Ibai Otxoa

En el día a día, veo ocasionalmente banderas de España (la rojigualda, se entiende). En muchos contextos distintos, y de muchas formas distintas. Esto sigue pasando a pesar de que vivo en Bizkaia.

Calculo y deduzco que hay sitios donde es menos frecuente ver banderas de España; probablemente, en Euskadi y en Catalunya es donde menos se ven. Esto lo digo tanto por lo que veo y oigo desde aquí como por lo que yo mismo he viajado por la Península Ibérica, vaya; en muchas localidades fuera de estas dos comunidades he visto auténticas sobredosis de banderas, colgadas en balcones, expuestas en todas las tiendas en forma de camisetas, gorras, pulseras, tirantes, tazas, etc.

Por tanto, si leo que han agredido a alguien por llevar los colores de la bandera de España, me resulta difícil de creer. Al margen de asuntos éticos, es una pura cuestión estadística: si hubiera gente dispuesta a agredir a quien lleve la bandera de España, veríamos este tipo de agresiones constantemente, pues la bandera de España está en muchísimos lugares; sin embargo, esto no sucede.

Pero eso no es todo: la verdad es que ya veníamos de ver un caso similar recientemente. La madrugada del 22 al 23 de enero de 2017, una joven de 19 años, luciendo una pulsera con la bandera de España, salía a la puerta de un bar de copas, donde recibió una paliza a manos de un grupo de personas encapuchadas. Al día siguiente, los medios hablaban de una paliza motivada por la pulsera. No tardó mucho tiempo en salir una verdad más contundente: la joven, Lucía L.G., era una conocida militante neonazi apodada “la Intocable”.

De hecho, menos de dos meses después, era la Intocable quien era detenida por su vinculación con una banda neonazi bastante agresiva; al parecer, participó en una “reyerta” –así la denominan los medios- en la que salió herida una mujer de 50 años. Antes de eso ya tenía un amplio historial de agresiones racistas del que siempre salía impune, de ahí su apodo; por ejemplo, otra agresión ocurrida en los carnavales de Cabezo de Torres en 2016, como reveló La Haine. El historial de la Intocable parece dar otros motivos para ser blanco de una agresión; pero los medios sólo se hicieron eco de su versión. Fue ella misma la que narró al diario La Verdad que le «pegaron porque llevaba una bandera de España en una pulsera; sólo por eso”.

Por tanto, la noche del 8 de diciembre de 2017, la estrategia a seguir ya era clara. Quien tenía que declarar ya sabía lo que tenía que decir: que Rodrigo Lanza golpeó a Víctor Laínez hasta matarlo debido a que Laínez llevaba unos tirantes con la bandera de España.

Basándonos únicamente en lo que comentaba en los primeros párrafos sobre lo surrealista de que alguien golpee a otra persona por ver la bandera de España, y más en Zaragoza, y en el antecedente de la Intocable –así como algún otro con menos repercusión mediática-, mucha gente deducimos que ahí se estaba ocultando información importante. Y esa información no tardó en llegar.

Víctor Laínez era un ex legionario, militante de la Falange, relacionado con movimientos neonazis. Enseguida se difundió la foto de Laínez acompañado de un amigo que lucía una camiseta con la inscripción “Heil Hitler”. Casualidades de la vida, Laínez no parecía tener muchos amigos, porque precisamente el de la camiseta de “Heil Hitler” era el mismo que había dado a los medios la versión de que la agresión estuvo motivada por los tirantes.

Tirantes que, al parecer, eran difíciles de ver. La mayor parte de los testigos no los vio, y tampoco han aparecido como prueba; la acusación apunta a que “debieron de perderse durante las maniobras de reanimación”.

Lo primero y más importante que hay que destacar, por tanto, es que, aún en caso de tratarse de un asesinato, sí se podría decir sin lugar a dudas que Víctor Laínez no fue asesinado por llevar unos tirantes con la bandera de España, si no, en todo caso, por nazi. Esto ya es una diferencia sustancial respecto a lo que dicen muchos medios en sus titulares. Hay quien piensa que esto no es una diferencia significativa; y hay quien piensa que sí. Por ejemplo, el nazi de la camiseta de “Heil Hitler”, evidentemente, piensa que sí, o no se habría molestado en mentir.

Sin embargo, VOX no dejó pasar la oportunidad de hacer propaganda. Los líderes del partido rápidamente se sacaron una foto vestidos con tirantes con la bandera de España, como los que, según ellos, habían motivado la agresión, y luciendo una foto del fascista muerto en homenaje a él.

Y no sólo eso: VOX también se presentó como acusación particular en el juicio. Luego veremos por qué esto llega a ser bastante relevante.

En cuanto al transcurso de la agresión en sí, una de las cosas más relevantes es saber si Laínez sostenía un cuchillo, como afirmaba Lanza, lo que es un argumento importantísimo a favor de la tesis de la autodefensa. El cuchillo lo vieron Lanza y otros tres testigos, que son, precisamente, sus amigos, lo que no ayuda como prueba de objetividad. La mayoría de medios recoge que el cuchillo no apareció, por lo que probablemente no existiera; pero eso no es del todo cierto. Sí que apareció una navaja y fue entregada al juzgado. El testigo que recogió el cuchillo se lo comunicó antes al abogado de la defensa que a los investigadores, lo que ha llevado a sospechas de que pudiera ser una estrategia de la defensa y aquel arma no saliera de aquella noche en el bar. Por su parte, El Periódico informaba el 14 de septiembre de 2018 de que “el ADN revela que la navaja hallada no era de Víctor Laínez”. En este sentido, desde luego, yo no tengo la más remota idea de por qué un análisis de ADN podría revelar si la navaja era o no de Laínez.

Como último comentario acerca del cuchillo, decir que por internet circulan fotografías de Laínez exhibiendo una navaja que dan a entender que, al menos de vez en cuando, sí portaba una.

Tras la discusión sobre si Laínez iba o no armado, se presenta otra: ¿y Lanza? Muchos medios han difundido que es probable que golpeara a Laínez con un objeto contundente que le fracturó el cráneo, lo que fue la causa de la muerte. La lesión estaba situada en la parte trasera del cráneo, lo que además ha animado a especular que Lanza atacó a Laínez por la espalda, como afirma el dueño del bar.

Sin embargo, hay otra hipótesis que encaja mejor: que Lanza golpeó a Laínez con las manos desnudas en la cara, éste se desplomó hacia atrás y se partió el cráneo al golpear contra el suelo en su caída. El médico forense ve más creíble esto: afirma que la lesión en el cráneo es compatible con una caída de Laínez hacia atrás, considerando su peso y altura; pero no encaja muy bien con la hipótesis de que Lanza le golpeara con un objeto contundente, puesto que el objeto “habría hundido el hueso y no se hubiera producido una fractura lineal”.

Nótese que esto descartaría dos agravantes importantes para Lanza: no habría golpeado al fascista con un objeto y por la espalda, sino con las manos desnudas y de frente. Eso encaja mucho mejor en la hipótesis de la autodefensa. También huelga decir, claro, que el presunto objeto no se ha encontrado por ningún lado, lo que nuevamente favorece al acusado. Y, por supuesto, atacarle con las manos desnudas tampoco delata una intención de matarle, aunque eso creo que también queda claro en la mayor parte de las otras hipótesis; parece evidente que no buscaba la muerte de Laínez.

Pero, pasados estos argumentos, la cosa no pinta muy bien para Lanza. En parte, por la declaración de uno de los testigos, el dueño del bar. Éste reafirma la hipótesis de la acusación, lo que no es de extrañar considerando que Laínez era cliente habitual de su bar; de hecho, algunas versiones incluso afirman que fue el dueño del bar el que le pasó a Laínez el cuchillo para que apuñalara a Lanza. Con suerte, las declaraciones del dueño del bar se podrían desestimar porque sabemos que ha dicho que Lanza atacó a Laínez por la espalda, y sabemos que el médico forense, en base a las lesiones, lo considera improbable.

La psicóloga forense, Cristina Andreu, tampoco le favorece. Sus mensajes en Twitter revelan una simpatía considerable por VOX, lo que ha llevado a la defensa de Lanza a plantear una recusación, pero ha sido rechazada. “Antes de existir VOX ya me pronunciaba sobre las autonomías, y si ahora coincido con VOX, pues bien”, ha llegado a decir la psicóloga, que asegura que “se va a contener” a la hora de difundir artículos y noticias desde la perspectiva de VOX. Y éste es un problema grave por lo que comentaba antes: el hecho de que VOX sea precisamente la acusación particular en este caso. O sea, en cierto sentido, la psicóloga forense, que se supone que debería ser neutral y objetiva, es “parte” de la acusación particular, en el sentido de que simpatiza con un partido que forma parte de la acusación. Eso, desde luego, no favorece en absoluto a Lanza, ni tampoco a la supuesta imparcialidad de la Justicia en general, la verdad.

Quizá aún más sorprendente es que algunos medios y gente en general se haya empeñado en destacar los antecedentes de Lanza como prueba de que éste es una persona violenta. El problema es que con antecedentes se refieren a la condena por lesiones graves a un guardia urbano en Barcelona que quedó sobradamente demostrada que era un montaje policial. En este sentido no creo necesario profundizar mucho, porque estamos hablando de un caso muy mediático –debido, en parte, a que llevó al suicidio de otra de las acusadas, Patricia Heras- y ya ha sido sobradamente tratado en muchas partes, incluido el excelente y siempre recomendable documental Ciutat Morta. El caso se puede resumir en que alguien tiró una maceta desde un piso alto a un guardia urbano, y fueron detenidos gente como Rodrigo Lanza que estaba a pie de calle, haciendo totalmente imposible que fueran los culpables; pero insisto, el documental Ciutat Morta lo explica con todo lujo de detalles y es difícil que al espectador le queden dudas sobre la inocencia de Lanza en ese caso.

Queda a juicio de cada cual decidir si es una extraordinaria casualidad que Lanza haya sido implicado en dos montajes –ya sean judiciales, policiales, mediáticos o todo ello junto- distintos. Una segunda opción sería que, por desgracia, los montajes están hoy tan a la orden del día que ni siquiera es de extrañar que a una persona que se declara antifascista le involucren en dos. Una tercera opción sería que cuando vieron que la persona que había matado a un falangista ya tenía antecedentes por un montaje policial, algunos se frotaron las manos y pensaron: “joder, seguro que ahora cuela otro”.

Pero, para evitar seguir adentrándome en el terreno de las especulaciones, probablemente será más provechoso decir directamente lo que sé, lo que no sé, lo que creo y lo que no creo.

Creo que Rodrigo Lanza se defendía de un fascista peligroso. No sé si dicho fascista llevaba un cuchillo o no. No sé si llevaba unos tirantes con la bandera de España, aunque sé que, en caso de llevarlos, no fueron el motivo de la agresión. Creo que los medios de comunicación y algunas de las partes que participan en el juicio ya han dictado condena en sus cabezas, sin pararse a escuchar la versión de Lanza. Sé que los montajes policiales, judiciales y mediáticos están a la orden del día. No creo que Rodrigo Lanza vaya a salir bien parado de esto. Creo que el resultado va a ser injusto.


Ibai Otxoa

Graduado en psicología y especializado en drogodependencias. Escribo regularmente en mi blog, Kallixti, e irregularmente en muchas otras webs, revistas digitales, blog o sobre papel. Entre éstas se encuentran Nueva Revolución, Ultratumba, Exégesis, Axxón, Espacio Ulises, Furor Vlog, Penumbria o Freak!

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