Rosario Andreu Furnier, secretaria de Mujeres e Igualdad de CCOO de Ceuta  

LA PANDEMIA ha dejado para sus féminas graves inconvenientes en sus dos sectores más relevantes. En primer lugar, la población autóctona femenina y, en segundo lugar, y no por eso menos importante, la población femenina transfronteriza.

Estos dos extractos de nuestra sociedad ceutí, se han visto nuevamente mermados de derechos y sumamente afectados desde el prisma social y económico.

Los sectores más feminizados han demostrado una vez más a la sociedad que han estado en el ranquin de los más esenciales de nuestra ciudad, como por ejemplo el de cajeras de supermercado, limpieza y ayuda a domicilio, estos dos últimos con un grado de peligro por contagio de coronavirus bastante evidente por falta de medidas de protección que todavía hoy padecen. El miedo a perder su trabajo, por ser en su mayoría contratos en precario, las ha sobreexpuesto sin ningún miramiento al COVID-19, ya que no han tenido elección, incluso ni siquiera las que por sus dolencias fuesen de riesgo.

Son unas 25.000 personas transfronterizas marroquíes las que solían entrar a trabajar en la Ciudad Autónoma de Ceuta a diario, con enormes problemas en la frontera que les hacía guardar colas inhumanas de ocho y diez horas, para poder iniciar en Ceuta su jornada laboral, que no siempre estaba legalmente regulada. Los sectores donde desempeñaban este trabajo eran exclusivamente hostelería, construcción, limpieza en domicilios, porteadoras o incluso prostitución.

Rosario Andreu Furnier
Rosario Andreu Furnier

Dentro de estos datos, ellas, las mujeres marroquíes, casi en su totalidad, se ocupaban de las actividades laborales más feminizadas: tareas domésticas, porteadoras y prostitución. Unos empleos feminizados y etnizados, ya que el 95,7% es realizado por mujeres extranjeras de las cuales el 98% son marroquíes.

De estos trabajos los datos más fehacientes son los de las empleadas del hogar, en febrero de este año, antes del cierre de frontera y declaración del estado de alarma, nos encontrábamos con que el número de trabajadoras dadas de alta en este sector, en la Seguridad Social, era de 2.031 regularizadas aunque hay que mencionar que es un número alto comparado con años anteriores, por los problemas que tenían en la frontera para pasar ya que si no tenían” papeles de trabajo”, como ellas lo llaman, para poder justificar que venían a Ceuta a trabajar, no las dejaban pasar. A estos datos deberíamos sumar un 70% más de las otras muchas empleadas del hogar que trabajan sin regularizar su situación.

De las contratadas, a raíz de la pandemia, se pierden en el primer mes, según datos de la Seguridad Social, más de 300 puestos de trabajo, que son dados de baja. En abril le siguen 444 más y nos tememos, aunque los datos todavía no están constatados que superemos las 1.000 mujeres empleadas de hogar dadas de baja.

Pero la importancia de todo esto radica en que el 95% de estas trabajadoras no cobra el sueldo estipulado sino una especie de pacto donde reciben 20 o 25 euros diarios si van a varias casas a la semana o de 250 a 300 euros al mes, por jornadas de mucho más de ocho horas diarias. Dinero que no están percibiendo puesto que no están realizando ese trabajo en estos momentos ya que la frontera con Marruecos se encuentra cerrada y si no pasan no trabajan y, por lo tanto, tampoco cobran.

Estos pequeños sueldos, por llamarlos de alguna manera mantienen familias numerosas que ahora mismo se han quedado sin ningún ingreso porque, además, de no tener derecho a paro no han percibido ninguna indemnización por despido.

Debo hacer mención a la lucha de las porteadoras y su trabajo fluctuante según esté la frontera y la mercancía que en ese momento puedan transportar, pongo como ejemplo que en el mes de febrero se prohibió el tráfico de textil y pasaron de trabajar dos días a la semana por ingresos que iban de los ocho euros día a los 20 por toda la jornada de trabajo. Aquí no existen datos de altas ni bajas, todas trabajaban ilegalmente. Pero dos días era más que ninguno, ahora no pueden trabajar y, por lo tanto, tampoco ingresar.

Las trabajadoras sexuales, que abandonan la ciudad a la caída de la noche y que abocadas a la clandestinidad percibían un salario de entre 25 y 50 euros día, tampoco perciben ningún ingreso en estos momentos.

A todo este elenco de miseria debemos incluir el problema de muchas transfronterizas que, con el cierre de la frontera, se han quedado en Ceuta y no les permiten regresar a sus hogares, muchas son empleadas del hogar que trabajaban sin contrato de manera interna y que ahora realizan jornadas maratonianas por poco más que cama y comida. Ésas son las que tienen suerte porque al menos tienen donde quedarse y no son confinadas en pabellones con otros cientos de inmigrantes en ínfimas condiciones.

El panorama es desolador para las trabajadoras más desfavorecidas ante las desgracias y, cómo no, esta pandemia mundial las golpea una vez más con gran crudeza.