Cynthia Duque Ordoñez

Una vez hemos aceptado que la esclavitud sexual se combate y no se legaliza, por aquello de respetar los valores constitucionales y no atentar contra la dignidad de la mujer, vamos a la raíz del problema: la demanda de carne fresca por parte de cuatro de cada diez hombres en España.

¿Por qué hablar del putero? Porque sin él se cae el imperialismo sexual que está detrás de cada mujer o niña prostituida. Porque el delito, sí, el delito de agredir sexualmente y de traficar con niñas y mujeres lo cometen ellos mayoritariamente. Es decir, ellos son los autores, pero el foco se posiciona en las víctimas, ¿por qué? Porque son las más vulnerables, las que tradicionalmente han estado estigmatizadas y ellos pueden ser nuestros novios, nuestros hermanos, nuestros padres, nuestros jefes, nuestros políticos o nuestros jueces. Los responsables, en último lugar, son hombres, no la hembra humana aislada y vulnerable que unos y otros usan a su antojo.

En primer lugar, la conducta de los puteros responde a una estructura, una estructura patriarcal fundada sobre los privilegios de los hombres sobre las mujeres en base a la cual, la mujer es un objeto de uso por parte de los hombres. La llegada de la Modernidad supone que el valor, antes “simbólico”, que tenía el uso del cuerpo humano de las hembras, suponga un valor monetario y de esta forma el Capitalismo mercantiliza el objeto (nosotras), que es consumible por el patriarcado, por el sujeto (los hombres).
El Capitalismo se sustenta aun hoy en los postulados de Adam Smith, uno de los cuales es que los seres humanos se caracterizan por un apetito insaciable de bienes y servicios, que aplicado al caso significa, ni más ni menos, que los hombres constantemente desean penetrar mujeres nuevas y cuantas más mejor. Esto que parece una brutalidad, debe ser expresado así, con un lenguaje sin subterfugios ni delicadezas, pues de lo contrario estaríamos suavizando la realidad y es justamente lo que el lobby de la prostitución y la pornografía quiere.

Adam Smith está más que superado, ya que su “método” no explica las crisis cíclicas del Capitalismo y por tanto, es erróneo. Sin embargo, el Capitalismo se niega a ver la verdad y la camufla. ¿Cómo lo hace? Construyendo, ayudado por el Patriarcado, masculinidades hegemónicas.

El ser humano a lo largo de su historia no se ha caracterizado hasta hace algunas décadas por ser consumista, de modo que difícilmente el consumismo forma parte de su naturaleza. Por eso se crea la necesidad artificial de consumir en el ser humano, en este caso la necesidad de consumir hembras humanas de acuerdo con el modelo de masculinidad hegemónica en la que se educa a los niños desde la cuna. Esta masculinidad se caracteriza por sostener el “derecho” de acceder al cuerpo de la hembra humana que no les desea, que actualizada por el capitalismo, supone el “derecho” a pagar por una mujer o niña que no les desea, pagar para usarlas cómo y cuándo quieran porque para eso pagan en términos misóginos.

Algunos dirán “ahh pero ¿por qué incluyes a las niñas?, eso es delito”. Les respondo lo más concisa que puedo ser: cuando un putero va a un puticlub no mira el carnet de identidad de la chica a la que penetra, lo único que mira es que sea joven y tenga un cuerpo firme, porque claro ya que paga quiere algo de buena calidad que no haya estado muy usado. Fuera de la prostitución ellos solo obtendrían sexo no deseado (por ellas) haciendo uso de la violencia. Sería una violación. Mientras que en la prostitución eluden su responsabilidad por la violencia ejercida mediante el pago de un precio. Tenemos un problema en este país si algunos piensan que son renunciables derechos humanos como la indemnidad física y mental o la dignidad.

La sociabilización masculina hoy pasa por aspectos prostituyentes. Los jóvenes compran lo que está a la venta sin ninguna reflexión porque además todo lo que saben de sexo lo han aprendido en esos escaparates de prostitución y violencia que es el porno mainstreaming.
El neoliberalismo sexual ha convertido el sexo en un objeto de consumo más, eludiendo su responsabilidad y el debate de la feminización de la pobreza, que la prostitución esconde, gracias a su fusión con el patriarcado, causante de la disociación religiosa entre la mujer buena (la esposa) y la mala (la puta). Una disociación que marca el modo de relacionarse que el hombre tiene con cada una de ellas.

La teoría liberal se fundamenta en la maximización de beneficios a través de la explotación de recursos, en este caso, los recursos son las mujeres y las niñas, y su explotador son aquellos empresarios que recientemente han fundado un sindicato para aprovechar un marco legal laxo sobre el que maximizar beneficios, a través de economías de escala (por ejemplo: intercambio de mujeres o compartir suministradores de mujeres) que llevan tiempo utilizando entre las sombras, pero que claro quieren que se haga con normalidad legal, ya que luego blanquear el dinero es costoso y además así se libran de la persecución esporádica de policía y justicia.

“Todo lo que se hizo en Alemania fue legal”, Martin Luther King.

Fijaos como funciona el sistema: por un lado se captan adolescentes en países empobrecidos, países que han sido antiguas colonias, que han sufrido guerras civiles, invasiones armadas, narco-Estados o son muy corruptos, es decir, la prostituta se capta de Estados fallidos, exactamente se la capta de las capas sociales más bajas, de entre las mujeres que carecen de medios productivos, por tanto también económicos y de esta forma, siguiendo con la esquemática capitalista, carece de poder y es el blanco perfecto debido a su vulnerabilidad para ser objeto de abuso. Es fácil captarlas porque los abusos que han sufrido en sus países de origen han conseguido deshumanizarlas al punto de que piensan que no valen nada y cualquier cosa va a ser mejor. Luego las traen a Occidente y aquí empieza su calvario. Acabo de sintetizar como funciona el Imperialismo y he aquí la estructura.

¿Cómo se interrelacionan las masculinidades (actores, individuos solos o agregados) con la estructura y con el objeto (mujeres y niñas mayormente, es decir, hembras humanas)?
La industria de la prostitución y el porno quieren que todos los hombres sean puteros.
Tras una evolución de las relaciones sexuales reproductivas, dominadas por los dogmas de fe, a una sexualidad en los años 70 donde lo que se perseguía era un fin lúdico entre hombres y mujeres libres e iguales, que se respetaban y cuidaban, llega el liberalismo sexual. El liberalismo sexual se construye sobre la enfatización de la hombría para convertirse en hombres valiosos dentro de la sociedad, una sociedad que les exige reafirmarse continuamente y donde los modelos estrella son “los vividores folladores”.

Por un lado el patriarcado promueve que los hombres continuamente demuestren serlo, para ello que hagan uso de esas mujeres “malas”, que previamente han disociado y otorgado caracteristicas que les permitan silenciar su conciencia por instrumentalizarlas. Y por otro lado, el Capitalismo se nutre de ese modelo de masculinidad dando a esa demanda -previa y artificialmente creada- un flujo de bienes que nunca para, proveniente de países empobrecidos con ilimitados con recursos -hembras jóvenes y pobres- que no echaran de menos, porque carecen de poder simbólico o valor dentro de su sociedad al carecer de medios de producción. De este modo se interrelaciona Patriarcado y Capital de manera diabólica con el fin último de beneficiarse unos en forma de poder -beneficio social- y otros de forma monetaria -beneficio económico- de la vulnerabilidad de las mujeres de países empobrecidos.

Después de siglos de luchas en las que muchas de nosotras han sido asesinadas por enfrentarse a los privilegios de los hombres y a la estructura patriarcal, tenemos en liza cómo abolir la prostitución, ya que es de obligado cumplimiento ético abolirla. La esclavitud de las más vulnerables no se consigue permitiendo operar en la economía “legal” a los explotadores, ni siquiera nuestra Constitución, que requiere de tantas reformas lo permitiría, pues la Ley se debe aplicar de manera subjetiva teniendo en cuenta los valores de la Constitución – libertad e igualdad real y efectiva – con el fin último de hacer posible una vida digna a cada ser humano que habite en España.

Abordado este tema, planteo, como muchas de mis compañeras hacen, aprovechando que el Gobierno se ha declarado abolicionista y partidario de una Ley integral contra la trata, algunas medidas necesarias para que hombres y mujeres seamos iguales y podamos vivir dignamente sin importar nuestro sexo o nuestro poder adquisitivo, porque nuestro valor político y social no lo marca la cantidad de dinero que tengamos en el Banco.

1. Educación: educación afectivo sexual desde edades tempranas.
2. Fomentar nuevos referentes entre los jóvenes.
3. Participación activa de los medios de manera rigurosa en cuestiones de esclavitud sexual, dejando a un lado el sensacionalismo, y ofreciendo entornos seguros y constructivos de debate e información útiles para la sociedad.
4. Formación multidisciplinar en feminismo para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, así como para todos los estamentos de la Administración y el Poder Judicial, con el fin de que se atienda a las víctimas de explotación sexual de manera adecuada.
5. Políticas públicas encaminadas a ayudar a las mujeres víctimas de prostitución, pues no solo requieren de salidas laborales y formación, sobre todo, ellas requieren de comprensión, de ayuda psicológica para recuperar su autoestima y de respeto.
6. Aumentar los medios humanos y económicos para perseguir y juzgar a los proxenetas, junto con una política criminal severa contra proxenetas y puteros.

Ha llegado la hora de estigmatizar al putero. Cada vez que golpeamos fuera de la prostitución al patriarcado, cada vez que unas pocas nos empoderamos un poquito más, muchos hombres entran en las estructuras prostituyentes sin que nosotras, ni el resto de la sociedad, los interpelemos. De otra manera no se explicaría que España juegue en el Liga de los países mejor considerados para el “turismo sexual” detrás de Brasil o Tailandia, porque la prostitución es muy accesible y diversificada para satisfacer demandas muy diferentes de distintos tipos de hombres.

Tradicionalmente ellos tienen más poder monetario y de género, es decir, nos encontramos en desventaja social, por consiguiente, solo tenemos una vía: convertirnos en activos del cambio social, empoderándonos a través del Feminismo para reclamar nuestro espacio político, social y económico, al tiempo que sentamos las bases de nuevas masculinidades.

Un putero no nace, se hace.