El amor de los nipones por el arroz ha dejado para la posteridad dos legados de gran valor, el sushi y el análisis bursátil con ‘velas’. El primero es un regalo para el paladar; el segundo, para el bolsillo. Pero, al igual que ocurre con el pescado crudo, los nipones llevan siglos utilizando las velas japonesas para comerciar (no solo con el arroz), aunque en Occidente nos enteráramos de que existían a finales del siglo XX.

¿Velas japonesas o barras?

Una herramienta centenaria aplicada a la compraventa de divisas merece ser objeto de estudio de cualquier trader. Más allá de modas y dudas sobre su eficacia, está claro que ofrecen mucha más información que gráficos clásicos, como el lineal. Eso sí, frente a las barras, cuesta más defender las velas japonesas. De entrada, una vela aporta lo mismo que una OHLC: los cuatro puntos clave de una sesión.

Ambas herramientas indican el nivel de apertura del precio y el de cierre, así como el punto más alto y más bajo de la cotización. Eso sí, las velas japonesas permiten valorar el movimiento del precio con un simple golpe de vista, gracias al color y el tamaño del cuerpo (y de las sombras). Se puede discutir la fiabilidad de las señales emitidas por las combinaciones de velas, pero su impacto visual es impepinable.

Velas japonesas y análisis contextual

Echando un vistazo rápido, las velas japonesas aportan pistas sobre el movimiento del precio, explicándolo en parte. El único problema es que existen muchas combinaciones posibles, y suelen añadir un extra de incertidumbre en el análisis de los traders menos experimentados. Esto se debe a que, en continuaciones de tendencias, pueden observarse formaciones que pueden interpretarse como una reversión.

Evidentemente, es complicado malinterpretar una corrección modesta dentro de una tendencia sólida cuando se respalda el análisis de velas con unos técnicos robustos. Asimismo, no precipitarse es fundamental. Esperar es vital para no confundir una formación bearish (como la de los ‘tres cuervos negros’) con un típico movimiento tendencial compuesto por varias velas bajistas.

Es el contexto el que determina el valor analítico de las velas japonesas. De ahí que, en el caso de los patrones propios de movimientos horizontales, las formaciones generen menos contradicciones. La neutralidad en el precio suele ser más evidente a simple vista, y su estructura se refuerza con la aparición de múltiples trompos y dojis. En cualquier caso, y aunque se trate de velas totalmente neutrales, pueden anunciar cambios de tendencia en escenarios específicos.

Patrones de cambio de tendencia

Listas de patrones de velas japonesas como la de EasyMarkets dejan claro que hay infinidad de formaciones que pueden indicar una reversión. La cuestión es qué grado de fiabilidad tienen estos patrones. Retomando la dualidad de los dojis, queda claro que los ‘bebés abandonados’ y las ‘estrellas aisladas’ suponen una alarma bastante convincente en relación a los cambios de tendencia.

Se trata de velas con sombras largas y cuerpos cortos que denotan indecisión a la hora de continuar con la tendencia. En este sentido, varios dojis seguidos (una ‘triple estrella’) ofrece una señal de fiabilidad media, siendo mucho más fiable un doji flanqueado por dos velas antagonistas (por ejemplo, una ‘estrella de la mañana’). Al menos, son mucho más creíbles que los dojis de un ‘harami’.

Frente a los cuerpos pequeños, los cuerpos grandes también indican fortaleza de una señal de velas japonesas. Es el caso de los ‘tres soldados’ en una reversión alcista o los ‘tres cuervos’ en una reversión bajista, ambos patrones de tres sesiones con sombras cortas y cuerpos largos (y del mismo color). La fiabilidad de estas combinaciones es extremadamente alta y, si confluye con una lectura de indicadores en consonancia, la probabilidad de éxito es bastante alta.

Una divergencia del precio con el oscilador, un nivel de fibo donde el precio esté dando señales de rebotar, un volumen alto, una media donde el precio ha encontrado una barrera infranqueable… Todos son indicadores plausibles que, en su conjunto, consiguen que un simple doji, un trompo, un martillo, una libélula o una lápida dejen de ser simples velas y se conviertan en disparadores fiables para abrir una operación en Forex.

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