Sudán del Sur atraviesa una crisis humanitaria catastrófica. El país ha alcanzado la cifra más alta de personas en crisis alimentaria desde que se empezaron a analizar estas necesidades en 2007. Persiste la apropiación indebida de los recursos naturales, en particular la del petróleo. Todo ello repercute en esta grave crisis alimentaria.

Según el informe sobre la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (CIF), 6,3 millones de personas -el 14 por ciento de la población del país- se encuentra en la fase de crisis alimentaria y no obtienen suficientes alimentos para subsistir.

Los pobres son los más perjudicados

Los largos períodos de sequía, inundaciones, enfermedades de las cosechas e infestaciones parasitarias han afectado gravemente a la producción agrícola, que depende en gran medida de las precipitaciones. Los que menos tienen, como siempre, son los más vulnerables ante los altos precios de las materias primas y la limitada disponibilidad de alimentos en los mercados.

Por ello, se necesitan de manera urgente más fondos para incrementar la asistencia humanitaria a fin de salvar vidas y proteger los medios de subsistencia. Si es que los datos reflejados en el informe no podían ser más gráficos: con el nivel actual de asistencia, unas 50.000 personas se verán obligadas a sobrevivir bajo una situación catastrófica (extrema inseguridad alimentaria) entre los meses de mayo y julio. De no aplicarse rápidamente un protocolo de ayuda, este número podría ascender a 260.000.

Mujeres y niños

Los organismos internacionales subrayan que actualmente los más necesitados de atención son las mujeres y los niños desnutridos ya que los niveles de depauperación siguen siendo críticos en muchas zonas, con unos 860.000 niños y niñas menores de cinco años con problemas alimentarios.

El panorama no parece mejorar: pese al acuerdo de paz firmado en octubre del año pasado, continúa la violencia en este país africano. También persiste la apropiación indebida de los recursos de la Madre Tierra, en particular la del «oro negro». Es evidente que el pueblo no tendrá herramientas para hacer frente a la futura hambruna, si no llegan a tiempo las esperadas provisiones.