Por Joaquín Araujo
Naturalista, escritor, director y presentador de series y documentales


Hasta la saciedad, como le sucede a todos los insaciables, han repetido que ellos son la solución. Los candidatos entran en tan común condición – me refiero a lo de quererlo todo, todo el poder claro – propulsados por campañas de publicidad, ya mayoritariamente gratuitas. El peaje pasa por convertirse en parte del menú del espectáculo televisivo. Entran así gratuitamente, como si fuera lógico, en todas las casas cuando un político en los medios de comunicación debería ser poco frecuente, una rareza,  al menos si queremos conservar la salud mental del electorado. El exceso niega lo que pretendía afirmar, lo dijo María Zambrano y conviene a todas las realidades de este mundo. Hay exceso de políticos en los medios y deficit de políticas. Todo, o casi, se entrevera y confunde en las pantallas, porque lo político se transmuta en uno más de los entretenimientos del morboso cotilleo en que se ha convertido buena parte de la programación. Lo primero que nos quita es la posibilidad de estar realmente informados de los esencial, que ha dejado de serlo por incomparecencia programada. Lo más grave y urgente, por extremadamente peligroso, apenas aflora. Me refiero en que no podemos seguir esperando a que los elegidos elijan la defensa de la Vida como prioridad. No otro debería ser el primer planteamiento de la nueva legislatura.

De momento y de acuerdo con la rutina del discurso político – tan igual a sí mismo desde hace tanto – parece que los candidatos solo necesitan que les concedamos un sueldo público para arreglarlo todo. Todo menos el Todo, claro. Y el clima es el Todo de Todo; el alma del planeta; el árbitro de la vida; el sustentador de la verdad de lo verde. El clima es la Vida de la Vida.

Sin embargo para ellos hay otras prioridades.

En realidad acabamos de comprobar que la tarea de los políticos, actualmente, es todo eso que hacen para no tener tiempo de cumplir lo prometido. O, acaso mejor, es todo ese tiempo perdido entre la promesa y su incumplimiento.
Para colmo, cuando lo estropean, igual que sucede con los profesionales del deporte, siguen cobrando lo mismo. Lo hagan bien o mal tienen largos periodos de sueldo asegurado. De ahí la importancia de que no tengamos mayorías absolutas y de la decencia de las dimisiones.

¿Cómo es posible que no hayan dimitido todos los actuales líderes?

En fin, desde la indignación y la irrenunciable complicidad con la vivacidad y sus escenarios, ciclos y procesos, solo quiero recordar que seguimos en un mundo en el que tenemos que respirar, beber y comer. Necesitamos a lo que no nos necesita en absoluto. Lo más obvio es lo políticamente más incomprendido.


Por eso y por desgracia la solución de momento no está en lo que está por llegar al parlamento sino en nosotros mismos. La mejor política que uno conoce es la de no esperar a nadie y menos aún a los que quieren poder. Que es, por cierto, lo más lento y torpe que hemos inventado los humanos.
Con todo iré, vayamos, a votar…

GRACIAS Y QUE LA VIDA, CON TODO, OS SIGA ATALANTANDO.

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