Sin respetar el protocolo, sentado en su silla y carente de todo sentido de la cortesía o con un mínimo de educación. Así ha recibido Donald Trump a la premio Nobel de la Paz, Nadia Murad, la joven activista yazidí que logró escapar de las garras de Dáesh.

Murad fue esclava sexual de los yihadistas durante años y nunca se rindió. «Nos tocaron, nos humillaron y nos violaron. Tras huir de sus captores, su activismo ha puesto voz a la barbarie por la que pasan miles de mujeres yazidies.

La joven ha perdido a 18 miembros de su familia y trataba de pedir ayuda al republicano para que medie entre las autoridades kurdas y las iraquíes, que son las que ahora se pelean en su tierra, una vez que se ha dado por vencido al ISIS. Murad es actualmente es una destacada activista contra la violencia sexual.

La activista le pidió a Trump que “por favor, haga algo”, y recibió la réplica del presidente un “yo conozco muy bien la zona” y una promesa de mirar con calma el asunto. Murad le da las gracias y, queda claro, no está preparada para la pregunta que viene a continuación: ”¿Y tú tienes un Nobel?”. Sí, obviamente. “Es increíble. ¿Y por qué te dieron el Nobel, entonces?”.

La joven, llena de paciencia, le explica que nadie hasta que ella habló pudo contar lo que hacía el ISIS y poner a los yazidíes en el mapa. Trump remató su terrible exposición soltándole un: “así que escapaste

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