Sara Arteche

“Los hombres desaprueban, por lo común, lo que son incapaces de ejecutar.”

Reina Cristina de Suecia

 

Las generaciones más arcaicas siempre han menospreciado a las sociedades más jóvenes. Aristóteles ya decía que “la juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores y chismea mientras debería trabajar. Contradicen a sus padres y fanfarronean en la sociedad.” Esta afirmación lleva repitiéndose reiteradamente desde hace siglos. Los jóvenes siempre han estado bajo la atenta mirada de los más mayores, que afirman que estos ya no aprecian las viejas costumbres y no saben los que les conviene. Sin embargo, la sociedad ha ido evolucionando cada vez más rápido y se ha adaptado a una comunidad que no apuesta por ellos y tampoco les aporta las ayudas necesarias para poder hacerlo. 

Pero han sabido aprovechar las nuevas herramientas en una etapa donde la situación laboral juvenil era prácticamente inviable. Se han familiarizado con el entorno digital, soporte donde los jóvenes se encuentran más cómodos, y han conseguido aportar una rentabilidad a sus aficiones. Así, han nacido los youtubers, los blogueros, los cómicos y los influencers. 

Ya no hace falta saber cantar, porque buscan otras formas para que su canción triunfe. Ya no hace falta saber hablar en público, porque los argumentos son mucho más completos cuando se explican a través de una cámara desde la tranquilidad del hogar. Ya no hace falta levantarse a las seis de la mañana y trabajar durante doce horas, porque han creado nuevos oficios donde pueden distribuir sus tareas según mejor les convenga. Esto no supone una bajada en la calidad del producto, simplemente una nueva forma de concebir su misión laboral. Como las generaciones adultas no les han dejado trabajar en los oficios tradicionales, se han creado los suyos propios.  

También han traído una concepción más liberal de todo lo que nos rodea. “Vive y deja vivir” dice un antiguo dicho, y parece que han sido los primeros en poner en práctica estas palabras. Los programas con mayor representación juvenil están suponiendo una concepción más liberal de todo lo que nos rodea: La nueva edición de Operación Triunfo ha dejado de ser solo un reality para convertirse en un reflejo de valores como la igualdad, la normalización de la belleza real, la solidaridad y la visibilización de la salud mental. Los influencers, generalmente de una edad aproximada entre los 18 y los 28 años, denuncian cualquier abuso que se cometa a través de las redes sociales, plataformas plagadas de adolescentes que buscan una influencia que seguir.  

Horacio no quedó satisfecho y volvió a mencionar a los jóvenes en su obra Odas: “La edad de nuestros padres, peor que la de nuestros abuelos, nos dio el ser a nosotros, aún más perversos, que a la vez engendraremos una progenie más corrompida.” Es un ejemplo claro de la incapacidad de conformidad de la sociedad, que solo ve la paja en el ojo ajeno, y no ve la viga en el suyo. 

Los jóvenes se han sabido adaptar a su entorno, cosa que los más adultos no han hecho, y eso ha supuesto una cada vez mayor representación de las nuevas generaciones. De los 2,208 multimillonarios en la lista de Forbes de este año, 63 miembros tienen menos de 40 años. No es una cifra excesivamente alta, pero sí que refleja a una juventud que está consiguiendo un mayor éxito y busca destacar en todos los ámbitos posibles. Pero estas nuevas generaciones que tan cohibidos se han visto por los adultos también criticarán a los siguientes grupos generacionales, y estos a los siguientes.

Y es que la sociedad es así.  

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Estudiante de periodismo. Todo juicio es válido mientras esté bien argumentado. Entre capítulo y capítulo de mi serie favorita, intento luchar para que el mundo sea un lugar mejor.

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