Juanlu González
La guerra en Siria podría llegar a su fin este mismo año. La provincia de Idlib es el último gran bastión terrorista que queda por liberar. Hasta allí se han trasladando progresivamente todos los combatientes de Al Qaeda y el Daesh que se han ido rindiendo en los últimos años en los sucesivos frentes que se han desplomado ante el avance del Ejército Árabe Sirio y sus aliados. La alta concentración de terroristas de un sin fin de nacionalidades distintas, unida al tiempo que la región ha permanecido en manos de los “rebeldes” auguraba una lenta y sangrienta operación militar. Algunas de sus ciudades se encuentras altamente fortificadas, con extensas redes de túneles subterráneos, trincheras y repletos polvorines para presentar una dura y prolongada resistencia. Por otra parte, el hecho de ser la última gran baza yihadista y que muchos de los terroristas internacionales no tienen a donde volver ni forma de hacerlo, significa que van a resistir el empuje sirio hasta sus últimas consecuencias.

Sin embargo, el que la mayor parte de la Siria habitada haya sido liberada y que el resto de los antiguos frentes hayan sido estabilizados, propicia que el ejército esté absolutamente centrado con sus mejores tropas y equipamiento en la reconquista de Idlib. Los avances diarios son tan profundos como inesperados. Las defensas se están derribando tras los primeros envites, las tropas sirias ya se encuentran a menos de diez kilómetros de la capital. Sin duda, lo que se está produciendo estos días es la mayor y más definitiva batalla contra Al Qaeda de todo el mundo, por eso sorprende el mutismo de los medios corporativos que, en todo caso, prefieren hablar, siguiendo esquemas manidos, de víctimas civiles para referirse a los combatientes terroristas caídos en batalla.

Otro ejército rebelde que ya dábamos por amortizado, sobre todo después del misterioso asesinato de su fundador británico en Turquía, parece resucitar cual ave fénix para proporcionar su último servicio a los señores de la guerra que dirigen el teatro de operaciones allende los mares. Sí, los Cascos Blancos, acaban de rodar su último spot sobre guerra química, quizá para optar a un nuevo Óscar de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas norteamericana. Aún no hay fecha para el estreno simultáneo del documental en todos los telediarios del mundo, quizá el que determinados medios independientes hayan hecho literalmente un spoiler contando el final de la serie, puede quitar lustro a la premier. ¡Malditos piratas!

La inequívoca señal de que nos encontramos en el inicio del fin de la guerra es que Turquía está retirando a muchos cientos de sus terroristas de Idlib y enviándolos a Libia a apoyar al gobierno de Trípoli, liderado por los Hermanos Musulmanes y apoyado por el integrismo islámico, contra las fuerzas del mariscal Haftar y el gobierno de Tobruk con sede en Bengasi.

Pero Turquía tampoco parece dispuesta a renunciar a sus conquistas territoriales o a los proyectos de controlar o recolocar a las poblaciones kurdas propias o ajenas. En los últimos días, mientras caravanas de terroristas huían despavoridos ante el avance lealista, han entrado en Idlib varios convoyes de  cientos de tanques y blindados para detener la ofensiva siria, apoyada desde el aire por los incesantes bombardeos rusos y han establecido nuevos puestos militares en flagrante violación de los acuerdos alcanzados con Moscú. Ya se han producido los primeros choques con bajas entre ambos ejércitos (además de varias bajas rusas) y es posible que la escalada de tensión vaya subiendo de intensidad a no ser que la mediación rusa logre detenerla temporalmente. No obstante, no parece que haya otra salida que el desencuentro, ya que la caída de Idlib supondría la revisión final de la presencia turca en el país y no hay otra alternativa posible que la retirada total de las tropas otomanas del norte de Siria, una vez incorporado todo el territorio a la soberanía de Damasco.

Resta por ver si la capacidad rusa de presionar a Turquía es suficiente para evitar una guerra que, de momento, EEUU parece apoyar sin fisuras en un intento de evitar el alejamiento de Ankara. No obstante, tampoco es de recibo para Trump montar una nueva guerra contra Siria para proteger a Al Qaeda. A pesar del silencio cómplice de la prensa, va a ser muy difícil colar el discurso de los pobres civiles desarmados atacados por las tropas del régimen sirio. Hoy se sabe exactamente qué facciones ocupan cada zona de la provincia y es del dominio público que Al Qaeda (Hayat Tahrir al-Sham) controla claramente el territorio.

A pesar de la negación rusa, parece probado que los F-16 de Turquía entraron en territorio sirio para atacar a las tropas de este país que se enfrentaron a uno de los convoyes que violaron sus fronteras. Tras el incidente, Putin y Erdogan han mantenido contactos telefónicos sin que haya trascendido su contenido. Por su parte, Lavrov no ha dudado en condenar esta nueva invasión turca y calificarla como contraria a los acuerdos de desescalada tomados entre las partes en Sochi en 2018 y 2019. La versión oficial de los ataques y contraataques es que Turquía realizó su despliegue sin avisar a Rusia y que, por tanto, no pudo comunicar a Siria las posiciones de las fuerzas turcas que fueron bombardeadas al ingresar al país.

No obstante, en el trasfondo de la situación se intuye una refriega intencionada provocada por Ankara para comprobar tanto las intenciones de Damasco de proteger su territorio, como la determinación real de recuperar completamente todos los territorios ocupados. El papel de Rusia, que permitió el ataque aéreo de Ankara o que fue incapaz de frenarlo, sí que resulta desconcertante. Hasta ahora, las baterías antiaéreas y la aviación de Moscú habían detenido muchas tentativas de incursiones; sin embargo, extrañamente, no sucedió en esta ocasión. De cualquier manera, Rusia está jugando un importante papel en el debilitamiento de las defensas terroristas con sus continuos ataques aéreos y no va a cejar en el empeño de ayudar a Siria hasta que complete la reconquista de todo su territorio y restablezca la integridad territorial del país. Turquía, tarde o temprano, se tendrá que dar un baño de realidad y traer sus tropas  invasoras de vuelta a casa.

A pesar de la presencia de militares otomanos, a pesar de las amenazas de Erdogan, pidiendo la retirada de las tropas hasta las líneas de hace unos meses, los progresos territoriales sirios no se han detenido. El fuego artillero ya alcanza a la periferia de la capital y las caravanas de huidos que buscan refugio en Turquía colapsan kilómetros y kilómetros de carreteras. El final se acerca, pese a quien pese.

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Juanlu González, es un activista por la paz, anticapitalista y antiimperialista, que desarrolla parte de su tarea contrainformativa como analista en distintos medios nacionales e internacionales de prensa, radio y televisión. Experto en conflictos MENA (Medio Oriente y Norte de África) aunque, como internacionalista, no desdeña abordar otros espacios geográficos diferentes. Colabora asiduamente con las cadenas HispanTV y RT y mantiene su propio blog desde el año 2000, los Bits Rojiverdes, donde vuelca buena parte de su producción.