Con motivo del inicio de la Conferencia de Seguridad de Múnich —que reúne a los líderes mundiales para debatir sobre los problemas que afectan a la seguridad internacional—, Save the Children ha presentado hoy a nivel mundial su informe No a la guerra contra la infancia 2020: el género importa, que revela que las guerras y los conflictos armados se están intensificando y son cada vez más peligrosos para la infancia. La investigación revela que 415 millones de niños y niñas de todo el mundo viven en zonas de conflicto y que la infancia de estos países tiene mayores riesgos de sufrir violencia extrema. En 2005, la ONU empezó a registrar las seis violaciones graves contra las niñas y los niños que viven en zonas de conflicto -muerte y mutilación, reclutamiento, secuestro, violencia sexual, ataques contra escuelas y hospitales y negación del acceso a la ayuda humanitaria- y en 2018, último año disponible, el número de estos casos alcanzó un pico histórico.

Ghazal tiene 8 años y es de Afganistán. Tiene miedo de las bombas cada vez que va a la escuela. Stefanie Glinski / Save the Children

Si bien el número de menores en zonas de guerra ha disminuido en un año de 420 millones a 415 millones, el informe alerta de que los peores crímenes que pueden cometerse contra la infancia siguen en aumento. La cantidad de niños y niñas que viven en zonas de conflicto de alta intensidad (donde se producen más de 1.000 muertes al año relacionadas con los enfrentamientos) asciende a la alarmante cifra de 149 millones, más de 18 veces la población de niños y niñas que hay en España. Tan solo en 2018, la violencia relacionada con los conflictos hizo que, al menos, 12.125 niñas y niños resultaran muertos o heridos; una cifra un 13% superior a la del año anterior. Asimismo, la cantidad de ataques a escuelas y hospitales registrados también aumentó a 1.892, lo cual refleja un incremento interanual del 32%.

“Las guerras actuales son guerras contra la infancia. Es escalofriante que el mundo permanezca inmóvil mientras las niñas y los niños son blanco de ataques impunes. Desde 2005, se han registrado al menos 95.000 muertes o mutilaciones infantiles, decenas de miles de niños y niñas han sido secuestrados, y millones de ellos han visto vulnerado su acceso a la educación y a la atención sanitaria por el bombardeo de escuelas y hospitales”, señala Andrés Conde, director general de Save the Children.

El informe incluye por primera vez un análisis con enfoque de género sobre cómo las seis violaciones graves contra la infancia afectan de distinto modo a las niñas y los niños durante los conflictos. Así, por ejemplo, las niñas están mucho más expuestas que los niños a ser violadas o a ser víctimas de matrimonio infantil —el 87% de los casos de violencia sexual verificados involucraron a niñas—. Entre 2005 y finales de 2018, hubo casi 20.000 casos verificados de violencia sexual contra menores de edad, cifra que representa solo la punta del iceberg, dado que esta violencia muchas veces es empleada como táctica especialmente contra mujeres y niñas, es invisible debido a las barreras sociales y al estigma que supone para las víctimas. Por su parte, los niños están más expuestos a los asesinatos, las mutilaciones, los secuestros y los reclutamientos por parte de fuerzas o grupos armados al pasar más tiempo fuera del hogar. De los más de 2.500 niños y niñas secuestrados por los grupos armados en 2018, el 80% eran varones.

El análisis de Save the Children también señala que los 10 países en los que la infancia ha sido más castigada son Afganistán, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Irak, Mali, Nigeria, Somalia, Sudán del Sur, Siria y Yemen. De ellos, Siria aparece como un país particularmente peligroso, con un alto número de violaciones graves contra la infancia en un país en el que cerca del 99% de la población menor de edad vive en zonas afectadas por el conflicto. Afganistán, por su parte, presenta el mayor número de niños y niñas asesinados y mutilados, mientras que Somalia es el lugar donde más menores, en su mayoría niñas, sufre violencia sexual.

“Hay acoso y violaciones, por eso somos las más afectadas en los conflictos y las guerras”, explica Briska, de 22 años, en el contexto de elaboración del informe. La joven llegó a un campamento para personas desplazadas ubicado en la región del Kurdistán iraquí, después de huir del noreste de Siria con sus cinco hermanos menores. Dejaron atrás a su padre y a su madre, quienes deseaban que sus hijos pudieran escapar de la escalada del conflicto mientras ellos se quedaban a proteger su casa. “Aún me considero una niña, de modo que, ¿cómo podría yo asumir el rol de padre y madre? Ellos son mis hermanos, es muy difícil para mí. Incluso en un lugar seguro, como es el campamento, tenemos miedo”, añade Briska.

Amir también huyó de su hogar por culpa de la guerra. Tras un bombardeo que le produjo la amputación del brazo, Amir dejó Irak junto a su madre y sus hermanos para ir a un pueblo en el noreste de Siria. “El día que me hirieron, estaba con mi primo. De pronto, fuimos alcanzados por el fuego de artillería. Nos llevaron al hospital. Lo que más me aterró durante el conflicto fue mi herida”. Su madre, Asma, añade: “Amir estuvo sangrando tres horas, desde que lo recogieron hasta que llegó al hospital. Antes de las heridas, él estaba bien. Ahora, a veces, se cansa, llora y está dolorido. Desde que llegamos al campamento, y vio que ya no hay más bombardeos alrededor, ha vuelto a la escuela y dice que se siente mejor”.

Save the Children pide que niños y niñas, principales víctimas de los conflictos armados, participen en el diseño de la respuesta humanitaria, así como en la construcción y el mantenimiento de la paz. La organización también insiste en la importancia de aumentar la financiación para la protección y recuperación de la infancia víctima de las guerras. Según el informe de la ONG, en 2018 solo se gastó un promedio de menos de 3 euros al año en cada niño o niña que necesitaba ayuda humanitaria.

“Exigimos a los líderes mundiales que dejen de mirar para otro lado y que tomen medidas efectivas para proteger a la infancia durante los conflictos armados. Urge actuar contra aquellos grupos armados, fuerzas militares y Estados que incumplen las leyes y tratados internacionales que les obligan a proteger a los niños y niñas en estos contextos”, afirma Conde.

En España, Save the Children continúa con la campaña #NoALaGuerraContraLaInfancia para pedir al Gobierno que suspenda de manera inmediata las transferencias de armas a países en guerra. “Es muy probable que esas armas y equipos militares, que desde España vendemos a las partes implicadas en un conflicto, sean utilizados en ataques deliberados contra la infancia”, concluye Conde.