The Spectator es una histórica revista semanal británica (fue fundada en 1928) cuyos ámbitos principales son la política y la cultura. Esta semana ha decidido dedicar parte de su contenido a la actualidad política española con un artículo titulado Spain’s politics is fraying (La política de España se está desgastando).

En el texto, Jim Lawley, el autor, analiza el «inconfundiblemente belicoso» clima político en España, señalando que «ha aumentado drásticamente en las últimas semanas». Señala que la oposición está acusado «al gobierno de izquierda de utilizar las restricciones de Covid como un arma política y de hacer cumplir el cierre de Madrid», y que esto está creando una «temperatura política» insostenible.

Se detiene el autor en señalar a Vox y el clima de crispación que crea: «para algunos en Vox, un actor clave y el partido más derechista del espectro político español, Franco fue el salvador de España y argumentan que debería haber restitución por las 500 toneladas de oro que la República envió apresuradamente a su aliado soviético».

También reparte al PP, indicando que las «narrativas en conflicto e historias alternativas abundan». «El intento del derechista Partido Popular de culpar a los terroristas vascos fracasó cuando se hizo evidente que Al-Qaeda era el responsable», recuerda el autor. «Los partidarios del Partido Popular se aferraron a las teorías de la conspiración durante años, lo que implica que el resultado de las elecciones posteriores fue de alguna manera ilegítimo», señala.

Rememora también que «en 2018, otro gobierno del Partido Popular cayó del poder cuando una sentencia en un caso de corrupción provocó una moción de censura. Hoy en día, los miembros del partido continúan sugiriendo que su partido fue la víctima y no el culpable y que la censura fue de alguna manera injustificada».

«Es poco probable que estas y otras disputas se concilien mediante una discusión civilizada», señala el texto. Indica el autor que «las cosas son muy diferentes a 1978, cuando los políticos acordaron enterrar sus diferencias y crear una democracia. Aquellos días de concordia y diálogo constructivo quedaron atrás: hoy en día los políticos se hablan entre sí y se pasan entre sí, pero no entre ellos».