El proyecto “Rúcula”, situado en una pequeña finca experimental en Mula (Murcia) y comenzó sus andaduras hace 11 años, a partir de una plantación de naranjas que se ha ido transformando en un “vergel” con una pequeña casa construida en consonancia con el entorno. Su propietario ha hecho y hace un gran esfuerzo en crear un seto perimetral de lo más diverso y estratificado, donde encontramos especies mediterráneas y otras alóctonas que o bien han sido plantada por él o han aparecido espontáneamente. El Proyecto Rúcula fue escogido por la Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE) como lugar para iniciar las acciones de aprendizaje colectivo en base a Experiencias Agroecológicas y realizar los talleres de elaboración de compost tipo Bocashi y la práctica del diagnóstico de finca de la acción de Aprendizaje Colectivo.

La finca cuenta con una zona de huerto para autoconsumo, un bosque comestible con una gran diversidad de árboles frutales y ornamentales de variedades locales y foráneas y una zona de cultivo experimental donde ahora Carlet tiene plantado centeno, trébol y esparceta. También hay un pequeño invernadero, un domo, una yurta, un almacén y una explanada donde elabora el compost de bocashi, biofertilizantes y caldos minerales. La presencia de especies alóctonas abrió el debate entre las personas asistentes de si se debe o no mantener estas especies sean o no invasoras. Lo cierto es que, debido o no al cambio climático, algunas especies propias del lugar no crecen con la vigorosidad con la que lo hacía antes, mientras que otras especies foráneas parecen encontrar unas condiciones idóneas para su desarrollo.

El propietario se apoya en la REPESEI (Red de Permacultura de Sureste Ibérico) y hace hincapié en la importancia de la salud del suelo para la de sus cultivos y de quienes consumen sus cosechas. “El capital es nuestro suelo”. Nos mostraron diferentes cromatografías de suelo que reflejaban el empobrecimiento del ecosistema edáfico en materia orgánica, microbiología y minerales. No mostraron ninguna cromatografía óptima de todas las que llevan hechas en España y es alarmante la situación. Carlet, que lleva desde 2007 observando la evolución del suelo de su finca sin labrarla, dice que la incorporación de Bocashi lo ha enriquecido enormemente y esto se refleja en todo lo que planta. El bosque comestible se compone de higueras, algarrobos, ciruelos, perales, albaricoqueros, manzanos, caquis, membrilleros, parras, limoneros, melocotoneros, pistacheros, y otros árboles y arbustos no frutales como el quejigo, pino canario, álamo, casuarina, baladre, lentisco, bambú, salao, tipuanas y todo un abanico de herbáceas que tapizan el suelo en primavera y muchas de ellas sucumben ahora al calor estival.

Los/as participantes del taller visitaron la finca para realizar un diagnóstico (aprendizaje colectivo), es decir, a partir del estudio de la experiencia del proyecto “Rúcula” pudieron desarrollar conjuntamente sus habilidades agroecológicas y fortalecer sus conocimientos teóricos mediante experiencias prácticas reales. Este modelo de aprendizaje innovador, se basa también en la práctica por lo que, los/as participantes realizaron un taller de elaboración de compost en la huerta de la finca. “Este tipo de compost aporta múltiples beneficios al suelo así como a la fertilización de las plantas. Aprovechamos recursos locales y a su vez, nos ayuda a producir alimentos de calidad. Es fácil, rápido y económico”.

Esta formación se desarrolla en el marco del proyecto AgroecoInnova – Formación agroecológica para el empleo rural del Programa empleaverde de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA) con cofinanciación del Fondo Social Europeo (FSE), que tiene como objetivo contribuir a mejorar la cualificación de los desempleados/as en técnicas de producción agraria ecológica para adecuar su perfil laboral a las necesidades actuales del sector de la producción ecológica.

Deja un comentario