La precariedad es inherente al neoliberalismo. La precariedad atraviesa y marca nuestras vidas. Lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex peleamos día a día para defender nuestra dignidad en un sistema capitalista, machista y heteropatriarcal que patologiza nuestras identidades y discrimina nuestros cuerpos y deseos. A pesar de todo, no nos rendimos: existimos, luchamos y resistimos.

Este sistema nos condena a vidas precarizadas marcadas por profundas desigualdades. Las personas LGTBI experimentamos todavía diversas situaciones de discriminación por nuestra orientación sexual, identidad de género y expresión de género. Sufrimos agresiones y delitos de odio en nuestros barrios, acoso en nuestros centros de trabajo y de estudio, discriminación en nuestros hospitales. La LGTBIfobia todavía mata y la impunidad remata, como demuestra el alarmante nivel de suicidios (mejor dicho, asesinatos) de menores LGTBI. Nos queremos vivas y seguras. Ni una muerte más.

Mientras tanto, el Congreso parece mirar hacia otro lado irresponsablemente y sigue obstaculizando el debate y la aprobación de leyes integrales que contribuyan a garantizar de forma efectiva la protección de nuestros derechos de ciudadanía. Las personas LGTBI luchamos y conquistamos el matrimonio igualitario, también una ley de identidad de género. Pero esto no es suficiente, la lucha continúa y debemos profundizarla, porque la igualdad social y real es todavía una gran asignatura pendiente.

Celebramos, como una victoria del movimiento LGTBI, la aprobación de normas autonómicas para proteger la igualdad de derechos de las personas LGTBI, pero exigimos que estas normas cuenten con el desarrollo y la financiación necesarios, involucrando y fomentando la participación del tejido asociativo LGTBI.

Sabemos que la precarización de nuestras vidas es producida por el cruce de desigualdades y discriminaciones que experimentamos. Somos personas LGTBI, pero también mujeres, trabajadoras, estudiantes, personas viviendo con VIH, gitanas, personas con diversidad funcional, habitantes del medio rural, migrantes, refugiadas, etc. Y todas estas identidades contribuyen a reforzar nuestras situaciones de discriminación, violencia y precariedad. Queremos vivir, no sobrevivir.

Al mismo tiempo, las personas LGTBI sufrimos especialmente los efectos de un sistema violento, excluyente e injusto que viola los derechos de las mayorías sociales. Vivimos la pobreza, el paro, la censura y los ataques a la libertad de expresión, la privatización y el deterioro de los servicios públicos, las redadas racistas, los desahucios, los atentados contra el sistema público de pensiones, la violencia machista y los feminicidios, la explotación sexual, la emigración y el exilio.

Por ello ocupamos las calles con las compañeras feministas del 8 de Marzo, con el movimiento sindical el 1º de Mayo, con las y los pensionistas que defienden su dignidad o con los colectivos que reclaman una Memoria Democrática para construir un futuro republicano. Desde nuestra diversidad, queremos aportar a la necesaria construcción de un nuevo proyecto de país.

Hoy 28 de junio, nos manifestamos un año más para reivindicar nuestro orgullo y la liberación de nuestros cuerpos, nuestras identidades y nuestros deseos. Pero no queremos hacerlo solas, sino uniendo luchas desde la solidaridad para conquistar un futuro digno para todas y todos. Sólo luchando unidas y con rebeldía seremos capaces de enfrentar la discriminación y la precariedad que el capitalismo nos sigue imponiendo.

Decimos basta a la LGTBIfobia, decimos basta a la precariedad. Queremos vivir libremente, vivir dignamente. ¡Precarias nos quieren, rebeldes seremos!

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