Hace unos días volvía a saltar la polémica en torno al denominado sharenting o, lo que es lo mismo, la sobreexposición de un menor por parte de un progenitor. En este caso, el debate se ha reabierto a partir de la publicación de un vídeo en el perfil de Instagram de la empresaria y presentadora del concurso televisivo Máster Chef Samantha Vallejo-Nágera en el que mostraba la reacción de uno de sus hijos, un menor con Síndrome de Down, al ser reprendido por ver la televisión fuera de los horarios pautados.

La afectación emocional y la especial vulnerabilidad del niño se han convertido en argumentos para criticar la actuación de la madre, que ha terminado retirando el vídeo de su cuenta y pidiendo disculpas.

La protección legal de los menores en redes sociales

Nuestro ordenamiento jurídico y legal ofrece una especial protección a los menores y al desarrollo de sus derechos. Este marco normativo ha evolucionado para incorporar los nuevos retos que plantea el entorno cambiante propio de la comunicación digital.

Así, la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales menciona repetidamente esta especial atención a los menores, incluyendo un artículo específico, el 84, sobre su protección en Internet. Las propias plataformas o redes sociales se encuentran en esa encrucijada en la que se ven en la necesidad de mantener su modelo de negocio y cumplir con la ley, al tiempo que ofrecen soluciones y guías a padres y tutores. Se puede discutir si su motivación es ética o reputacional.

En este contexto no hay que olvidar que la propia norma legal reconoce la responsabilidad de progenitores o representantes legales en el uso de Internet por parte de los menores. Por ello, resulta lógico entender que se cuestione el uso que estas mismas personas puedan hacer de la imagen de los niños como puede ocurrir, por ejemplo, en redes sociales. Una sobreexposición que puede tener consecuencias a corto o largo plazo en el desarrollo de la personalidad del menor.

Es aquí donde se enmarca la polémica sobre el vídeo que compartió Samantha Vallejo-Nágera, donde muestra una escena en el que regaña a uno de sus hijos. Por tanto, se enmarcaría en una vivencia propia del ámbito más familiar.

El poder del like y del comentario

Las críticas vertidas hacia esta actuación han venido por parte de usuarios anónimos, pero también por parte de otros rostros conocidos que han considerado y juzgado tanto la actuación de la madre en la propia reprimenda como el hecho de compartir ese momento tan íntimo en el que niño reacciona llorando.

Pero lo cierto es que este no es el único contenido que Vallejo-Nágera ha publicado en su cuenta mostrando el día a día o situaciones cotidianas de su hijo. Estas grabaciones no pasan desapercibida por los usuarios de la red social: algunos de ellos acumulan incluso miles de reacciones.

En esta ocasión, la presión que han generado los comentarios ha llevado a su madre a subir un nuevo vídeo en el que pide disculpas y explica por qué publica dichos contenidos. Entre las razones que da habla de que ayuda “a dar visibilidad” al síndrome de Down, a las familias y a los niños afectados.

En su argumentario, faltan palabras que hagan referencia a la protección de la intimidad de su hijo, aunque sí pide disculpas a quién le haya dolido verlo o que haya considerado que era inapropiado. En paralelo, ha eliminado la regañina pero mantiene en su perfil el resto de imágenes en las que muestra al niño. Hay que decir que esos vídeos acumulan miles de likes y comentarios, muchos favorables.

En este sentido, no podemos olvidar el poder de esas interacciones que generan un refuerzo positivo con respecto a la actuación de la madre. Esta puede llegar así a percibir que está contribuyendo a esa “visibilización” de la que hablaba y, por tanto, desarrollando una labor social.

Narrativas y formas de visibilización

En Internet nos encontramos diferentes maneras de narrar. El selfi o la autograbación se han convertido en una tendencia que forma ya parte de nuestra cultura visual. Sin embargo, no debemos olvidar que nos hemos acostumbrado a ver el singular encuadre que generan debido a la escasa distancia que suele haber entre la lente y el sujeto que se enfoca, que es además el artífice de la instantánea.

En el caso de los vídeos que la popular chef suele compartir, nos encontramos con otra forma de enmarcar y, por tanto, con otro estilo de mostrar la secuencia. El objetivo se centra en el hijo y es la madre, que también interactúa o participa en el diálogo, la que graba la escena cámara en mano sin mostrarse muchas veces ante la lente.

Esta técnica se ha usado también en el ámbito cinematográfico y genera una sensación de realismo, que no hay confundir con naturalidad. Al niño se le muestra el dispositivo móvil delante y la madre, por su parte, es plenamente consciente de que está grabando e incluso tiene presente que puede ser luego difundido de manera pública. Por tanto, la paradoja se presenta al poner en la balanza normalidad/cotidianeidad con esta forma de narrar.

Las redes sociales pueden contribuir a la labor social de muchas causas. La forma de narrar que promueven resulta crucial para avanzar de manera positiva. Existen muchas maneras de visibilizar en los social media determinadas situaciones que requieren respeto y que luchan por la igualdad de derechos.

Para que esto se produzca de forma correcta (es decir, teniendo en cuenta los derechos y libertades de los implicados con el fin de evitarles posibles daños, aunque no sean intencionados), resulta evidente la necesidad de una educación mediática que alcance a la ciudadanía en general. Eso ayudará al uso adecuado de las plataformas disponibles.

Silvia Martínez Martínez – The Conversation

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