Rafael Silva Martínez


Los ciudadanos hemos dejado un espacio vacío entre nosotros, los que ostentamos la soberanía, y aquellos a los que hemos llamado representantes, pero que se olvidan de representar con mucha facilidad. Enseguida dejan de parecerse a quienes les pusieron en el escaño, dejan de tener los mismos intereses. El elector se queda sin voz. La democracia muere. Y ese espacio vacío, ese hueco, lo han llenado los lobos

Lola Sánchez


 

En efecto, como una tragedia de enormes dimensiones puede calificarse lo ocurrido este pasado domingo en los comicios andaluces. La lectura resumida puede enunciarse así: debacle de la izquierda, avance muy peligroso de la derecha. La participación sufrió un gran descenso (evaluado en unos 5 puntos porcentuales a las 18:00 horas, en torno al 46%) sobre las pasadas elecciones. La abstención final fue de un 37,7%, lo que claramente ha beneficiado a las derechas. La suma de escaños de la izquierda (PSOE+AA) da 50, mientras que la suma de escaños de las derechas (PP+C’S+VOX) da 59, situándose la mayoría absoluta en 55 escaños, dentro de un Parlamento con 109 diputados/as. El orden y los escaños después de porcentajes de voto (ya sabemos que el algoritmo de la famosa Ley D’hont no es muy proporcional) es el siguiente: PSOE 33 escaños (pierde 14 escaños, y unos 400.000 votos, que habrán ido a la abstención o a otras formaciones), PP 26 escaños (pierde 7 escaños, pero no se ha visto sobrepasado por C’s, como algunas encuestas vaticinaban), C’s 21 escaños (sube 9 con respecto a las últimas elecciones, es el único partido que sube en porcentaje de votos y en escaños), AA 17 escaños (Adelante Andalucía, que aglutinaba a Podemos Andalucía y a IU-CA, pierde 3 escaños sobre su representación por separado de ambas formaciones, traducido en casi 300.000 votos menos), y por último, Vox 12 escaños (ha obtenido unos 400.000 votos, siendo la primera vez que esta formación de la derecha extrema obtiene representación parlamentaria en un Parlamento autonómico, y en general en la escena política española). El hecho por tanto de haber quedado el PSOE andaluz como primera fuerza política, no se traduce más que en una amarga derrota.

Con estos resultados, está claro que las derechas gobernarán Andalucía. No sabemos aún bajo qué pactos, alianzas o acuerdos, pero los números dicen claramente que el electorado andaluz en general se ha escorado hacia la derecha, y lo que es peor, hacia la extrema derecha. Los discursos no se hicieron esperar: Susana Díaz apela a la responsabilidad de cada fuerza política para no llegar a acuerdos con una fuerza que «se sitúa fuera de la Constitución» (en referencia a Vox), AA (y Pablo Iglesias, en concreto) llaman a la «unidad de un frente antifascista», y las tres derechas más contentas que unas castañuelas (andaluzas) por haber obtenido los resultados anteriormente descritos. Es posible no obstante que aún tengamos que esperar cierto tiempo hasta ver configurado el nuevo Gobierno andaluz, ya que tanto PP como C’s alegan sus respectivos resultados para reclamar la Presidencia de la Junta de Andalucía. El PP alega que quiere liderarlo por ser la segunda fuerza política, mientras que Ciudadanos alega que ellos/as han sido la única fuerza política que ha subido tanto en votos como en escaños. Ambos se reclaman como valedores del «cambio» en Andalucía. Por su parte, los de Vox, con su agresivo discurso ultranacionalista, xenófobo y machista, conservadores hasta las trancas, y adalides del capitalismo hasta la médula, se congratulaban en el Hotel sevillano que les sirvió de cuartel general, exhibiendo banderas españolas (no andaluzas), y coreando al unísono «Adiós, Susanita, adiós», en clara referencia a la obligada despedida de Susana Díaz.

Bien, ante esta tragedia electoral, ante estos resultados desoladores, debiéramos plantearnos la pregunta de rigor: ¿Por qué? ¿Cómo es posible que hayamos llegado a esta situación? A mi modesto juicio, sólo hay uno, que es el fracaso de la socialdemocracia (llamado aquí aún de forma vergonzante «socialismo»), representada en nuestro país por ese partido que responde a las siglas de PSOE (Partido «Socialista» «Obrero» Español), pero que debería quedar en PE (Partido Español), ya que es lo único cierto, sobrándoles la S de «Socialista» y la O de «Obrero». ¿Y esto por qué? Pues porque es la única formación «de izquierdas» que lleva gobernando desde 1982, y ello tanto a nivel nacional (quitando por supuesto los períodos donde se ha alternado con el PP) como en el propio feudo andaluz, donde se creían los amos del cortijo, gobernando durante casi 40 años de forma ininterrumpida. Como ya hemos explicado en otros artículos de este Blog, el PSOE-A ha funcionado a base de tejer extensas redes clientelares por toda la geografía política andaluza, pero no es siquiera esto lo más destacable. Lo peor de todo es que, como decimos, ha lastrado, pervertido y prostituido los auténticos valores de la izquierda, hasta confundirlos y llevarlos a su mínima expresión (por no hablar de la corrupción endémica que afecta a este partido, también en Andalucía). Y este fraude del «socialismo» se ha manifestado no sólo por la traición sin complejos a los principios y valores de la izquierda, sino también por sus modos y formas de gobernar, y por lo que ha dejado de hacer durante sus mandatos, por ser medidas absolutamente prioritarias en un Estado que se autodenomina Democrático y de Derecho.

Algo tan simple como prohibir por Ley la exaltación franquista. Con algo tan simple como esto formaciones políticas como Vox (y el PP y C’s también, aunque ya se hubieran cuidado de no hacerlo), simplemente, estarían ilegalizadas. No existirían, no podrían figurar en ningún Parlamento, toda vez que una Democracia que no se proclame inequívocamente antifascista es un oxímoron en sí misma. Sin embargo, nunca se ha hecho. O algo tan simple como cumplir nuestra Constitución de 1978, esa que estos días vanaglorian precisamente estas fuerzas políticas (PP, PSOE C’s, que se autodenominam «constitucionalistas»), pero cumplirla no sólo en lo que a los poderes fácticos les interesa, sino cumplirla a rajatabla en su totalidad. Y no vamos ya a referirnos a los consabidos derechos al trabajo, a la vivienda, etc., incumplidos flagrantemente durante décadas (que también), sino también en otros muchos artículos. Pondremos tan sólo un ejemplo reciente: las empresas Vestas y Alcoa (entre otras muchas durante este año) eran prácticamente desmanteladas en sus respectivas fábricas, y los trabajadores comenzaron lógicamente a ejercer presión y a plantear el conflicto laboral. Pues bien, nuestra Constitución Española dispone en su Artículo 131 lo siguiente: «El Estado, mediante Ley, podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución. El Gobierno elaborará los proyectos de planificación, de acuerdo con las previsiones que le sean suministradas por las Comunidades Autónomas y el asesoramiento y colaboración de los sindicatos y otras organizaciones profesionales, empresariales y económicas. A tal fin se constituirá un Consejo, cuya composición y funciones se desarrollarán por ley«.

Pues bien, ante los casos de las empresas citadas, y preguntada la Ministra del ramo por parte de la prensa sobre si el Gobierno tenía intenciones de nacionalizar la empresa, o bien de colaborar con los trabajadores para su establecimiento en régimen cooperativo (y de esta forma no perder los puestos de trabajo), la Ministra contestó de esta forma: «…¡Es que aquí no estamos en un régimen comunista!«. Y se quedó tan pancha. En fin, podríamos poner muchos más ejemplos, pero creo que está claro nuestro mensaje: los Gobiernos del PSOE no han ido en la línea de consagrar nuestros derechos sociales, económicos y laborales, ni tan siquiera haciendo respetar y aplicar el articulado de la Constitución que prevé claramente estos casos. Se ha optado siempre por la imposición de la lógica del mercado, lo que tuvo su cénit cuando el Gobierno de Zapatero acordó con el PP la modificación del artículo 135 CE para que diera preferencia absoluta al pago de la deuda frente a la consecución de cualesquiera otros derechos al conjunto de la ciudadanía. Todo ello además no podemos verlo como una foto fija, sino como una secuencia histórica, desde 1982 hasta la actualidad, lo que provoca que la conciencia de las clases más vulnerables, de las clases populares y trabajadoras, se vea seriamente atacada. Se adulteran los valores, se cultivan las prácticas corruptas y clientelares, se olvidan los principios, la ética y el honor, se sacrifican los más sagrados postulados, y se traiciona desde entonces y de forma continua al electorado de izquierdas. Si a todo esto le unimos la escasa formación intelectual y madurez política de cierta parte de la ciudadanía, ávido de probar a «votar a otros» sin calibrar la dimensión de sus consecuencias, ya tenemos el escenario completo. Cuando la sociedad se abandona, cuando todo está pervertido, cuando todos los valores y principios han sido prostituidos, entonces se va creando poco a poco el caldo de cultivo social más idóneo para que surjan los monstruos. El monstruo en este caso se llama Vox, y acaba de irrumpir nada más y nada menos que con ¡12 escaños! Si yo fuera creyente diría aquéllo de: ¡Que Dios nos coja confesados!

Pero no toda la culpa es para el PSOE. La formación morada (tanto a nivel nacional como en Andalucía) también tiene mucha responsabilidad en lo ocurrido. No ha cosechado ni 600.000 votos en toda Andalucía, por lo cual incluso la vía de pactar con el PSOE de Susana Díaz se ha esfumado. Y decimos que también tiene responsabilidad por su creciente «suavización» del discurso, un discurso que Vox tilda aún así de «comunismo chavista». Desde que apareciera en 2014, lo que tenemos actualmente es un (Unidos) Podemos muy descafeinado, que ha abandonado gran parte de sus propuestas originales (por considerarlas inviables o radicales), tales como la Renta Básica Universal, o la nacionalización de las empresas de los grandes sectores estratégicos de nuestra economía. Hoy día, las propuestas de Unidos Podemos y sus confluencias se encuadrarían (hasta sus dirigentes lo han admitido) en una socialdemocracia de baja intensidad, pues están renunciando incluso a hablar de la instauración de la Tercera República y de Procesos Constituyentes populares para crear toda una renovada Carta Magna, mandando a paseo al obsoleto y antidemocrático Régimen del 78.  Se intenta de esta forma llegar a un electorado más numeroso y moderado, pero en vez de conseguir esto, lo que consiguen es una desafección mayor de toda la izquierda, que apuesta por la abstención. Por su parte, ese electorado «moderado» prefiere apostar por otros partidos. Ahora, con Vox en el Parlamento andaluz, entiendo que habrá razón más que suficiente para radicalizar el discurso de la izquierda transformadora, si no queremos vernos reducidos a cenizas. Si esto fuera una partida de ajedrez, diríamos que nos están dando «Jaque a la Democracia».