Por Javier Cortines

La bailarina Sharmini Tharmaratnam (1965) -de origen holandés y tamil (Sri Lanka) actúa el próximo domingo, 3 de noviembre, en el Teatro Real Carlos III de Aranjuez con su espectáculo multidisciplinario “Mudar”, lo que hace alusión a este mundo cambiante en el que es necesario romper con el egocentrismo y pasar de “la mismidad” (el yo) a “la otredad” (el otro) para acabar con el racismo y dar la bienvenida a un nuevo ser humano.

“En esta actuación de danza-teatro hablo de cosas de mi vida (pero desde una perspectiva) que pueden ser de tu existencia o de personas que viven al otro lado del mundo”, dijo Sharmini a este escriba, quien conoció a la bailarina hace décadas en Madrid cuando se abría camino en la jungla de la capital, donde rápidamente se etiquetaba a la gente por “su color de piel”, origen o procedencia social.

La interpretación de Sharmini irá sincronizada con un montaje audiovisual del artista polaco Krzysztof Durajczyk (1967), cuyas imágenes y banda sonora acompañan la escenografía y danza de la protagonista o viceversa.

“Todavía existen prejuicios sobre nuestro arte cuando tenemos nombres fuera de lo común. ¿Hasta qué punto nos hacemos cómplices con los estigmas con los que nos marca la gente? A veces juego con la ‘simbología de la poesía verdadera para adornar la cruda realidad de ser uno mismo´”, me explica Sharmini.

Desde su juventud, Sharmini explora, a través de la danza, las artes marciales indias, el flamenco, el yoga, la mitología hindú y de otros países, “la identidad multicultural de esta sociedad mutante” en el que “el primer mundo» se niega a aceptar “al otro” como a un igual.

Ella, rompedora de cadenas y fronteras, es el paradigma de la mujer luchadora del siglo XXI. Viviendo en el destierro “tiene muchas patrias”. Y, gracias a su amplitud de miras, y a su constante bucear dentro y fuera de sí misma, es capaz de transformarse en todo: Lo mismo se “convierte” en un insecto que en un elefante. Ella, en el escenario, solo tiene los límites que pone la imaginación “en un plano infinito”.

Lo mismo la vemos un día convertida en Radha, la eterna amante de Krishna, que dando un salto al futuro arriesgándose a hacer un trabajo surrealista, innovador, pionero, en lo que es posible fusionar lo milenario con conceptos de futuro todavía no pensados pero que se intuyen.

En “Mudar” Sharmini expresa la realidad cambiante, tal y como hizo en otra de sus obras “Se alquila un Estado”, y la angustia de aquellos que necesitan registrarte, ponerte un  nombre, etiquetarte, encasillarte, de aquellos que no aceptan la “existencia de espíritus libres” que no pertenecen a ningún grupo o que, quizás, “viven en otros mundos”, otros universos conceptuales.

Hablando de su capacidad “antropomorfista” (ya hemos dicho que puede representar a cualquier insecto, como las libélulas, hormigas, etc.), Sharmini dice: “Me pregunto si soy taoísta o dadaísta…pero también puedo llegar a ser “un tomate”.

Sharmini siempre que puede viaja al norte de India, donde perfecciona con los mejores maestros del país la danza Khatak (origen del flamenco), que viene practicando desde hace décadas en escenarios nacionales e internacionales.

Esta artista, tan imprescindible como sabia e inclasificable, ha sido distinguida con numerosos premios, entre ellos el Award Naatyassardad, en 2012, en reconocimiento de su labor como embajadora del Kathak en el mundo.

Los que deseen asistir al espectáculo pueden comprar la entrada pinchando en este enlace Sharmini Mudar ¡Cuidado que se agotan las localidades!

Nota: Sharmini volverá a interpretar “Mudar” el próximo viernes, 29 de noviembre, en el Teatro de Tres Cantos (Madrid).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog:nilo-homerico.es/reciente-publicacion., en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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