Después de meses haciendo gala de estoicismo ante el continuo rechazo parlamentario a sus planes, finalmente el «brexit» ha podido con la primera ministra británica, Theresa May, que este miércoles anunció que dimitirá antes de que empiece la siguiente fase de negociaciones con la Unión Europea (UE).

La testarudez de May por que su acuerdo del «brexit» salga adelante le ha llevado hoy a sacrificarse a sí misma a cambio de que sus compañeros de bancada respalden el pacto de salida cerrado con Bruselas, una condición que le ha impuesto el ala dura de su formación, así como varios ministros de su gabinete.

Conseguir esto ha sido el objetivo primordial de May durante los últimos meses, a pesar de que la Cámara de los Comunes ha rechazado en dos ocasiones este documento, la primera de ellas con 432 votos en contra, la mayor derrota parlamentaria de un Gobierno en la historia moderna.

Ese fracaso llevó al Partido Laborista, principal formación opositora en el Reino Unido, a presentar el pasado mes de enero una moción de censura al Ejecutivo de May que, con todo, consiguió salvar por 19 votos.

Antes de eso, la líder «tory» sobrevivió en diciembre a una moción de confianza convocada por su propio partido, en la que recabó 200 votos a favor y 117 en contra.

Aunque de cada una de estas victorias salió reforzada, las humillaciones no solo por sus fracasos parlamentarios, sino también por las continúas críticas públicas de los diputados más euroescépticos de su partido han ido erosionando poco a poco, pero sin tregua, la imagen de esta política.

La complejidad de la situación que acababa de comenzar cuando accedió al cargo en julio de 2016 no fue impedimento para que May (Eastbourne, 1952) diera un paso al frente y, a pesar de haber hecho campaña por la permanencia en el bloque comunitario, se hiciera cargo del país, tras la dimisión de su predecesor, David Cameron.

Desde apenas semanas después del referéndum del 23 de junio de 2016 que dio la victoria al «brexit», la líder «tory» ha estado al frente del país durante tres tumultuosos años en los que ha puesto a prueba su capacidad de resistencia.

Comparada en muchas ocasiones por su firmeza a la hora de trabajar con la «dama de hierro», Margaret Thatcher, May inició su andadura política en 1986, después de haber trabajado seis años en el Banco de Inglaterra, y entró a formar parte como diputada de la Cámara de los Comunes en 1997.

Casada desde 1980 con Philip May, al que conoció en la Universidad de Oxford donde estudió Geografía, al entrar en el Parlamento comenzó rápidamente a ascender dentro del Partido Conservador.

Primero fue portavoz de Educación, en 2002 fue nombrada presidenta honoraria de la agrupación bajo el liderazgo de Iain Duncan Smith y, durante los siguientes años, ocupó cargos relevantes mientras la formación se mantuvo en la oposición como Transporte, Cultura y Deportes, Trabajo y Pensiones.

En 2010, durante el mandato de David Cameron, fue titular del departamento de Interior, cargo que ocupó simultáneamente con el de ministra de Igualdad y Mujer hasta 2012 y que mantuvo hasta que sucedió a Cameron como primera ministra en 2016.

«‘Brexit’ significa ‘brexit'» fue su máxima al acceder a su nueva posición tras el histórico referendo por el que el Reino Unido se condenó a romper con el bloque comunitario.

Menos de un año después de ocupar el número 10 de Downing Street, May sorprendió al convocar elecciones anticipadas en junio de 2017 -estaban previstas para 2020- a fin de garantizar certeza y seguridad de cara a las negociaciones del «brexit».

Una estrategia que le salió al revés, al perder la mayoría absoluta que había recabado Cameron en 2015, con doce escaños menos que entonces, y que le obligaron a formar un Gobierno en minoría con el apoyo de los diez diputados del Partido Democrático Unionista (DUP) de Irlanda del Norte.

La «premier» inició entonces infatigables meses de negociaciones con el bloque comunitario, durante los cuales fue perdiendo a ministros por el camino como Boris Johnson, David Davis, Dominic Raab o Esther McVey, además de otro puñado de cargos menores, por desavenencias en su estrategia del «brexit».

Aun así, May consiguió continuar al mando de un barco que cada vez hacía más aguas y sellar un acuerdo con Bruselas en noviembre de 2018 que parecía el principio del fin del caos del «brexit» y que, sin embargo, ha terminado convirtiéndose en la sentencia final de la travesía de esta política en Downing Street.

Por Paula Baena Velasco