Luis Víctor Moreno Barbieri
Vicepresidente de Pacma

Este mes me cuesta sobremanera encarar la tarea de escribir esta columna. Hay momentos para el desánimo, y este, no voy a negarlo, es uno de ellos.

El panorama político es una mierda. Así, como suena, duro y directo. No se me ocurre una forma mejor de definir lo que flota en el ambiente, ya de por sí nauseabundo, de los juegos de poder. Siempre refiriéndome a la situación para los animales, eternos abandonados por las políticas de uno y otro signo, no es que el escenario anterior fuera una versión actualizada de la isla de Utopía, pero la cosa irá a peor.

Estratégicamente, los momentos de progresismo se deben aprovechar para ganar posiciones, mientras que cuando llega la reacción es momento de cavar y asentarse en trincheras para defender lo conseguido. El problema es que muy poco se ha podido avanzar en los últimos años, por lo que ahora que la derecha gana cuotas de poder, la línea del frente ha avanzado tan poco que prácticamente podemos aprovechar las mismas trincheras que llevamos décadas usando. Para los derechos de los animales esto supone un estancamiento que causará dolor y sufrimiento por más tiempo, a más individuos, retrasando los avances éticos que tanto anhelamos.

La experiencia es una madre que enseña a sus hijos a guantazos y como rasgo positivo del momento que nos toca vivir, esta alternancia entre los ¿progresistas? y los reaccionarios nos mostrará que, para los animales, estos gobiernos locales y autonómicos de derechas no van a cambiar sustancialmente la ya de por sí dramática situación que padecen. Y quizás a ese sector que asocia izquierda con bienestar animal se le acabe cayendo la venda de los ojos al comparar una y otra política y sus resultados reales, no los que nos cuentan los vendehúmos de turno. Y cuando hablo de cambios sustanciales hablo de las necesarias reformas para millones de individuos que nacen y mueren tras los muros de granjas industriales y mataderos, sin haber podido siquiera percibir los rayos de sol sobre sus lomos. O hablo de un plan que salve a los 20 millones de animales ejecutados a balazos en los campos de España, o de aquellos que se pudren en zoos y acuarios de nuestro país. En los próximos días de ola de calor, acuérdense de los animales encerrados en los zoos ¿Qué pinta un oso polar en Madrid, a 40 grados a la sombra?

Hace pocos días fui espectador de una charla entre asesores políticos, alguna diputada y muchos egos, todos ellos mercenarios del poder que no dudan en cambiar de formación según la minuta se ofrezca a pagarla uno u otro. Se diferenciaban tanto de la política que yo vivo a diario que me pareció que hablaban de otro mundo. Y realmente es otro mundo. Es el mundo de los grandes partidos que reparten poder como el crupier que va dando las cartas de una baraja mientras los espectadores percibimos que todas las cartas están marcadas. Lo peor de todo es que los jugadores saben que esto es una timba trucada, y nadie dice nada. Todo va bien porque interesa que el casino siga abierto, que los pobrecitos sigan echando monedas a las tragaperras mientras los dandis de pajarita y esmoquin se reservan las mesas de las grandes apuestas.

Si de algo me sirvió asistir a esa charla es para constatar que esa política, construida con esos mimbres y sustentada por esos tahúres, que apenas se ocupa de las personas lo justo para no encender la chispa de otro 15M, jamás se va a ocupar de los más desfavorecidos, de los que solo un puñado de utópicos reevolucionarios nos preocupamos. Y la desesperanza se apodera de mí cuando percibo que la masa crítica necesaria para los cambios REALES crece, pero a un ritmo inferior a lo que las circunstancias y la cronología necesitan.

Señoras y señores: No va más.

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