Dolors Marin Silvestre

Doctora en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona


“Amalia, Ángeles, Belén,

y a todas las que escribiendo

la luz estáis difundiendo

de las ciencias y del bien (…)

Grato es veros avanzar

dando ejemplo de energía

a aquellos que en su apatía

no se atreven a luchar”

María Trulls “A las obreras del progreso”, Las Dominicales del Librepensamiento, 14 de noviembre, 1895.


Una de las grandes preguntas que nos hacemos las mujeres tienen que ver con nuestras propias tradiciones de lucha. Queremos saber quienes fueron las primeras anarcofeministas y cuales eran sus aspiraciones y formas de lucha, que problemas tuvieron y como los enfrentaban. La historia académica no se ha ocupado del tema y la que emana de los propios movimientos sociales y políticos muestra un importante vacío para con la lucha de genero, para con las biografías de nuestras compañeras, e incluso para incluir sus nombres y sus trayectorias dentro del discurso global. A menudo esta recuperación se hace siempre a partir del trabajo y la investigación de nosotras mismas, de las mismas mujeres anarquistas que buscamos referentes que iluminen nuestro día a día. Esta crónica es solo una parte de una bella historia de todas y todos nosotros. Porque ahora más que nunca, recordar y ejercer el derecho a la memoria histórica es también una forma de resistencia y de lucha autónoma y antiautoritaria.

La Sociedad Autónoma de Trabajadoras de Barcelona y su Llano había sido fundada por un grupo de obreras en la primavera de 1891, después de la gran victoria del Primero de Mayo del año anterior y en un contexto reivindicativo importante. Su domicilio estaba situado en el Raval: carrer de la Cadena, 32. Su inspiradora principal fue Teresa Claramunt obrera del textil. Así, el 18 de marzo de 1891, se registró en el gobierno civil barcelonés. Pronto la seguirían cuatro sociedades de oficios: Sastras, Zapateras, Costureras y Oficios varios. Su intención era confederarse en un futuro. El periódico La Tramontana (1881-1896), con 717 números, será uno de los portavoces de las actividades de esta asociación femenina obrerista. Este órgano de prensa anarquista, dirigido por el reusense Llunas i Pujals, vecino del Raval, domiciliado en la antigua calle Conde del Asalto y unido civilmente a Concepción Santigosa, ofrecería una buena cobertura propagandística a la lucha de las mujeres anarquistas y librepensadoras. La biografía de Llunas (a) Lo dimoni gros o Gimástic está jalonada por multas y detenciones es paradigmática de los activistas sociales de su época, ligados a un sin fin de actividades de resistencia y de lucha en multitud de frentes, y que fácilmente eran detenidos, apalizados o silenciados por la monarquía borbónica y los gobiernos turnistas. Llunas, tipógrafo de profesión, hombre creativo, y con un dominio del lenguaje escrito increíble, se adhirió a la I Internacional y optó siempre por el uso pacifico de las ideas anarquistas lo que le valió enfrentamientos con otros sectores partidarios de la propaganda por el hecho, muy frecuentes en aquella difícil época que les tocó vivir. Nadador, gimnasta, ciclista y actor ocasional, era un hombre de ideas avanzadas que fundó una de las primeras revistas deportivas del estado español[1]. Las estancias en la cárcel le provocaron una grave enfermedad reumática que propició su temprana muerte como afirman sus obituarios. Fue un personaje popular y muy querido entre las clases trabajadoras y el republicanismo en general.

La Sociedad de Mujeres fue concebida años antes, por los indicios que encontramos en la prensa, pero tuvo un fuerte impulso a partir del entusiasmo que había despertado la exitosa celebración del 1 de Mayo de 1890 en que una cuarentena de asociaciones de oficio y corporaciones se habían adherido a la proclama por las 8 horas de trabajo y en contra del trabajo infantil.

En el gran mitin obrero que se celebró en el Tivoli minutos antes de la impresionante manifestación que cruzó la ciudad, uno de los delegados obreros, Reoyo, afirmó: «El 1 de mayo era antes fiesta en el santoral de la iglesia católica, habiendo luego desaparecido: de hoy en adelante celebraremos los obreros en este día la fiesta de nuestra señora de las ocho horas virgen y mártir de la clase trabajadora», un poco más tarde, a las 10,15 partían todos en manifestación por la Rambla de Canaletas, en una gran demostración de la fuerza obrera de la ciudad y de sus barrios. pequeños grupos portaban algunos estandartes, banderas y los panaderos, declarados en huelga revolucionaria, llevaban panes atravesados con un palo somo símbolo de desobediencia. Las logias masónicas que abundaban en la ciudad manifestaron días antes su apoyo a la clase trabajadora en un manifiesto firmado por: Avant, Barcelona, Espartaco, Cadena de Unión, Sagesse, Hijos del Trabajo, Luz de la Verdad, Patria, Revolución, Plus Ultra, Puritanos, y Unidad e Integridad. El documento que convocaba la manifestación fue suscrito originalmente por 34 sociedades que aumentaban en cada jornada, así que se iba extendiendo su difusión. Algunos de los activistas formaban parte de las mismas publicaciones que difundían la concentración y la huelga asociados dentro de los tipógrafos e impresores, también los camareros, limpiabotas, zapateros, sombrereros, ebanistas, carpinteros, e incluso las modistas que ofrecen su concurso en la prensa de aquella semana[2].

La Sociedad Autónoma de Mujeres era vista con cierta prevención, e incluso desconfianza por sus amigos pequeño-burgueses y también por obreros chapados a la antigua influenciados por siglos de patriarcado y androcentrismo. La mayoría siguen imaginando a la mujer vinculada al hogar y como cuidadora de menores y ancianos. la posición secundaria les va muy bien, como denunciará oportunamente Teresa Claramunt: «Yo soy la esclava del esclavo». Incluso en la prensa republicana y progresista aparecen no pocos indicios de esta doble moral, esta intención de sometimiento de las mujeres, este dejarlas en casa, sin independencia económica, sin cultura, ligadas a bordados, limpieza, claustros o hogares urbanos.

Teresa Claramunt (1862-1931) sería una de las mujeres más influyentes dentro del movimiento anarquista español de finales del siglo XIX. Con una fuerte militancia en Sabadell participó a los 20 años en «la huelga de las siete semanas» y pronto se convirtió en un referente para sus compañeras. Inmediatamente sus reflexiones y sus practicas la llevaron a verbalizar la doble explotación de la mujer obrera. En Sabadell, en 1884 es la secretaria de la constitución de la Sección Varia de Trabajadoras Anárquico-Colectivistas de Sabadell. Según las actas, ocupada la mesa por las dos compañeras de mayor y menor edad, se procedió a la elección de la mesa definitiva, resultando presidenta Federación López Montenegro (hija del maestro racionalista y ex-militar José López Montenegro), y secretarias Teresa Claramunt de Gurri y Gertrudis Fau de Fau». También la prensa (Los Desheredados)  nos da más datos, se celebró en el Ateneo Obrero de Sabadell a las 9 de la noche del 26 de octubre de 1884.

Teresa Claramunt

La incansable Teresa Claramunt, en una de sus conferencias afirma: «Compañeras … conociendo cuán útil, cuán necesaria es la asociación, yo os pregunto por qué no nos unimos, o mejor dicho por qué no vais todas a vuestra pequeña asociación …nosotras somos las que más necesitamos la asociación porque somos más víctimas y las más explotadas y permanecemos desunidas. ¿Es que toda la vida hemos de estar así? No, queridas mías, hemos de asociarnos para instruirnos y sí no lo hacemos, pobres de nosotras, que aborrecidas seremos … cuando el obrero esté instruido y vea que no somos dignas de él. La mujer, compañeras, es media humanidad asociada. Instruida, adelanta tanto y tanto, que si lo pensáramos correríamos a unirnos con nuestros hermanos de trabajo y cuando lo estuviésemos, gritar con ellos guerra a los curas y jesuitas de levita, mueran los explotadores y tiranos del universo, fuera fronteras, viva la revolución social» y aquí arremete contra sus propios compañeros: «¿Cómo es que en este Ateneo sois más de 300 que os llamáis anárquicos y somos tan pocas las asociadas? Todos tenéis esposa e hijas, o hermanas, pues si sois como os llamáis anárquicos, ¿porqué no las traéis a nuestra federación?, no valen excusas; querer es poder y si quisierais todas estaríamos unidas y entonces les haríamos ver a las que están fanatizadas lo útil que es para el proletariado no creer en dioses ni diablos … y ese Dios que unos adoran por ignorancia y otros por hipocresía, es la causa de nuestra esclavitud … compañeros, no despreciéis a la mujer que aunque nos llamáis sexo débil, unidas con vosotros podemos tanto o más, porque quién enseña las primeras costumbres a vuestros hijos es la mujer, y si es fanatizada ¿que les enseñará?… si la mujer se preocupa les enseñará la verdadera senda que debe seguir y así cuando sean hombres no se dejarán insultar como nos insultan a nosotros llamándolos ladrones, siendo los robados, nos llaman asesinos, los que en blando y mullido lecho no pueden dormir por los remordimientos… Siendo así, compañeros, unir todos vuestros esfuerzos para que vuestras esposas, hijas o hermanas puedan venir a nuestra federación»[3].

[1] Colaboró en Barcelona Spots (1897) que acabó comprando para crear en 1899 Los Deportes.
[2] Todo ello en La Publicidad. Barcelona, 28 de abril y siguientes. También El Diluvio. Barcelona, en las mismas fechas.
[3] En Los Desheredados, Sabadell, 13 de febrero, 1885.
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