Frente a la decisión de Instituciones Penitenciarias de conceder el tercer grado al narcotraficante Marcial Dorado, la sociedad en su conjunto debe meditar con detenimiento si la posible reelección del que fue su compañero de fatigas es la mejor solución para Galicia el próximo 12 de julio.

Carteles electorales de Alberto Núñez Feijóo. El líder del PP gallego compartió fiestas y viajes con el narcotraficante Marcial Dorado en la década de los 90, cuando la droga sembraba el caos entre la juventud gallega / Creative Commons

La realidad es que en cualquier país civilizado (no sólo europeo) el candidato Feijóo no sólo habría sido obligado a dimitir cuando se hicieron públicas las fotos en la lancha del Dorado en el año 2013, sino que su carrera política hubiera visto su punto y final.

Los hechos probados demuestran que al menos Feijóo, entonces alto cargo de la Consellería de Sanidade, viajó en los 90 a Ibiza, Canarias, Picos de Europa, Andorra y Portugal en compañía de uno de los mayores capos del narcotráfico gallego, y que durante años compartieron fiestas e intimidades en Baiona y la Illa de Arousa.

Los 90 fueron la «década dorada» del narcotráfico y del contrabando de tabaco en Galicia, de personajes como Sito Miñanco, Laureano Oubiña y Marcial Dorado. Oubiña fue condenado en 1990, 1997 y 1999 en el marco de distintas operaciones policiales de estos ámbitos. Miñanco, detenido en 1994, 1007 y 2001 por tráfico de drogas a gran escala. Dorado, detenido por aquellos años por contrabando de tabaco, y en 2003, encausado por orden del juez José Antonio Vázquez Taín por su implicación en el tráfico de cocaína. Tras ser juzgado en la Audiencia Nacional, fue condenado finalmente a 14 años de cárcel.

Los especialistas en la materia consideran que gracias a sus 1.500 kilómetros de costa, en las décadas de los 80 y 90, Galicia llegó a ser la gran puerta europea de entrada de drogas como la cocaína y la heroína pagando, eso sí, un peaje imposible de asumir por cualquier sociedad: la muerte de cientos de jóvenes por sobredosis y el azote del SIDA. Varias generaciones perdidas para siempre en un laberinto sin retorno. En palabras de Carmen Avendaño, adalid social de la lucha contra el narcotráfico, en aquellos años «murieron más jóvenes que en cualquier guerra».

UNA REALIDAD INDISCUTIBLE

«Cuando le conocí no sabía nada ni sobre su pasado ni sobre su actividad. nada. Ni a qué se dedicaba ni en qué podía estar involucrado» -relataba Feijóo en rueda de prensa cuando saltó el escándalo de su relación con Marcial Dorado-

«¿Usted cree que si supiese de lo que iba a ser acusado yo me dejaría hacer fotos y me iría a comer con él? -explicaba el aún presidente de la Xunta al periodista Jordi Évole en 2018- «No tenía nada que ocultar porque en ningún caso tenía información de si es verdad o no. La verdad judicial es que sí tenía alguna relación con determinados negocios relativos al narcotráfico».

«Es que a mí lo que me llama la atención de que usted diga esto de yo no sabía quien era» -respondía entonces Évole-. «Me llama la atención porque hemos hecho un pequeño estudio de noticias que habían salido en la prensa gallega y en la prensa estatal sobre Marcial Dorado relacionándolo con el contrabando y relacionándolo con el narcotráfico antes de 1994, la fecha en la que usted le conoce y es que por ejemplo en La Voz de Galicia, el señor Dorado había aparecido 66 veces relacionado con el narcotráfico o con el tráfico de tabaco, incluso en algunas de ellas en portada».

Ante la evidencia, y pese a toda la manipulación de los medios públicos de la CRTVG y las hipersubvenciones a grupos privados de comunicación para vender la idea de «buen gestor», es la sociedad gallega, por memoria y dignidad, la que debe abrir los ojos ante la convocatoria electoral. Porque Feijóo, atrapado por su pasado, no es la opción en ningún caso.