La fuga de Juan Carlos es un escándalo que muestra la prepotencia y autoritarismo de una institución que se considera muy por encima de sus súbditos, a los que no debe rendir cuentas ni siquiera de sus fechorías. La monarquía ha quedado enfangada, porque, más grave que Juan Carlos se haya fugado, es que entre el Rey y el Gobierno han pactado que era “lo mejor” para el país”. Pedro Casas

Pienso que los hijos no tienen por qué cargar con las culpas, errores, delitos y responsabilidades de sus padres, y no siempre de tal palo tiene que salir tal astilla. Pero es imposible pasar por alto la condición de heredero de quien encabeza una institución hereditaria. Difícil olvidar al padre cuando la base de la monarquía es la filiación. Cómo desvincular al actual rey de su progenitor, cuando es su condición de “hijo de” la que lo ha convertido en jefe del Estado: ni sus estudios, ni su experiencia, ni sus méritos o trabajos, ni por supuesto ninguna elección democrática. El único motivo por el que ocupa el trono es por ser hijo de Juan Carlos I. No hay más”. Isaac Rosa

Por Rafael Silva

No contento con defender la figura del Rey Emérito en rueda de prensa, y para apagar el clamor republicano de un sector de su partido (Juventudes del PSOE), el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pocos días después, mandó carta a la militancia de su partido, volviendo a resaltar la idea que ante los periodistas había defendido en torno a la huida del Rey Emérito y sus posibles consecuencias para la institución, a saber: “Se juzga a las personas, no a las instituciones”. Para empezar, señor Sánchez, todavía no hemos juzgado a esa persona, la figura del ex Jefe del Estado, Rey Juan Carlos I, porque durante todo su reinado ha sido inviolable según la Constitución, y después de su abdicación, parece que también quieren mantener su inviolabilidad, de ahí lo de la figura del “Emérito” sacada de la chistera, sin precedentes en ningún país del mundo. Luego por tanto, primero habrá que juzgarlo. Pero resulta que si defendemos su huida del país como “una decisión privada”, como quien compra una entrada para ir al cine, en vez de denunciar dicha huida como se hubiese hecho con cualquier otro ciudadano, estamos poco menos que sembrando, de nuevo, una alfombra roja para continuar con la impunidad. Juan Carlos está siendo investigado por la justicia, huye del país…¿y aquí no pasa nada? ¿Qué comentarios se harían si cualquier otra persona está siendo investigada y huye del país? ¿No les faltó tiempo para declarar a los independentistas catalanes que tuvieron que exiliarse como “prófugos de la justicia”? 

Pero en segundo lugar, señor Sánchez, aquí no podemos aplicar la máxima “Se juzga a las personas, no a las instituciones”, ya que la persona ES la institución, y la institución ES la persona. No hay más. El Rey es la institución, es decir, la Corona, y la Corona es el Rey. Es una institución unipersonal, no colegiada. La Corona no es un partido político, ni una asociación, ni el Gobierno de un país, ni un equipo de fútbol, donde si algún integrante sale rana, podamos asegurar que ha fallado dicha persona, pero no la institución. Aquí es distinto. Luego por tanto, en la Corona es evidente que si falla la persona, falla la institución, o al menos, fallan los resortes legales, jurídicos, políticos y sociales que la mantienen. Y ahí es donde llegamos al intríngulis de la cuestión: son precisamente esos resortes legales, jurídicos, políticos y sociales que mantienen a dicha institución, los más interesados en que dicha institución no se cuestione, no se critique, no se manche, no sea objeto del debate popular, porque todo ello pondría en serio peligro la continuidad del régimen del que disfrutan. Es éste el motivo último por el que los partidos políticos del régimen y la clase empresarial, junto con la clase mediática (que también depende de la clase empresarial) están empeñados desde el comienzo del reinado de Juan Carlos I, y ahora del de su hijo, en acallar todo tipo de críticas, y sobre todo de rebeliones populares que cuestionen la propia institución de la Monarquía. Para todos ellos, y a ello responde la conducta del Presidente Pedro Sánchez, la Monarquía ha de ser preservada (ellos lo esconden bajo el eufemismo del “pacto constitucional”), porque la Monarquía representa la última garante de que el país funcione dentro de unas coordenadas determinadas, fijadas desde el fin del franquismo. 

Pero veamos otro asunto: ¿Tiene un Rey vida privada? Pues como no sea a la hora de entrar al baño…Un Rey nos representa a todos en todo momento, hasta cuando entra a un estanco a comprar tabaco. La conducta de un Jefe de Estado (sea éste monarca o Presidente del país) ha de ser escrupulosamente cuidada tanto en sus formas como en el fondo, no se puede jugar a ser Rey durante el día y borbón (perdón, quería decir bribón) por la noche, y pretender que el pueblo separe ambas esferas. Hay que tener en cuenta que no estamos hablando de un cualquiera que, en decisión absolutamente privada, abandona el país por decisión libre, sino que estamos hablando de quien ha sido Jefe del Estado durante 39 años, y es padre del actual Jefe del Estado. Luego por tanto…¿Qué implica realmente una inviolabilidad? Pues parece que no hemos avanzado mucho desde los Reyes Católicos hasta aquí, aunque hayan transcurrido más de cinco siglos. Desde entonces acá los Reyes se creen Dioses, porque precisamente así lo configuran los súbditos que lo bendicen como tal. Un ser inviolable es absolutamente intocable, haga lo que haga. Un ser inviolable es aquél que puede cometer todas las fechorías que le apetezcan, con la seguridad de que nunca va a existir ningún reproche hacia él. Un ser inviolable es una aberración legal e institucional en toda regla. Pues así es como hemos mantenido la figura de Juan Carlos durante todo su reinado, y así es como mantenemos en la actualidad la figura de su hijo, el Rey Felipe VI. Hay que recordar que mientras era inviolable y cometía todas sus tropelías, era difundida su imagen “campechana” e intachable por parte del Gobierno de turno y de los medios de comunicación, luego por la misma regla de tres, si su hijo Felipe las estuviera cometiendo ahora…¿tendremos que esperar a su abdicación para poder enterarnos de ellas? La inviolabilidad es un auténtico despropósito, inconcebible de imaginar en sociedades del siglo XXI, que además presumen de ser “democráticas”, cuando sus dirigentes no tienen ni idea de qué significa esta palabra. 

Y según la Vicepresidenta Carmen Calvo, “el Rey Emérito no huye de nada, porque no está inmerso en ninguna causa judicial”….luego entonces…¿por qué abandona el país? ¿Qué sentido tiene abandonar un país pero decir que “permanece a disposición judicial”? Si alguien quiere permanecer a disposición judicial de los jueces y fiscales de un determinado país, ¿qué sentido tiene que huya de él? Es otro de los absurdos argumentos que hemos tenido que escuchar estos días. Digámoslo sin paños calientes: el Emérito ha huido del país como una estrategia no solo de evasión de la justicia, sino como una decisión desesperada para intentar salvar in extremis a la Monarquía, y que las corruptelas del padre enfanguen al hijo lo menos posible. Pero todas las estrategias terminarán fallando, porque no es posible mantener por más tiempo una institución que se cae a pedazos ella solita, pues ella sola está demostrando su inutilidad, su autoritarismo y su anacronismo. 

Es absolutamente preciso acabar con la Monarquía, por mucho que se pretenda calificar este asunto como una cuestión “no urgente”… De lo contrario, ¿por qué los partidos del régimen se empeñan tanto en su enconada defensa? Tomo las palabras de Pedro Casas, quien en este estupendo artículo ha afirmado:La monarquía es el soporte de muchos de los privilegios, no sólo de la casa real, sino de un empresariado rentista y parásito del estado al que apenas paga impuestos, de unas instituciones infectadas de franquismo, de unos representantes públicos que utilizan su cargo para enriquecerse, de una nobleza que sigue manteniendo sus cortijos y cotos de caza mientras los agricultores no tienen tierras donde poder trabajar. Se necesita acabar con la monarquía para desbloquear todas estas situaciones, y poder así crear condiciones que permitan la mejora de los derechos las y los trabajadores, de tener unos servicios públicos de calidad, de tener acceso digno a la vivienda y otros derechos básicos para la vida, entre otros avances lastrados ahora por el régimen”. En efecto, es la Monarquía la base de una pirámide que garantiza en nuestro país privilegios para unos pocos, y pobreza para muchos. Es, por tanto, no solo urgente, sino un asunto capital poder abolirla y aspirar a una República que desmantele todas estas profundas desigualdades e injusticias que nos aquejan. 

Rafael Silva. Blog “Actualidad Política y Cultural”, http://rafaelsilva.over-blog.es