En Siria, el número de niños y niñas que se enfrentan al hambre ha aumentado en 700.000 debido al impacto de la COVID-19 en la ya dañada economía del país. En los últimos seis meses, el número total de niños y niñas que sufren inseguridad alimentaria en Siria se ha incrementado situándose en más de 4,6 millones.

Después de casi diez años de conflicto y desplazamiento, un número sin precedentes de niños y niñas en Siria luchan ahora contra las crecientes tasas de malnutrición, según revela un nuevo informe de Save the Children. Aunque de momento se han confirmado 5.480 casos de la COVID-19, es muy probable que las cifras sean mucho más elevadas debido a la escasez de pruebas y de equipos de protección.

La COVID-19, los años de violencia y la pérdida masiva de empleos han devastado los medios de vida de millones de personas en Siria. La depreciación de la moneda y la reducción del flujo de mercancías han empeorado la situación, haciendo que los precios de los alimentos sean cada vez más altos. Según el Programa Mundial de Alimentos, una cesta de alimentos que pueda alimentar a una familia cuesta ahora más del doble con respecto a 2016.

Faten, de 10 años, vive en un campamento de desplazados en el noroeste de Siria: «No siempre comemos por la noche porque no hay pan… Cuando estábamos en casa podíamos comer lo que quisiéramos, pero aquí ya no podemos permitirnos comprar la comida que necesitamos», cuenta esta niña.

Las familias se han visto abocadas a dejar de comprar alimentos frescos como carne, fruta o verdura, y a depender del arroz o los cereales durante semanas. Una reciente encuesta realizada por Save the Children muestra que, durante casi tres meses, el 65% de los niños y las niñas sirios no han comido ninguna pieza de fruta. En el noreste de Siria, la situación es aún más grave con niños y niñas que llevan casi nueve meses sin comer fruta.

«Tengo dos hijos, uno de seis años y otro de dos meses. Su crecimiento se ha detenido mucho. Los llevé a muchos médicos, nos dieron medicinas, pero no han mejorado…Cada 15 días, gasto 7.000 libras (sirias) en medicinas» señala Rami, el padre de los pequeños.

La falta prolongada de alimentos nutritivos en las comidas diarias puede causar riesgos de por vida para los niños y las niñas, incluyendo el retraso en el crecimiento o la desnutrición crónica, que padecen medio millón de niños y niñas sirios (uno de cada ocho). «La desnutrición a la que se enfrentan los niños y niñas sirios es un problema al que apenas se presta atención» señala la directora de emergencias de Save the Children en Siria, Sonia Khush. «Se enfrentan a innumerables riesgos para su salud y su bienestar, como el retraso en su crecimiento, que limita su capacidad para luchar contra las enfermedades, aumenta la probabilidad de sufrir ansiedad y depresión, y conduce a un bajo rendimiento en la escuela. Toda una generación de niños y niñas se enfrenta al riesgo de la malnutrición, porque sus familias simplemente ya no pueden permitirse llevar un plato de comida a la mesa. Es necesario actuar ya antes de que su situación empeore» concluye Klush.

En el norte del país, Save the Children distribuye paquetes de alimentos con frutas y verduras frescas, destinados a las mujeres embarazadas y a las madres primerizas para que puedan combatir el hambre, y apoyar la alimentación de sus hijos/as. También proporciona asesoramiento dietético y realiza pruebas de detección de la malnutrición. La organización continúa así su trabajo acompañando a la infancia refugiada siria.

Para Save the Children es fundamental que la comunidad internacional realice esfuerzos conjuntos para mejorar la disponibilidad de alimentos. A pesar de que la situación está empeorando por la COVID-19 y por las repercusiones económicas del conflicto, las necesidades alimentarias reciben solo una financiación del 11%.

Save the Children también solicita un acceso humanitario sin restricciones y la reapertura de los cruces fronterizos, incluido el de Bab Al Salam, al norte de Alepo, que permanece cerrado desde julio, para poder aliviar el sufrimiento de las familias y de los niños y las niñas que siguen luchando en medio de una prolongada crisis económica y la propagación de la pandemia.

Fuente Save the Children