En Suecia, también tienen rey como en España

Uno que es curioso, no deja de preguntarse cosas, de indagar, y de darse cuenta de que no tiene ni puta idea. Y esto de la pandemia es un tema fascinante, y vaya por delante una advertencia: lo que cuento es solo mi impresión, ni es la verdad, ni es ciencia. Ahí va.

Cuando empezó a propagarse la masacre en marzo, se hablaba de que un país iba a contra corriente: Suecia. Mientras que España se confinaba y no dejaba salir de su casa ni al gato, en Suecia la libertad de movimientos era total, solo se recomendaban cosas como lavarse las manos, las mascarillas no eran obligatorias, todo funcionaba más o menos como siempre. De resultas de esta estrategia, Suecia tuvo en la primera etapa unos cuatro mil viejos muertos, casi todos en residencias, (me parece recordar), en proporción menos que España con sus duras prohibiciones. Cierto que Noruega y Finlandia, al lado de los suecos, y con medidas más duras, consiguieron diez veces menos difuntos. Pero… ¿Y lo que se rieron los suecos? Los hospitales de allí sufrieron una dura prueba en aquellos meses, pero resistieron. Y los partidarios de la libertad afirmaban que si en Suecia la mortalidad era menor que la española, aquí sin confinamiento hubiéramos tenido los mismos muertecitos, solo que con bares, viajes, conciertos y todo eso.

A mí me pareció todo muy sospechoso. ¿Por qué el norte de Europa, es decir, Alemania, Finlandia, Noruega, tenían una mortalidad inferior a la española? ¿Por qué a Suecia le pasaba por la punta del pelo el virus? Nadie lo sabía explicar.

Por entender un poco mejor la cosa, pensé en leer la prensa sueca. ¿Qué mejor modo de entender ese país que a través de sus periódicos, ya que no me puedo nacionalizar como sueco, y no por falta de ganas? Así que busqué la lista de prensa sueca, y me enganché a leer Aftonbladet. Este periódico tenía para mí dos grandes ventajas: la primera, que puedo leer casi todo sin pagar; la segunda, que es un periódico sensacionalista. Por lo visto fue propiedad de la Confederación de Sindicatos Suecos, y actualmente el socio mayoritario es una especie de multinacional periodística, pero que mantiene «una línea progresista, que además entretiene». Es decir, que en su portada diaria, no falta un asesinato, un accidente, una persecución, un método para adelgazar veinte kilos, cotilleos variados, métodos para freír el pollo y para no roncar, fotos de culos y todo sobre el coronavirus. Por supuesto lo del coronavirus, lo leo en último lugar tras fascinarme –por ejemplo– con titulares como: «¿Qué horror sin nombre hizo que nueve jóvenes huyeran semidesnudos de sus tiendas hacia una muerte segura en la noche fría asesina?» Donde va a parar vamos hombre, comparado con España, es muy sugestivo.

En fin, que leyendo a Aftonbladet me da la impresión de que si allí no tomaron medidas extremas en la primera ola, fue porque pensaron que podían asumir la mortalidad de esas fechas sin colapso sanitario. En el último mes, en cambio, van saliendo entrevista a trabajadoras hechas unos zorros tras guardias maratonianas, y vídeos de los hospitales suecos mientras el personal corretea hacia los timbres. Muy interesante: se muestran hospitales relucientes, habitaciones individuales con una antepuerta para que la gente se pueda cambiar de ropa, y habitaciones bien grandes, de esas en las que un administrador del Reino metería a tres viejas sin dentadura. Los inefables reporteros de Aftonbladet entrevistan a los pacientes con un palo de esos largos al que acoplan un micrófono, y te ves a una sueca con una pinta malísima, hablando entrecortadamente, como si nada. En fin, que finalmente el Gobierno sueco ha ido tomando medidas cada vez más y más restrictivas, llegando a confinamientos selectivos de focos muy gordos, y parece que a día de hoy tienen la cosa más encarrilada, de lo cual me congratulo. Moraleja: han intervenido cuando no les ha quedado otra, y han asumido siete mil muertos más, sin despeinarse, diciendo que lo lamentan, y que hacen lo que pueden, como aquí.

En resumen, me he dado cuenta de que no hay tantas diferencias entre España y Suecia. Por supuesto que hay diferencias, porque en Suecia, (el país de los grandotes sonrientes), hombres y mujeres me parece que tienen el mismo aspecto (no como aquí que el dismorfismo de género es morrocotudo), y mientras que allí dejan confiadamente la bici en la calle sin candado, aquí yo no llevo candado, pero no me separo de mi bici ni con alicates. Ahora bien, en materia de coronavirus, también llevan a no sé cuántos políticos vacunados sin tener que estarlo, retrasos en la vacunación, masacres de ancianos (asumibles por tratarse de viejos), y personal sanitario al borde del ataque de nervios. Así pues, ¿a qué se debió que en la primera fase no fuese para tanto, y ahora haya sido más cruda la cosa? Pues ni idea. Lo mismo lo podemos llamar suerte, habría que meditarlo despacio… Y os dejo que voy a leer lo que dice Aftonbladet de «El Hombre de los Cuernos», que por lo visto va a testificar contra Trump por haberlo decepcionado. Y es que los políticos, tenedlo en cuenta, siempre decepcionan.

A las barricadas