Cuando las empresas son más poderosas que los estados - Papel

José María Robles, de El Mundo, me llamó para hablar sobre el poder de las grandes compañías del llamado trillion dollar club, y de cómo estaban progresivamente sustituyendo algunos de los proyectos, como la investigación en medicina o los viajes espaciales, que antes eran llevadas a cabo por los estados. El artículo, titulado «Empresas contra estados: la lucha por el dominio mundial que ha azuzado la pandemia» (pdf), se publicó el pasado domingo.

La idea de una corporatocracia, que suele identificarse con lo que yo llamo «la hipótesis Blade Runner«, derivada del escenario dibujado en la película de Ridley Scott en el que la todopoderosa Tyrell Corporation fabricaba los humanos sintéticos, o «replicantes», para trabajar en las colonias espaciales, es una figura potente utilizada desde hace algunos años para referirnos al progresivo incremento de valor de algunas compañías, generalmente acompañada de un fuerte incremento de su inversión en lobbies para manipular a los gobiernos de los países en los que mantienen actividades. En realidad, buena parte del poder de los gobiernos ha estado siempre asentado en actividades desarrolladas por compañías privadas subcontratadas, como en el caso de la exploración espacial (la NASA siempre fue, en realidad, un gran subcontratista), pero a medida que la tecnología ha ido posibilitando que las ventajas de ejercer un monopolio se cosechen más y más rápido, ha surgido el problema de cómo limitar el poder de esos grandes agentes económicos, brutalmente hipertrofiado durante décadas de legislaciones blandas, y ponerlo bajo control.

Los próximos años dirán mucho de hasta qué punto esa batalla por el control cae de un lado o del otro. En este momento, buena parte del resultado depende de que la administración Biden sea capaz de ejecutar sus planes o, por el contrario, estos terminen siendo prácticamente declaraciones de intenciones unidas a algunos episodios puntuales vendidos como victorias pírricas. Hasta el momento, hemos visto situar a grandes académicos y expertos en legislación antimonopolio en puestos de responsabilidad, pero todavía no hemos visto demasiadas consecuencias derivadas de ello (y sí intentos de recusación por parte de compañías como Amazon o Facebook). Aunque es posible que sea pronto aún, si lo siguiente que vemos son dimisiones de esas figuras o derrotas judiciales en las causas abiertas contra esas grandes corporaciones, sabremos que la cosa va mal.


Enrique Dans

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