduras, El Salvador y Guatemala). Consideramos que el grado de violencia es equiparable a zonas a donde existe un conflicto armado.

Las maras y las pandillas representan actualmente verdaderos ejércitos delincuenciales que reclutan niños, niñas y adolescentes. Se estima que el número de los miembros de las maras equivale al 83% del total de efectivos armados en los ejércitos o el 89% de la policía de la región. Algunas de ellas tienen vínculos con organizaciones criminales transnacionales de tráfico de drogas, armas y personas, así como con la institucionalidad política, aunque en formas y grados muy variables según el país y la mara.

Maras y pandillas ejercen control territorial violento sobre los espacios de vida y desarrollo de la infancia, a través de la ocupación y la amenaza, en colonias o barrios donde se operan frecuentemente diferentes grupos rivales. Consecuencia de este control es una restricción permanente de la libre circulación de los niños, que impide a su vez el acceso a derechos como la salud y la alimentación. Los niños se enfrentan a fronteras intransitables en el interior de los barrios, toques de queda y horarios, y ven como incluso los espacios de recreación son ocupados por estos grupos y se convierten en escenarios de homicidios y masacres.

Especialmente amenazado por este control territorial es el espacio escolar, donde se reproduce el clima de inseguridad, afectando negativamente al proceso educativo. Los miembros de los grupos se infiltran en los colegios, donde extorsionan a estudiantes y docentes, reclutan niños, niñas y adolescentes, venden droga y ejercen actividades de vigilancia y control. Las amenazas y la violencia están disparando las tasas de absentismo, deserción escolar e interrupción de la prestación del servicio educativo. En El Salvador 215 niños y niñas abandonaron la escuela cada día en el año 2015. Los datos de homicidios en docentes y estudiantes ilustran la violencia que sufre la comunidad educativa, mientras que el cierre y militarización de escuelas es un fenómeno extendido en los tres países.