Amalia Martínez Fajardo
Sororidad.
Una palabra demasiado grande para decir con la boca pequeña.

La sororidad es la utopía del feminismo: la convivencia de la comprensión, la coherencia y la empatía de las mujeres hacia otras mujeres.

Y no es fácil. Aunque suene precioso. Con la educación que tenemos, no es nada fácil.
Educadas como estamos para ser las más guapas, las más inteligentes, las más elegantes, las más jóvenes y un largo etcétera de «más» que hace que la vida resulte menos viva. Agotadora en infinidad de ocasiones.
Que hace que la vida se convierta en una eterna competición a contrarreloj empujando a las adversariAs. Porque así nos vemos con la lupa patriarcal.
«La competencia». «Las otras». «La otra». «La enemiga». «La querida». «La niñata». «La que es una guarra».»La que es fácil».
Es curioso que todo gire en torno a lo que tiene el hombre en la entrepierna.

Y es agotador.
Porque la idea de tener que ser la más en todo es lo más dañino a lo que podemos aspirar.

La dificultad es que el bombardeo de mensajes con el que te intentan incrustar esta idea es tan fuerte que penetra sólo.

Y, curiosamente, con este ritmo, en el que te la pasas queriendo tapar años de vida a tu piel, lo que consiguen es consumírtelos más rápidamente.  Perdiendo la noción del tiempo y haciéndote  sentir culpable de seguir envejeciendo.

Sororidad es entender que todas las mujeres que pasen por la vida de los hombres que han pasado por la nuestra, no son rivales.
Probablemente ellas tengan cosas que tú no tienes. Y eso está bien.
Cuando entiendes eso, pocas cosas te faltan por tener a ti para crecer.

Sororidad es vivir en paz, sin continuas amenazas del qué dirán. Es vivir recordándonos a nosotras mismas y a las demás, todas las mujeres que se dejaron la piel (con  arrugas como Simone, y sin ellas como las 13 Rosas) que sólamente cuando vayamos juntas de la mano, lograremos que el Feminismo deje de ser utópico.

Sororidad es no tener que  escuchar por casualidad en conversaciones callejeras  que no van contigo un:
«Es super fea y se lo tiró» o  «No entiendo que hace con ella»…
Conversaciones que no van contigo, pero a la vez sí…porque destruyen al género del que formas parte.
Piedras sobre los tejados que construyeron… las que se dejaron la vida en dejarnos derechos y libertades como herencia.

((Sororidad es no tener que dar por hecho que tu hija tiene que ayudar en casa más, portarse mejor o comer menos que tu hijo. ))

Sororidad es no juzgar el nombramiento de una Ministra sin conocer su Currículum (con veracidad)

Sororidad es construir cimientos sólidos en tu autoestima y en la de las demás. Decirle a tu amiga lo guapa que está cuando así lo veas, o ir más allá, decirle a otras mujeres qué  las admiras, que son fuertes, valientes por estar aquí, luchando en sus respectivas batallas con el maldito patriarcado metido en las entrañas. Y con las imposiciones de perfección externas. Porque todas estamos igual. Unas más conscientes que otras… pero todas en el mismo barco.

Sororidad es entender que tú no serás libre hasta que lo sean todas esas mujeres que están en la otra parte del mundo. Aunque a ti te pillen lejos. Están.

Sororidad es no mirar para otro lado cuando llaman a otras «puta» mientras escuchas con total normalidad.

Sororidad es creer en la lucha del abolicionismo, precisamente de eso, de la prostitución real.

Sororidad es todo lo que suena a compasión, a hermandad… a convivencia respetuosa.
Pero, sobre todo, sororidad es saber que cuando tocan a una. Nos están tocando a todas.
Qué las manadas tocan a una, pero la justicia con sus sentencias nos toca a todas.
No queremos flores bonitas y dulces bombones. Queremos Feminismo. Del bueno.