Por Javier Cortines

En la antigua China se decía que, cuando el Cielo estaba contento, todo le salía bien al Emperador, pero que cuando el monarca erraba “trayendo conflictos a su pueblo”, las divinidades se enfadaban porque se había roto “la armonía”, y aparecían señales de “mal agüero” que podrían ser el anuncio de un cambio histórico o una revolución.

En el desfile del 12 de octubre todo estaba preparado para que la imponente bandera, símbolo de la unidad de España, abriera sus vaginas al viento dejando “a todo quisqui” con la boca abierta. Los meteorólogos y los genios habían dicho que era el día perfecto para el espectacular despliegue, que sería visto por “500 millones de hispanohablantes”.

Intervino el azar. El paracaidista, que parecía un águila que tocaba con sus alas medio mundo, se estrelló contra la farola y quedó allí, estampado. Como un pobre Robinson -de esos que pintaba Forges- abrazado a la única palmera de un diminuto atolón del “mare procelosum”. Solo se veían aletas de tiburones.

Mientras los minutos caían, el paracaidista, a quien nadie quería mirar, se asemejaba a un “aprendiz de spiderman” abrazado a una luciérgana metálica, a la que se aferraba como una lapa. Era como ver a Ícaro y a media España (la del PP, VOX y C’s) cubriéndose el rostro con un “hiyab” para ocultar la mueca del Día de la Hispanidad.

Las malas lenguas dicen que tronaron carcajadas en Cataluña, partes del país vasco y en otras “comunidades sospechosas”. Tanto la gente joven (como la de otras edades) que está harta de “los símbolos”, esos que sirven para enviar a los pueblos a las guerras, también se tomaron el aleteo a pitorreo. En vez de tanta patria, banderas, himnos, iglesias, se necesita y en cantidades industriales “más cemento inteligente”.

¿Qué difícil es mutar el caos en armonía? Eso requiere alta visión de conjunto. Ojos de mosca para tener una panorámica global. Es necesario que nuestros gobernantes y sus aliados USA abran la mente y los ojos para que “se haga la luz”. El otro día Donald Trump dijo la sentencia más inteligente, jamás pronunciada por un presidente estadounidense: “Nunca debimos implicarnos en los asuntos del mundo musulmán”. Eso hubiera evitado, entre otras cosas, masacres sin fin y éxodos bíblicos.

Me cuentan que las redes del Extremo Oriente están llenas de imágenes del paracaidista del 12 de octubre. Un wasap dice: “En España todo es posible”.

Los chinos celebraron el pasado primero de octubre el 70 aniversario de la Fundación de la República Popular (1949), un desfile por las principales calles de Pekín en el que participaron 15.000 soldados y 16.000 aviones. No se ha informado de un solo percance durante ese descomunal despliegue de hombres, mujeres y artefactos militares.

Algunos miembros del Partido Comunista Chino (PCch) y sobre todo los jefes de los disciplinados soldaditos de plomo, desean asesorar a España en la parada del 2020 para que no vuelva a hacer el ridículo en todo el mundo. ¡Quizás no haga falta! Cualquier día aparece en el horizonte un cuervo blanco y acaba con todos los valores y creencias de una época.

El pajarraco albino giraría con la danza de Shiva, ese dios hindú que pulveriza con sus movimientos todo aquello que ya ha caducado dando paso a Brahma, la divinidad creadora que anuncia una nueva Era con conceptos de futuro todavía no pensados.

“Podréis pensar que soy un soñador, pero no soy el único” decía John Lennon. Las patrias, banderas, fronteras, las religiones monoteístas, “son patrimonio de los señores feudales”. En medio de tanto ruido todavía resuena el eco de aquel mayo que reivindicaba, y con toda la razón del mundo, el paso de “la imaginación al poder”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Retrato de Javier Cortines realizado por el pintor Eduardo Anievas. Este escriba es el autor de la trilogía "El Robot que amaba a Platón", obra que no gusta nada a las editoriales consagradas al dios tragaperras por su espíritu transgresor y que se puede leer gratis en su blog:nilo-homerico.es/reciente-publicacion., en cuya portada se puede escuchar, además, la canción de Luis Eduardo Aute "Hafa Café".

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