Los datos de paro registrado correspondientes al mes de agosto, publicados hoy por el Servicio Público de Empleo Estatal, muestran un aumento del desempleo de 47.047 personas en el mes, lo que sitúa la cifra total de parados en 3.182.068. Es el mayor incremento de los últimos cinco años en un mes de agosto. Por su parte, el número de ocupados afiliados a la Seguridad Social ha caído en el mes en 202.996 personas (media del mes), lo que supone el peor dato absoluto de un mes de agosto desde el año 2008. Son, por tanto, unos datos preocupantes.

 

Es cierto que el mes de agosto es un mes estacionalmente desfavorable en términos de empleo, puesto que hay muchas actividades que cierran en este período estival (sobre todo en la industria y la construcción), y la reducción de empleo que conllevan no se ve compensada por el tirón del empleo otros sectores, especialmente en el turismo y la hostelería. Pero en esta ocasión parece reflejarse, además, una cierta desaceleración en la creación de empleo y en el ritmo de reducción del desempleo.

Por eso, y más allá de los condicionantes marcadamente estacionales de los datos, las estadísticas de paro registrado y afiliación conocidas hoy vuelven a poner de relieve dos circunstancias relevantes:

  • Primero, que el aumento del empleo y la reducción del paro deben seguir siendo las prioridades de la política económica, porque es el mayor lastre que soporta nuestra economía, de consecuencias dramáticas para millones de familias. Aún hay más de 3 millones de parados registrados en las oficinas de los servicios públicos de empleo (que aumentan hasta casi 3,5 millones si se toman los desempleados estimados por la EPA) y un 15,3% de paro, casi el doble de la existente en 2007.

Además, el agotamiento de los factores coyunturales que impulsaron la economía española en los últimos años (inyección monetaria del BCE, tipo de cambio favorable respecto del dólar y bajo precio del petróleo) hace imprescindible potenciar factores más estructurales de crecimiento de la actividad, que necesariamente deben pasar por un fortalecimiento de la política industrial, y especial de aquella vinculada a actividades de mayor valor añadido e implicación en el imparable proceso de cambio tecnológico que vivimos.

  • Segundo, que tan importante como la cantidad de empleo es la calidad del mismo, y que esta ha venido empeorando desde el inicio de la pasada crisis, y en especial desde la reforma laboral de 2012. La precariedad se está generalizando, haciendo que los empleos sean más inestables, improductivos e inseguros que nunca. Contratos temporales cada vez más cortos, contratos a tiempo parcial involuntarios, becarios en fraude de ley, empresas multiservicios y subcontratas que tan solo sirven para devaluar los salarios y las condiciones laborales, falsos autónomos y plataformas digitales que hurtan derechos laborales a los trabajadores y las trabajadoras. Las formas de la precariedad se han multiplicado, y con ellas, la desigualdad y la pobreza en el mercado laboral.

Por todo ello, desde UGT reclamamos la adopción urgente de medidas en el ámbito de las políticas de empleo dirigidas a:

  • reforzar la creación de empleo de calidad,
  • erradicar la precariedad,
  • extender la protección por desempleo y
  • hacer más eficaz la labor de reorientación y recolocación de las personas en situación de desempleo, especialmente de aquellas con más dificultades de acceso al mercado laboral.

El proceso de diálogo social que ha abierto el Gobierno es el marco apropiado para plantear y debatir las medidas urgentes dirigidas a cumplir con esos objetivos, y así lo va a hacer la UGT.

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