Por Pilar Expósito Cortés

Fotografía de Txefe Betancort

La COVID-19 ha permitido que, por primera vez, hayamos visto a dirigentes poner por delante la vida de las personas a los intereses económicos. De hecho, quizás una de las lecturas más positivas que podemos sacar de la experiencia del estado de alarma fue que como sociedad, hemos ganado conciencia de que la mayoría de los trabajos que no pudieron parar, aquellos que se perfilaron como esenciales, también son los peor pagados y los más precarios.

Una parte importante de estos trabajos, además, son sectores altamente feminizados. Por ejemplo, la inmensa mayoría de auxiliares de dependencia, trabajadoras del hogar o limpiadoras de edificios y locales son mujeres, y comparten varias características que contribuyen a su precariedad, como son la parcialidad de los contratos y los bajos salarios, condiciones que en muchos casos no permiten salir a sus profesionales de la pobreza aunque estén trabajando. De hecho, en su mayoría estas mujeres no pudieron parar de trabajar durante todo el estado de alarma, ya que de sus trabajos dependían la vida y la salubridad de muchas otras personas.

En nuestro país un 3% de la población requiere ayuda de mayor o menor magnitud para poder efectuar sus actividades fundamentales. Por ello, desde CCOO de Construcción y Servicios defendemos que el sector de ayuda a domicilio, que ocupa a cerca de 260.000 trabajadoras, por su carácter esencial debe estar en la agenda política del Gobierno, no solo para el soporte de la población a la que va dirigida, sino también de cara a blindar empleos y garantizar la protección adecuada de las trabajadoras.

Fotografía de Txefe Betancort

Por su parte, las trabajadoras de la limpieza son parte fundamental en la batalla conjunta para acabar con los contagios del COVID-19, a pesar de lo cual siguen sin contar con el apoyo requerido por parte de las administraciones y empresas para afrontar sus diferentes tareas con garantías en cuanto a medidas de protección se refiere. Esto último ha conllevado a que muchas trabajadoras de limpieza de hospitales fueran contagiadas durante lo peor de la pandemia, algunas con serios problemas de neumonía.

Respecto a las trabajadoras del hogar, según el Ministerio de Trabajo existen 393.865 afiliadas al Sistema Especial de Empleadas del Hogar, datos que no reflejan la realidad ya que se trata de un sector con un alto porcentaje de empleo sumergido, pudiendo llegar a ser casi el doble. La indefensión social y jurídica a la que están expuestas es un anacronismo más propio de otros tiempos y sin duda una de las más evidentes formas de abuso laboral en la actualidad. Desde CCOO de Construcción y Servicios denunciamos una vez más el olvido de este colectivo, que a fecha de este escrito sigue sin haber cobrado los subsidios prometidos por el gobierno como compensación por la pérdida de empleo durante el estado de alarma.

En definitiva, a pesar de lo complicado que se presenta en futuro tras la llegada de la pandemia, al menos podemos decir que ha contribuido a visibilizar por fin la contradicción existente entre las pésimas condiciones laborales de algunas profesiones frente a su esencialidad e importancia, y esperamos que sea el comienzo de una nueva etapa, en la que este reconocimiento no tarde en traducirse en mejores condiciones laborales para todas.

Pilar Expósito Cortés es secretaria de Mujeres e Igualdad de la Federación Estatal de Construcción y Servicios de Comisiones Obreras