El 27 de agosto de 2019, mi amiga y yo fuimos a ver un piso compartido de alquiler para estudiantes en Sabadell Nord (Barcelona-Catalunya). Cuando nos encontramos con el comercial de la agencia CEDOS-SABADELL en la dirección del que iba a ser nuestro futuro piso, nos dijo que se había dejado las llaves dentro de la moto —vehículo con el que se suele desplazar— y que las circunstancias meteorológicas le obligaban a llegar al lugar en coche. Frente a esto, nos propuso que fuéramos a tomar un café mientras él llamaba al vecino o a otra persona que tuviera la llave pero que si no, no podríamos visitar el piso. No nos dio opción de visitarlo otro día o en otra ocasión. También nos insistió con el problema contractual que posiblemente podríamos tener ya que, según él, nuestra estancia no era lo acordado con los que iban a ser nuestros futuros compañeros de piso. Pero eso, precisamente, no era el tema ni el problema principal, dado que se podía haber hablado todo.

Mi amiga y yo nos sorprendimos ya que, anteriormente, el comercial también nos había informado que se retrasaría de la hora acordada a causa de un accidente en la autopista. Nos sorprendimos por la poca profesionalidad, por la indiferencia que mostraba hacia nuestro desplazamiento de Girona a Sabadell, única y exclusivamente para visitar el piso y empezar las gestiones burocráticas del alquiler. Sospechábamos que posiblemente estábamos delante de una discriminación en un contrato de alquiler de un piso de estudiantes, sobretodo yo. Pero no queríamos ser tan básicas y pensar tal cosa porque podía ser todo verdad. Pero, como he dicho, ¡mi instinto no me falló!

“Estaba asimilando lo que pasaba. Estaba delante de algo real, que pasa a menudo, que está pasando en este país”

Estuvimos una hora más en las calles de Sabadell Nord hasta que recibimos un mensaje del comercial diciendo lo mismo: “Bona tarda, no tinc forma de parlar amb el veí. Ho sento.” (Buenas tardes, no tengo forma de hablar con el vecino. Lo siento). Sin más. Ni llaves, ni piso. Sobretodo, ninguna opción de visitarlo otro día. Ahí mi furia y mis nervios me llevaron a llamar a los que serían nuestros futuros compañeros de piso, explicándoles lo que estaba pasando y que posiblemente estábamos frente un caso de discriminación y racismo.

Uno de ellos llamó al comercial para aclarar la situación y acordar otro día. ¡Y allí estábamos! El comercial le dijo a nuestro futuro compañero que había visto que una de las dos era de fuera y que la propietaria del piso “no alquilaba a gente que no era de aquí”, “sólo a gente blanca”. De las dos, yo era la negra y, evidentemente, no cumplía el capricho de la propietaria, “ser blanca”. Pero, no sólo fue eso. Tanto la propietaria como el comercial se atrevieron a decretar que tampoco era de aquí, así que tampoco cumplía el segundo capricho de la propietaria, ser “de aquí”. Ni siquiera alegaron el problema contractual que posiblemente nos dificultaría el alquiler. ¡Nada de eso! El problema era que yo era negra y que, además, no era de aquí.

“Ni voy a cambiar mi color de piel, ni voy a renunciar a de dónde vengo, ni voy a bajar la cabeza, ni voy a dejar que este sistema me perjudique a mi, a mi comunidad y a toda esa gente que no sea blanca y se la decrete no ser de aquí”

Estaba asimilando lo que pasaba. Estaba delante de algo real, que pasa a menudo, que está pasando en este país. Ni voy a cambiar mi color de piel, ni voy a renunciar a de dónde vengo, ni voy a bajar la cabeza, ni voy a dejar que este sistema me perjudique a mi, a mi comunidad y a toda esa gente que no sea blanca y se la decrete no ser de aquí. Frente a esto, no me va a consolar la solidaridad, muchas veces hipócrita, con la que se juega en las instituciones y administraciones. Tampoco mi trayectoria de vida en Catalunya. Lo que me va a consolar de todo esto que ha pasado es que cada día de mi vida he tenido presente de dónde vengo y quién soy. Ahora más que nunca.

Comercial, tú y tu propietaria, “la que manda” como me dijiste, os podéis quedar el piso. Con el beneficio económico que obtendréis, os aconsejo viajar, viajar mucho. Enriquecer la mente. Y la humanidad, si algo tenéis de eso, también satisface mucho en el resultado del trabajo hecho.

Este testimonio ha sido enviado por Kumba a EsRacismo

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