El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere detener el movimiento que está sacando las costuras del sistema estadounidense al exponer el racismo institucional que lleva demasiados años instaurado.

Para ello, ha anunciado este domingo a través de sus redes sociales que designará como organización terrorista al movimiento antifascista Antifa, a quienes acusa de liderar la violencia en las protestas que se suceden por todo el país en protesta por la muerte de George Floyd. «Los Estados Unidos de América designarán a ANTIFA como una organización terrorista», señaló.

La representante demócrata Alexandria Ocasio-Cortez, una acérrima crítica de Trump, no tardó en responder al presidente y se preguntó por qué el FBI no trata a los supremacistas blancos como grupos de terrorismo interno.

«Insistieron (los representantes del FBI) en que esa era una línea que no se puede cruzar a pesar de la violencia clara y selectiva en la que participan los supremacistas blancos, porque los riesgos para las libertades civiles eran demasiado elevados», dijo Ocasio-Cortez.

Paralelamente al anuncio de Trump, el fiscal general, William Barr, emitió una declaración en la que aseguró que el Departamento de Justicia activará a las 56 oficinas de la Fuerza de Tareas Conjunta del FBI para identificar a «grupos radicales y agitadores externos» que aprovechan para «seguir su propia agenda». «La violencia instigada y llevada a cabo por la Antifa y por otros grupos similares en relación con los disturbios es terrorismo doméstico y será tratada en consecuencia», advirtió Barr.

El movimiento Antifa nació tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, se han hecho cada vez más activos contra las manifestaciones de los supremacistas blancos. Los activistas de la Antifa son a menudo identificados por Trump y sus seguidores como «alt-left», contrapuestos a la «alt-right» (derecha alternativa), la extrema derecha estadounidense y el ala más conservadora del país.

El verano pasado Trump ya amenazó con designar a Antifa como grupo terrorista. Desde que Trump llegó al poder, los enfrentamientos entre los supremacistas blancos y los antifascistas se han recrudecido y en algunos documentos confidenciales del Departamento de Seguridad Nacional se ha llegado a calificar la violencia de grupos como Antifa de “terrorismo doméstico”.