Ramón Reig
El terrorismo de ETA ha terminado, queda su rastro de lágrimas y sangre y otros terrorismos, de muchos de los cuales ni se habla, sobre todo del terrorismo de Estado y del que ejercen los muy poderosos contra los habitantes del planeta y contra el planeta mismo. Esos nos acompañarán siempre y raramente veremos informativos o tertulias sobre ellos. El Poder se conserva mediante el miedo y el terror, con sangre o sin sangre.

La mayoría de las noticias son pura piltrafa consumista, comparadas con los acontecimientos importantes que se producen a diario en el mundo. Nos distraen con huesos a los que mordemos y hablamos días sobre ellos mientras lo realmente esencial sigue sucediendo y casi nadie se entera. Y lo peor es que cuando nos enteramos seguimos casi indiferentes. Mientras se está forjando un mundo que puede llegar a la máxima tensión con la pugna Rusia/China-EEUU (Europa suele ir de comparsa de los USA) nosotros hablamos de Cifuentes.

Más del 60 por ciento del PIB mundial brota de la actividad de multinacionales que emplean a la mayor parte de la población del planeta. Los países desarrollados controlan el 81 por ciento de las empresas y el 83 por ciento de las ventas de las 500 multinacionales más grandes del mundo. Gracias al pluralismo que nos ofrece Internet podemos enterarnos de las continuas fechorías que en países lejanos o en los nuestros llevan a cabo estos poderes que ya están por encima del poder político que elegimos en las urnas, Salvador Allende fue uno de los primeros en levantar la voz de alarma sobre este hecho en 1972 mientras que Galbraith lo afirmaba en los sesenta.

Digan lo que digan las macrocifras, los pueblos indígenas siguen siendo atropellados, los ciudadanos occidentales vivimos peor y las nuevas generaciones son sometidas a una inestabilidad laboral que contagia sus vidas y su estabilidad psíquica. Es el capitalismo salvaje el terrorismo actual pero no pasa nada porque es también el propietario de los medios que originan la opinión pública y el que los alimenta con su publicidad e influencias. La exagerada competitividad procede de cerebros patológicos que tienen mucho poder y han extendido su mente terrorista por todo el mundo con cuentos como el del emprendimiento. El crecimiento prima sobre el desarrollo y los recursos tienen un límite pero este terrorismo no entiende de eso, va a tener que estallarnos una bomba en las narices para que comprendamos que es necesario que abandonen sus armas de destrucción física y espiritual.

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