A pie de urna en uno de los colegios electorales habilitados en la ciudad de Noida, en el norte de la India, el voto se decide en temas esenciales como qué partido busca crear empleo o impulsar el crecimiento.

Es el primer día de las elecciones generales indias, que continuarán en siete fases hasta el 19 de mayo tras empezar en más de medio centenar de distritos, a las que en total están convocadas 900 millones de votantes de la mayor democracia del mundo.

«Creo que el problema más importante que necesita ser solucionado es el desempleo», manifiesta a Efe Nilaabh Shrivastava, un joven de 24 años que trabaja en una compañía de seguros y ha pedido el día libre para acudir a votar.

¿Otras prioridades? Shrivastava hace cuentas: apoyar el crecimiento del país, seguridad nacional y lucha contra la corrupción.

Desde que los colegios electorales abrieron a las siete de la mañana (01.30 GMT), un flujo constante de personas se acerca hasta la cancha de baloncesto del colegio electoral situado en la mastodóntica urbe anexa a Nueva Delhi, sin llegar a formar una multitud.

Hombre, joven y de clase urbana, el oficinista cumple el perfil del votante del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata Party (BJP) del primer ministro indio, Narendra Modi, que busca la reelección.

«Modi, según mi análisis, ha hecho un muy buen trabajo. El tipo de liderazgo que ha mostrado en el país y el desarrollo es remarcable», dice, tras haber estudiado los programas electorales.

Y es que en los centros de Noida visitados por Efe cuesta encontrar votantes de otras formaciones políticas, o al menos que estén dispuesto a admitirlo.

La presencia a pie de urna de trabajadores del BJP equipados con bufandas azafrán, color sagrado para los hindúes, también se hace notar más que la del partido Bahujan Samaj Party (BSP), que defiende a las castas más bajas, o la de la principal formación de la oposición, el Partido del Congreso de la dinastía Nehru-Gandhi.

Esta urbe industrial forma parte de Uttar Pradesh, que con 200 millones de habitantes es la región que ocupa más escaños en la Lok Sabha, la Cámara Baja del Parlamento indio, y donde el BJP arrasó en las elecciones regionales de 2017 y en las generales de 2014.

Riddhi Sharma, una joven estudiante de 19 años que acude a votar por primera vez, cree que «quizá gane el BJP».

«He decidido cómo votar según el trabajo del partido, como qué partido está trabajando para las personas comunes y para los pobres, y por cómo entienden los problemas del hombre común», dice Sharma a Efe.

La economía y los resultados pesan, según la estudiante, menos que la retórica sobre la seguridad nacional utilizada por el conservador Modi tras un atentado suicida en la Cachemira india el pasado febrero, que se saldó con 42 policías muertos.

La India acusó al vecino Pakistán de dar apoyo a los terroristas y aseguró haber bombardeado un campamento insurgente en el país vecino, a lo que siguió un combate aéreo entre ambos países.

El veterano periodista y coautor del libro sobre los comicios indios «El Veredicto», Prannoy Roy, coincide en que el elector ha madurado y decide su voto en base al desempeño de los políticos.

«El principal factor es que ahora los votantes han reconocido que pueden castigar a los políticos que no cumplen sus promesas en sus pueblos o ciudades, y pueden recompensar a los políticos que han trabajado duro», explica a Efe.

En la jerárquica sociedad india, Roy afirma que la casta y la religión importa pero no tanto como se le suele atribuir.

«Creo que la casta y la religión es importante, pero es una simplificación excesiva decir que el 100 % de una casta vota de una forma y el 100 % de la otra de forma distinta», sentencia.

Sin embargo, a juzgar por un estudio previo a las elecciones de la base de datos de la desigualdad mundial (WID, en inglés), «el BJP y los partidos de derechas se caracterizan por el hecho de que atraen a votantes de las castas altas de forma desproporcionada».

Pero, aunque a pie de urna en Noida los votantes se inclinan por el BJP de Modi, las maratonianas elecciones indias no han hecho más que comenzar y en un país tan diverso, el resultado está lejos de ser claro.

Por David Asta Alares