Pepe Larios
Presidente de la Fundación EQUO


Si has seguido mis colaboraciones en Contrainformación ya sabes que no soy nada optimista con los resultados de las reuniones de las COP, a pesar de haberse reunido anualmente durante 25 años sus efectos en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero han sido inapreciables.

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El principal efecto positivo de las mismas ha sido el legitimar las advertencias de la comunidad científica frente al “negacionismo” impulsado por las corporaciones y gobernantes ineptos, serviles y defensores del statu quo.

Quienes disponían de capacidad adquisitiva han consumido toda la cantidad de energía proveniente combustibles fósiles que podían adquirir, incluso endeudándose para aumentar la capacidad de compra haciendo caso omiso de las advertencias atenuadas que los informes del  IPCC han venido realizando.

Existe el consenso de que hay que sustituir los combustibles fósiles por las energías renovables pero por más que las energías renovables solar y eólica se han extendido, apenas superan el 2% de la energía primaria mundial y no han logrado, tan siquiera, cubrir el incremento anual del consumo de energía.  No parece que la transición necesaria vaya a ponerse en marcha al ritmo y profundidad que demanda la gravedad de la emergencia climática.

La necesidad de reducir la cantidad de energía y materiales que usa el sistema termo industrial, con la consecuente imposibilidad de mantener el sistema económico que sustenta nuestra civilización es el pago, necesario para afrontar el cambio climático, que las élites gobernantes y los poderes económicos no están dispuestos a asumir. Ahí reside la resistencia a tomar medidas eficaces y el fracaso permanente de las COPs.

La COP25 ha tenido lugar en el año en que se bate el récord de emisiones mundiales de CO2, superando el pasado récord de 2018 en un 0,6%.

La comunidad científica ha hecho público diversos informes, aprovechando la atención mediática que generan las COP y con el objetivo de influir en posibles decisiones que en ellas se tomen. Todos ellos nos advierten que las variables climáticas y sus consecuencias para los ecosistemas y las personas son peor de lo que se pensaba.

Así, la Organización Meteorológica Mundial recogía que el quinquenio que termina es  más cálido registrado instrumentalmente con 2019 posiblemente ocupando el segundo o tercer puesto en el ranking de años más cálidos globalmente registrados.

La revista Nature publicaba el peligroso acercamiento a nueve “tipping point” y la NOAA hacia pública la Arctic Report Card en la que advierte que el calentamiento del Ártico es el doble de la media global y que está provocando la fusión del permafrost  ya puede estar enviando a la atmósfera anualmente  entre 0,3 y 0,6 Giga toneladas de carbono,  entre el 3 y 6% de la cantidad emitida por la quema de combustibles fósiles.

A pesar de las urgencias, a la COP25 no han asistido los jefes de estado o gobierno de China, Rusia, EEUU, India, Brasil representantes de los mayores países emisores de gases de efecto invernadero y países donde vive el 80% de los habitantes del planeta y no se han tomado decisiones que permitan albergar la esperanza de que tan siquiera se va a atenuar la velocidad en que se está manifestando la emergencia climática.

Solo la Cumbre Social del Clima y las movilizaciones protagonizadas por miles de activistas, muchas de ellas jóvenes, iconizadas en Greta Thunberg, arrojan un motivo de alegría y esperanza de que la movilización social sea capaz de iniciar una nueva senda.