La Administración Trump contradice informes de sus propios científicos llevados a cabo durante la época de Obama y rechaza la propuesta hecha por grupos ambientales de prohibir un pesticida tóxico relacionado daños cerebrales en niños y cuyo uso está muy extendido en la agricultura.

El clorpirifós es un pesticida que desde hace mucho tiempo se rocía sobre almendrales, cítricos, uvas, nueces y otros cultivos importantes Estados Unidos y la Agencia de Protección Medioambiental ha anunciado la decisión de apoyar su uso continuado y afirma que «todavía quedan interrogantes respecto de la importancia de los datos aportados» sobre el impacto neurológico en niños.

Diferentes estudios científicos han aumentado la preocupación por los efectos del clorpirifós, que ya en el año 2000 fue clasificado como peligroso para los seres humanos. El Gobierno estadounidense entonces prohibió su uso doméstico. Sin embargo, siguió estando permitido su uso por industria agrícola incluso después de que los investigadores concluyeran que las mujeres embarazadas que viven cerca de los cultivos rociados con este pesticida corrían un importante riesgo de tener un niño con autismo u otros daños neuronales. Las investigaciones también afirmaron que la exposición moderada a este producto químico está relacionada con problemas de memoria y menor coeficiente intelectual,  además de que el clorpirifós ha sido relacionado una menor capacidad respiratoria.

La decisión de la Agencia de Protección Medioambiental de Trump de esta semana llega tras una extensa batalla en los tribunales, liderada por grupos ecologistas. Anteriormente, un tribunal federal ya afirmó que «no hay justificación» para que la EPA siga respaldando el clorpirifós «dada la evidencia científica de que su residuo causa daños en el desarrollo neuronal infantil«.