Altamarea Ediciones define que en su colección Tascabili publica “Panfletos, epistolarios, relatos, teatro, novela breve. Una colección de pequeño formato que reúne obras atrevidas que llegan desde la periferia del canon literario”. En esa proclama literaria han publicado libros de Jane Austen, Paul Lafargue, Alda Merini, María Montessori, Andrea Camilleri y el más reciente de Edgar Borges.

¿Micro narraciones que cuentan una historia? ¿Una sinfonía de aforismos? ¿Poesía pura y dura? Ser gato es un artefacto literario que trata de un prisionero que imagina la libertad a través de la imagen de un gato.  Esta obra tiene que ver con el límite de los espacios y nuestra propia ubicación en ellos.

Tener cuatro patas, cinco almohadillas en cada una de ellas, ojos vigilantes, siete vidas, reflejos fulmíneos. Ser gato, en definitiva, ser sigiloso e intrépido, prepararse para descubrir que en realidad la nada lo es todo. El lirismo de esta original oda gatuna es un llamamiento a la libertad, el desencadenante de una alegoría que analiza lo humano a través de lo felino y reflexiona sobre la vida misma, en la que no queda más que esperar, lamerse las heridas y, en ocasiones, sacar las garras. Todos somos gatos a la espera de dar un brinco al vacío, de cazar una presa, de un lugar seguro al que llamar hogar y de una mano que nos acaricie.

Ser gato, como la propia esencia de la colección donde se publica, es un libro híbrido. El escritor se mete en la piel de un prisionero (o el rol que el lector quiera imaginar) para pensar su fuga: hazaña que, según él, solo sería posible lograr si fuera el gato que se asoma a su ventana.

Ser gato tiene particularidades tanto en la temática como en la forma. Cada página de esta breve pero intensa obra contiene siete micro narraciones como registro de la cantidad de vidas del referido felino. Entre la luz y la sombra, el lector se hallará dentro de una obra difícil de clasificar. A ratos libera juegos y en otros momentos angustia, cuenta con una especial sonoridad que le otorga una dimensión clásica, como si de una épica existencial se tratara.

El libro cuenta con ilustraciones de la artista santanderina Fría Aguilar. He aquí otra lectura de la obra. Textos e ilustraciones dialogan en un constante movimiento. Fría Aguilar define los motivos de la historia bajo los títulos: “Adicción”, “Desamor”, “Enfermedad”, “Pobreza”, “Rutina”, “Soledad”, “Tristeza” y “Violencia”.  Es virtud de Ser gato no dar tregua. El libro, como un gato o quizá un prisionero, busca sosiego en medio de la imperiosa necesidad de lograr el salto final.


Edgar Borges (1966) nació en Caracas, Venezuela, y desde el año 2007 reside en España. Entre sus novelas, marcadas por una original y profunda reelaboración de la realidad y elogiadas por escritores como el premio Nobel Peter Handke, Enrique Vila-Matas y José María Merino, destacan ¿Quién mató a mi madre?, La contemplación, Crónicas de bar, El hombre no mediático que leía a Peter Handke y Enjambres.

Fría Aguilar comienza su actividad creativa en 2011 con exposiciones basadas en acuarela y collage. Tras formar parte del proyecto colectivo «Otra manera de contar», en el que cada pintura describe un cuento tradicional, surge la inquietud por el relato a través del dibujo y decide formarse en álbum ilustrado. Además, profundiza en distintas técnicas artísticas, desde la fotografía hasta el monotipo, pasando por el collage y la cerámica, en busca de una visión más amplia sobre la composición y el color. Finalmente elige el soporte informático para sus trabajos, herramienta que le facilita recortar, multiplicar y recolocar, hilvanando diversidad de «piezas» hasta dar con la correcta. Se define a sí misma como costurera digital y no como dibujante. Su más reciente libro se titula Historias de hermanos, con textos e ilustraciones de su autoría.

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