Rafael Silva

El pasado viernes 21 de diciembre el Consejo de Ministros se reunió en Barcelona (para negociar con Cataluña no hacía falta este “gesto”), y de cara a la galería, sólo existieron eso, gestos. Una buena predisposición al diálogo (“dentro de la Constitución” insistía el PSOE), y unas cuantas decisiones de menor calado, como la de añadir el nombre “Josep Tarradellas” al Aeropuerto de Barcelona-El Prat, “restituir la dignidad” mediante una “declaración de reparación” hacia el único presidente fusilado, Lluís Companys (no ha sido una anulación del Consejo de Guerra donde se ordena su fusilamiento, como lleva mucho tiempo reclamando ERC), y el anuncio de la dotación de 112 millones de euros para infraestructuras en Cataluña (que hacía tiempo que estaban presupuestadas). Decisiones, como decimos, absolutamente sin contenido. Cataluña lleva cerca de 10 años reclamando (entre sus competencias autonómicas) la gestión del Aeropuerto del Prat, y la respuesta a esta reclamación es darle otro nombre al Aeropuerto, además sin preguntar siquiera. Y mientras todo esto ocurría, la caverna política y mediática seguía insultando, poniendo el grito en el cielo, y tildando lo que se daba allí como una “humillación nacional” (Albert Rivera dixit) o una “traición a España” (Pablo Casado dixit).

Siguiendo el razonamiento de Ciudadanos, habrá que concluir que cada vez que Pedro Sánchez se reúna con un/a Presidente/a autonómico en su terreno, “lo está tratando como si fuera el Jefe de otro Estado”. Las idioteces se han contado estos días por cientos. Aparentemente, pues, nada salió del vacío simbolismo inútil, y de la oportuna foto. Porque por parte de Pedro Sánchez no hubo nada más. El Presidente del Gobierno continúa instalado en su “quiero pero no puedo”, en su “estoy sin estar”, y en su eterna “mano tendida”, pero demuestra claramente que no tiene propuesta concreta alguna para el problema político catalán, que afirmémoslo una vez más, no es “territorial” como se dice, sino “nacional”. Pedro Sánchez está en la encrucijada de ofrecer pasos adelante (sin ofrecerlos realmente) para contentar a unos, mientras tiene que lidiar con la caterva de dinosaurios que habitan su partido, y que le piden mano dura y que tire de 155. Exactamente lo mismo le piden desde la derecha y la extrema derecha, que cada día que pasa se dan más la mano.

Pero en el día de ayer hemos podido conocer que durante su reunión en el Palacio de Pedralbes, Quim Torra entregó a Pedro Sánchez un documento con 21 propuestas concretas para el diálogo, que, éstas sí, pueden suponer un intento de abrir una vía de diálogo seria y concreta entre los dos interlocutores. Así lo ha desvelado el President catalán tras la tradicional ofrenda floral a la tumba de Francesc Macià en el Cementerio de Montjüic, según fuentes de la Agencia EFE, donde además ha avanzado que votarán en contra de los PGE presentados por el Gobierno. Según Torra, la propuesta incluía puntos como la “desfranquización de España y el aislamiento del fascismo y la ultraderecha”, “la regeneración democrática y la ética política como fundamentos en los cuales basar la discusión política”, y como tercer punto, el documento aludía al “ejercicio del derecho a la autodeterminación, con una propuesta de una comisión internacional que medie entre los gobiernos de Cataluña y de España”. Entendemos que al no haber un conflicto armado entre Cataluña y el Estado Español, no debería hacer falta una Comisión Internacional de mediación, como sugiere Torra, pero estamos muy de acuerdo con el resto de los puntos.

Pero pusimos el título de este artículo entre signos de interrogación, queriendo decir con ello que dudamos de que estas propuestas del Govern catalán fructifiquen, y no porque no creamos en ellas, sino porque no estamos seguros de que la otra parte dialogante, el Gobierno español del PSOE, vaya a recibirlas con voluntad de negociación y acuerdo, habida cuenta de la existencia de algunos barones con tics decimonónicos, personajes que por sus ideas deberían tener prohibida la militancia en un partido que se autodenomina “socialista”. Los “chalecos amarillos” franceses han llevado a cabo un revuelo mayor en su país que los que aquí están acusados de “rebelión” y “sedición”. Como afirma Marc Almodóvar en su artículo para el medio El Salto Diario:Una sola tarde en los Campos Elíseos ha provocado más disturbios que siete años de procés”. Pero en fin, hasta ahí llega nuestra altura democrática. Y con presos políticos y exiliados es muy difícil negociar nada.

Y por otro lado, la posición que al menos públicamente mantiene el PSOE es de rechazo de todo cauce del diálogo que intente salirse un ápice de lo que la sacrosanta Constitución ordena. En Cataluña, más de un 80% de la población se muestra favorable a la celebración de un referéndum pactado con el Estado Español. Y como hemos afirmado muchas veces, la democracia tiene que ir por encima de la ley. Una cosa es que las leyes hayan de ser respetadas (puestos a respetar, el trío “constitucionalista” de PP-PSOE-C’s es el primero que no cumple la Constitución), y otra cosa muy distinta es que si existe un pueblo dentro del Estado que desea cualquier inclusión, adaptación, modificación o negociación de cualquier ley vigente, no se pueda negociar para intentar alcanzar un acuerdo. En eso consiste la democracia. En pactar, en dialogar, en negociar, en acordar y en respetar. Luego vendrán las leyes que recojan esos acuerdos.