Centenares de personas salieron hoy un día mas a las calles de Argel para protestar contra el régimen del presidente, Abdelaziz Bouteflika, en medio de una huelga general que tiene un desigual seguimiento.

Las protestas se producen entre indicios que apuntan a que el mandatario, de 82 años y gravemente enfermo, puede regresar en las próximas horas al país tras dos semanas ingresado en un hospital de Ginebra, sin que se sepa cual es realmente su estado de salud.

La cadena de televisión privada argelina «Ennahar» ha confirmado que un avión medicalizado de las Fuerzas Áreas argelinas, como el que trasladó a Bouteflika el pasado 24 de febrero, ha aterrizado en el aeropuerto de Ginebra y que todo apunta a que «el presidente regresa hoy al país».

Además, se ha desplegado un amplio dispositivo de seguridad en la carretera que conduce al Palacio de Zeralda, en el extrarradio de Argel, una de las residencias que utiliza habitualmente el jefe del estado argelino, informan medios locales.

Las protestas contra la opción de que Bouteflika se presentara a la reelección para un quinto mandato en las presidenciales del próximo 22 de abril arrancaron hace varios meses en las gradas de los campos de fútbol.

Y saltaron a las calles del país el pasado 22 de febrero, dos días antes de que fuera trasladado y días antes de que el régimen suspendiera la inauguración del nuevo aeropuerto de Argel, a la que asistiría el presidente.

Desde entonces han crecido cada viernes y han mutado para pasar de ser una protesta contra el quinto mandato a convertirse en un clamor popular de millones de personas contra la corrupción de un régimen dominado por el Ejército y los servicios secretos desde la independencia de Francia en 1962.

La presión en la calle la mantenían a diario los estudiantes, una presión que el régimen ha decidido reducir adelantando diez días las vacaciones universitarias, que han comenzado hoy en todos los rincones del país.

En la presidencia desde 1999, Bouteflika sufrió en 2013 un «derrame cerebral» que mermó sus facultades físicas y que ya le impidió hacer campaña en las presidenciales del año siguiente, pero no ganar los comicios.

Desde entonces no habla en público, se mueve en una silla de ruedas empujada por su hermano Said y sus apariciones públicas son inusuales, reducidas a las imágenes grabadas por la cadena estatal con motivo del consejo de ministro o de visitas de altos dignatarios extranjeros.

Hace un lustro que no viaja al extranjero y en los dos últimos años ha cancelado en el último momento por «recaídas de salud» reuniones ya confirmadas con altos responsables como la canciller alemana, Angela Merkel, o el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamad bin Salmán.