La Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), celebrada el pasado mes de noviembre, reunió por dos días en México a nombres conocidos como el exasesor de Donald Trump, Steve Bannon, el chileno José Antonio Kast, el argentino Javier Milei, el español Santiago Abascal, o el hijo de Jair Bolsonaro, Eduardo, así como a numerosos activistas católicos, antiabortistas, contrarios al feminismo o los derechos LGTB y anticomunistas.
En su intervención, Bannon se centró en una de las obsesiones de los republicanos estadounidenses, que sentían que les habían robado las elecciones en las que perdieron, y alertó de los riesgos del voto electrónico.
«La tendencia al igual que Brasil es empezar a hacer el voto electrónico, es la manera en que quieren empezar a robar votos», señaló.
El exasesor de Donald Trump acusó a Lula da Silva de ser «un delincuente trasnacional» y aseguró que quería extender su mandato más allá de la Amazonia. Por ello, alentó directamente a un golpe de Estado en Brasil para derrocar a Lula.
Además, Bannon señaló que el pueblo brasileño, ante el fraude que denunciaba, debería luchar como lo hizo el estadounidense. En su discurso, Bannon hizo alusión a una «gran batalla» que tendrán que librar como en Estados Unidos, a la que deberán usar como «una gran advertencia».
La CPAC se reúne desde 1974, sobre todo en territorio estadounidense. Es auspiciada por la Unión Conservadora Estadounidense y financiada por más de cien organizaciones de derecha, como Young America’s Foundation, la Asociación Nacional del Rifle o la revista conservadora Human Events.
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