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El Gobierno del presidente de EE.UU., Donald Trump, volvió este martes a golpear a Irán con una fiera retórica por su política nuclear y su apoyo al grupo chií libanés Hizbulá, pero al mismo tiempo siguió sonriendo a Corea del Norte con la esperanza de conseguir su desarme.

El asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Bolton, usó este martes Twitter para arremeter contra Irán y felicitar a Kosovo por haber designado recientemente a Hizbulá como grupo terrorista.

«EE.UU. -dijo Bolton- felicita a Kosovo por haber designado a Hizbulá como organización terrorista. Ese poder terrorista iraní sigue amenazando la estabilidad en Oriente Medio y en todo el mundo. El mundo está dándose cuenta de cómo Irán fomenta el terrorismo y está identificando a su mayor benefactor: Hizbulá».

En la misma línea, el Departamento del Tesoro de EE.UU. sancionó hoy a Husein Ali Hazima, al que identificó como el jefe de una de las «unidades» de inteligencia de Hizbulá que supuestamente se dedica a analizar la información que los comandos «militares» del grupo libanés recopilan sobre el terreno.

Como resultado de esas restricciones quedan congelados los activos que Ali Hazima pueda tener en EE.UU., mientras que los estadounidenses y sus empresas no podrán hacer negocios con él.

El lunes, Trump pronunció una fuerte advertencia al Ejecutivo iraní, ya que le dijo que estaba «jugando con fuego» al haber violado el pacto nuclear de 2015 y haber superado el límite de uranio enriquecido, un tipo de material que puede ser usado para fabricar bombas atómicas.

El temor a un desastre nuclear se encuentra en el centro de la política exterior de EE.UU. hacia Irán y también hacia Corea del Norte, aunque Trump se ha mostrado mucho más flexible con el líder norcoreano, Kim Jong-un, al que considera un «amigo» y del que una vez dijo que se «había enamorado».

Este fin de semana, Trump se convirtió en el primer presidente de EE.UU. en activo en pisar territorio norcoreano.

Trump y Kim celebraron una improvisada cumbre en la militarizada frontera que separa las dos Coreas y acordaron reactivar las negociaciones sobre desnuclearización, estancadas desde febrero.

Para iniciar el diálogo con el líder norcoreano, el mandatario siguió una fórmula muy particular: primero amenazó con «fuego y furia» al hermético país y, después de meses de fuertes ataques retóricos, Trump comenzó a comunicarse con Kim hasta labrar una relación de «amistad».

En el caso de Irán, el presidente estadounidense recurrió en mayo a Suiza, el poder protector de los intereses estadounidenses en Teherán, para pedirle que le ayudara a establecer un canal de comunicación con los iraníes, con los que EE.UU. no tiene relaciones diplomáticas.

Después acudió al primer ministro japonés, Shinzo Abe, quien el mes pasado visitó Teherán para intentar mediar entre ambas naciones, pero que se topó con una rotunda negativa del líder supremo iraní, Ali Jameneí.

El pasado sábado durante la cumbre del G20 en la ciudad japonesa de Osaka, Trump volvió a expresar su deseo de conseguir un «trato» con Irán.

«Estamos trabajando con Irán y veremos qué pasa. Creo que ellos querrán hacer un trato. Creo que sería muy inteligente que ellos quisieran hacer un trato, pero ya veremos qué pasa. Yo estoy bien. Tengo todo el tiempo del mundo», señaló.

Trump se retiró hace más de un año del acuerdo que fijaba límites al programa atómico de la República Islámica y que fue suscrito en 2015 por Irán, EE.UU. y otras cinco potencias (Rusia, China, el Reino Unido, Francia y Alemania) con la participación de la Unión Europea (UE).

Desde su salida, Washington ha vuelvo a imponer sobre la economía persa todas las sanciones que había levantado con el pacto, incluidas las que pesan sobre el sector petrolero.

Y, además en el plano político, EE.UU. expresó su deseo de alcanzar con Irán un «tratado» -ratificado por el Congreso- que no solo aborde el programa nuclear, sino también recoja un compromiso para que Teherán deje de apoyar a grupos como el libanés Hizbulá o los palestinos Hamás y Yihad Islámica.

Para llevar a Teherán a la mesa de negociaciones, Trump ha adoptado una política de mano dura y, en junio, llegó a ordenar un ataque contra la República Islámica en represalia por el derribo de un dron estadounidense por parte de Irán, aunque lo suspendió poco después.

Beatriz Pascual Macías

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