Thomas Piketty (Clichy, 1971), economista francés especialista en desigualdad económica y distribución de la renta, contribuyó a colocar las desigualdades de rentas y patrimonio en el centro del debate en Europa y Estados Unidos gracias a su libro El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica), que lo consagró como uno de los economistas más influyentes de su generación.

Una de las medidas más destacadas que propone para reducir las desigualdades y para que todos los ciudadanos puedan contribuir a la economía es un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los multimillonarios. Tal y como asegura, «el objetivo es hacer circular la propiedad, permitir que todo el mundo acceda a ella».

El impuesto sobre la propiedad que propone el economista «permitiría financiar una herencia para todos de 120.000 euros a los 25 años. Ahora la mitad de la población no posee patrimonio. Aunque uno tenga un buen diploma y un buen salario, puede que una parte importante del salario sirva para pagar toda la vida un alquiler a hijos de propietarios y carezca de medios para crear su propia empresa».

Piketty propone un sistema de socialismo participativo. «También se puede hablar de economía participativa o circular. La idea es que necesitamos la participación de todos, no solo en la vida política, sino también en la económica. No puede haber una hiperconcentración del poder en un número reducido de personas».

«El poder debe circular. Y este movimiento está en marcha: el capitalismo hoy es diferente al del siglo XIX. El capitalismo puro consistiría en concentrar todo el poder en los propietarios y los accionistas, poder despedir a quien uno quiera y cuando quiera, o triplicar el alquiler al inquilino de la noche a la mañana. Un capitalista del siglo XIX vería como una herejía las reglamentaciones actuales para limitar los derechos de los propietarios», asevera el economista.

El economista francés avisa que si no se hace nada ante el aumento de las desigualdades, el riesgo es una explosión de la Unión Europea, otros Brexit: «O bien una toma del control por parte de movimientos xenófobos. Puesto que no logramos regular el capitalismo, hacer pagar impuestos a los más ricos y tener una economía más justa, nos desatamos golpeando a los pobres de origen extranjero. Lo hemos visto en la historia europea, o de Estados Unidos con la segregación racial. Mejor no probarlo», concluye.