La realidad mancha. Y si es en México, más, mucho más. Porque pocos lugares tienen en estos momentos una carga tan simbólica como el país azteca. Narcotráfico, corrupción, desaparición de mujeres… pero con todo y con eso, la gente vive, sueña, sufre y se enamora… Y de eso, y de mucho más, versa “Solo que Marla no volverá”, la segunda novela del prometedor escritor centroamericano Béla Braun (México D.F., 1977)

Pero recapitulemos, y vayamos al principio de la novela. Un buscavidas, que vive en la Ciudad de Mėxico de la venta de artículos para el billar, de pronto descubre que han secuestrado a su amante, una adolescente que estudia secundaria. Obsesionado por recuperar a la joven, se sumerge en la indagación de su paradero por las cloacas del tráfico y la explotación de mujeres, en México.

Y a partir de ahí, el billar, la vida, la muerte, la suciedad y sobre la desesperación como hilo conductor. La novela como no podía ser de otra manera es dura y corrosiva, y en momentos despiadada, pero se hace interesante, consigue que te integres en el mundo/submundo del protagonista, y con un regusto amargo en la mejor tradición de la novela negra.

“Solo que Marla no volverá”.
“Solo que Marla no volverá”.

Porque Bela Braun escribe bien, muy bien. Sabe lo que quiere contar y te lo escupe a la cara, sin esconderse, pero sin recrearse. Hay angustia, pero también hay belleza en ese barrizal al que nos invita el autor, en su incesante búsqueda de Mara como elemento dignificador de su vida, y con la que su desaparición ha mutilado la hombría del protagonista, con el sexo presente y omnipresente. Porque como dijo un viejo escritor todo va sobre el sexo, excepto el sexo, que va sobre el poder.

Sinceramente “Solo que Marla no volverá” merece mucho la pena, tanto si uno es aficionado al género negro, como si no.

Por: José Luís Horcajada


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