Marcelino Camacho, fundador y primer secretario general de Comisiones Obreras (CCOO) y diputado comunista por Madrid entre 1977 y 1981, fue un destacado luchador antifranquista. Tras el golpe de Estado militar, junto a otros ferroviarios cortó las vías del tren para impedir el avance franquista. Cruzó andando la sierra madrileña para unirse al bando republicano en el que luchó durante la Guerra Civil.

En los últimos días de la guerra fue encarcelado por la Junta de Casado (Gobierno que pactó la entrega de Madrid a Franco). Se escapó, estuvo unos meses en la clandestinidad y fue denunciado por alguien que le reconoció. Fue juzgado por ir voluntario a defender la libertad y la República, y condenado a trabajos forzados en diferentes campos, para terminar finalmente en Tánger.

En 1944 se fuga del campo y se marcha al exilio a Orán (Argelia). Al pasar la frontera del entonces Marruecos francés, fue detenido por la policía francesa y conducido a Orán, una ciudad que entonces tenía una enorme colonia de inmigrantes españoles. Algunos se encontraban desde antes de los años treinta desplazados por motivos económicos y otros eran refugiados políticos republicanos emigrados tras la guerra civil. Entre los exiliados que reclamaron y consiguieron su libertad estaba Josefina Samper, con la que se casaría el 22 de diciembre de 1948.

En 1957, tras ser indultado, regresó a España para desempeñar su profesión de obrero metalúrgico, fue elegido representante de los trabajadores de su empresa y fue uno de los impulsores de Comisiones Obreras, en aquella época sindicato de clase y de inspiración comunista infiltrado en los sindicatos verticales del régimen franquista.

Por sus actividades sindicales y políticas fue encarcelado en 1967, pasando nueve años en la cárcel de Carabanchel. A la salida de la prisión, el líder soriano, casi como una premonición, anunciaría: «ni nos domaron, ni nos doblegaron, ni nos van a domesticar». Salió indultado tras el famoso Proceso 1001, en el que la dictadura juzgó a los principales dirigentes de CCOO a finales de 1973.

La última carta de Marcelino Camacho a su familia desde la cárcel franquista
La última carta de Marcelino Camacho a su familia desde la cárcel franquista

La última carta de Marcelino Camacho desde la cárcel franquista

Esta es la última carta de Camacho desde la cárcel, que publica Infolibre,  donde expone cómo muchos sectores demandaban que las cosas debían cambiar. Había demasiados conflictos y huelgas y la Iglesia ya había iniciado su despegue. No había una derecha que se considerara democrática, ya que nunca supo desprenderse del Franquismo.

Prisión de Carabanchel 26 de Noviembre de 1975

Querida familia: Esta semana que ha transcurrido todo está dominado por la muerte del jefe del Estado y la preocupación esencial, después, de lo que va a venir.

‘Cambio 16’, en su número 206 del 17, tres días antes, escribía: “Durante la dolorosísima enfermedad del jefe de Estado, las espadas se mantienen envainadas pero ya adoptan posiciones para enfrentarse una vez más como siempre, los dos grandes partidos de la historia moderna nacional: los que no quieren cambiar absolutamente nada, y los que quieren andar aunque sea un poco.”

‘Actualidad Económica’ del 18, en un editorial titulado ‘Cambio político y economía’ señalaba “el ambiente de cambio que reina la opinión pública ante la grave enfermedad del Jefe de Estado no se ha circunscrito al cambio estrictamente político sino que, como es lógico, ha trascendido al económico”.

El ejemplo más palpable es la bolsa. No existe ninguna razón económica para explicar y justificar las subidas generalizadas que se están teniendo lugar estos días en las bolsas españolas. Tampoco existe para pensar en la Cultura Económica -una vez que el hecho sucesorio sea definido- va a cambiar para bien y rápidamente a corto plazo. Adelantamos y estamos seguros de no equivocarnos que dentro de 3 meses, la inflación y el desequilibrio del sector exterior seguirán siendo igual de amenazadores que en los momentos actuales”.

Lo más problemático y al mismo tiempo lo más esperanzador, es lo que vaya a suceder en el largo plazo en nuestra economía. Aquí si que se entra de lleno y adquiere un papel primordial el contexto politico interno o, si lo prefieren, la evolución de nuestras instituciones políticas. La necesidad de una democratización de las Cortes hasta hacerla representativas, de unos sindicatos libres e indpendientes del Gobierno, etc…. la existencia de esos sindicatos haría posible el recurso a formulas depacto social, imposibles en la politica económica de nuestros dias.”

Después, el 20, la muerte del general Franco, hace ya que se hagan juicios, que se tomen posiciones y así, según ‘Arriba’ del 22 en cronica de F Ortega desde Nueva York, Kissinger declaraba que: “La evolución política de España es inevitable” y el cronista indicaba que “la Administración Americana espera una transición a corto plazo”, en el mismo sentido se pronuncia el órgano de las finanzas ‘Wall Street Journal’”.

En su editorial del 21-11-75, ‘Pueblo’ manifiesta que: “Estamos ante una España sin vencedores ni vencidos en una España que piensa de si misma que puede ser solidaria en la libertad y solo en la libertad. Calcúlese en buena hora y con toda aproximación necesaria que el grado de prudencia en el cambio; pero ya todos sabemos que no se puede ignorar el cambio. Las cosas de nuestra política han cambiado; han cambiado para siempre”.

“Se ha finalizado un amplio ciclo histórico caracterizado por el poder personal.”

Los cambios de personas, la aparición de un “Rey” en lugar de un “Caudillo”, puede tener su importancia sin duda, pero la clave para la solución de todas las incógnitas, sociales, económicas, políticas y religiosas, se llama libertad, sin la cual no habrá participación ni compromiso de ningún tipo.

Y el primer paso para “un efectivo consenso de concordia nacional” pasa por la concesión de una inmediata Amnistía para todos los presos por motivaciones políticas y sindicales sin exclusión y para los exiliados.

Y “una sociedad libre y moderna”, solo podrá crearse restableciendo las libertades democráticas -la libertad sindical en primer lugar- y las libertades nacionales autonómicas desde ya.

Y las “instituciones” solo integrarán a todos los españoles, en la medida en que nos pronunciemos sobre ellas.

Y la “hora dinámica cambiante”, exige que después de lo anterior se pueda crear constituyentemente lo que se necesite.

Sobre la base de respetar lo señalado, poniéndolo en práctica, con hechos, nosotros nos comprometemos a buscar siempre soluciones pacíficas y por supuesto aceptar el fallo de las urnas, el juego democrático, sea o no de nuestro agrado el resultado. Protagonista el pueblo soberano.

En fin como no creo que por el momento os vaya a escribir muchas cartas un preso por motivos sindical-laborales desde la cárcel y hacerlo en persona, os abraza. Besos a Sergio.

Marce