En 2002, la Península Ibérica contaba con tan solo 94 ejemplares de lince ibérico. Gracias a un programa de recuperación de la especie, la población de lince ibérico ha conseguido multiplicarse por nueve en 18 años y han pasado de 94 a 855 ejemplares.

De este total, 476 animales viven en suelo español y 107 en territorio portugués. En España el 70% de los linces habitan en Andalucía y es en esa comunidad donde se concentra el mayor número de hembras reproductoras, 120 de las 188 censadas en territorio hispano-luso.

Un requisito indispensable para conseguir que la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza (UICN) recatalogue el lince para que pase de estar declarado especie en peligro de extinción a especie vulnerable es mantener 125 hembras reproductoras durante al menos cinco años consecutivos.

Una vez que se ha conseguido aumentar la población ahora el objetivo se centra no solo en alcanzar una población autosostenible y que sea genéticamente viable sino también en conectar los diferentes núcleos linceros existentes.

El diario británico The Guardian se ha hecho eco de la noticia y celebra el trabajo de España para sacar al lince ibérico del borde de la extinción.

Según señala The Guardian, si se mantienen los esfuerzos de conservación y reintroducción el lince ibérico podría estar fuera de peligro para el 2040.

El diario explica como la tristemente famosa «Ley de Alimañas» exterminó a más de medio millón de animales que pasaron a ser considerados alimañas.

La estrategia del Ministerio de Agricultura impulsada por Franco estuvo a punto de acabar para siempre con buena parte de la fauna ibérica. Se constituyeron las Juntas Provinciales de Extinción de Animales Dañinos y Protección a la Caza, que tenían entre sus principales misiones las de «procurar el suministro y distribución de venenos, lazos y demás medios de extinción de animales dañinos” y “premiar a los alimañeros y a cuantos demostrasen de modo fehaciente su aportación en la lucha para su erradicación».

En poco más de cinco años se exterminaron más de medio millón de animales que pasaron a ser considerados como alimañas y algunas especies pasaron de tener un estatus poblacional relativamente estable a situarse al borde mismo de la extinción.

The Guardian recuerda también como se produjo una caída catastrófica en el número de conejos debido a la mixomatosis en la década de 1950 y la enfermedad hemorrágica del conejo en la década de 1980.

Según el biólogo Miguel Ángel Simón, en el año 2000 se enteraron de que solo había 94 linces y pensaban que iban a desaparecer. «Simplemente no sabíamos si había alguna forma de salvarlos: estaban al borde y en peligro crítico de extinción. En ese entonces, eran los felinos más amenazados del mundo. Nuestro primer objetivo era simplemente evitar que se extinguieran».

Su estrategia fue buscar dinero, el compromiso de los políticos, la cooperación de los terratenientes y el público y ha ido dando frutos gradualmente. Una serie de proyectos, coordinados por el gobierno de Andalucía en conjunto con otras regiones españolas, las autoridades portuguesas y las ONG conservacionistas, ha detenido el declive, ampliado las poblaciones y reintroduciendo linces en otras áreas.

El líder del proyecto Life Lynxconnect, Javier Salcedo, señaló que el objetivo principal era unir las poblaciones existentes y aumentar su diversidad genética. «Necesitamos ver un intercambio de animales que nos dará un intercambio de genes».

El coordinador de grandes carnívoros de WWF España, Ramón Pérez de Ayala, se ha mostrado optimista sobre el futuro del lince y espera verlo pasar de la categoría en peligro de extinción a la categoría vulnerable de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

«La armonía ambiental es solo una de las muchas razones por las que el gato salvaje único de la península debe permanecer bien visto. En un nivel más emocional, el lince es una joya y una belleza para la vista», añade.