En los años cincuenta cuando empezó Joaquín Lavado, Quino, el mendocino principiante, hacía un humor mudo que interrumpía cada semana con varios minutos de silencio, las páginas saturadas de ruido verbal y gráfico del glorioso Rico Tipo. Aunque Quino entró en los años sesenta ya bien armado y afamado, con un oficio hecho, otra vez no hizo lo que había hecho o lo que solía él mismo hasta entonces sino otra cosa: de repente, imprevista, casi casualmente como se sabe que pasó, llegó Mafalda.

El 15 de marzo de 1960 (aunque hay dudas de si fue el 15 de marzo de 1962) nació la niña nihilista por antonomasia y Quino saltó la valla de su mano, y en un solo gesto rompió su rutina y la de los medios. Asumió riesgos sobre el papel y cambió todo menos la línea reconocida y la obsesiva claridad: tomó por primera vez la palabra, asumió la secuencia –tira de varios cuadritos, autoconclusiva– y creó un personaje. Nada de eso había hasta entonces.

Mafalda zafó de las pilas de tiras en lo que era por entonces el patio trasero de los diarios, y también del confinamiento en las revistas “de chistes”. Quino ocupó con Mafalda un espacio original en un tipo de medio nuevo: Primera Plana, el semanario moderno de información y análisis político. Allí, como después en El Mundo y más tarde en Siete Días y durante una década larga, Mafalda y sus amigos establecieron una complicidad inédita con lectores avisados, cómplices en un juego con código propio: la historieta con chicos que no es para chicos porque habla (también) de otra cosa.

La popularidad de Mafalda y su carácter contestatario han llevado a que con frecuencia el público se adueñe de los personajes de la historieta, recurriendo a ellos para comunicar sus propias expresiones. Así, se han utilizado, con fines pedagógicos, políticos y de denuncia social, viñetas dibujadas por Quino y variantes realizadas anónimamente.

Por qué Mafalda continúa siendo tan actual?

Mafalda

Mafalda es la protagonista de la tira de Quino y representa la aspiración idealista y utópica de hacer de este un mundo mejor, aunque la envuelven el pesimismo y la preocupación debido a las circunstancias sociopolíticas que aquejan permanentemente a nuestro planeta.

Los comentarios y ocurrencias de Mafalda son espejo de las inquietudes sociales y políticas del mundo de los años sesenta. Denuncia, a través de sus dichos y acciones, la maldad, la incompetencia de la humanidad y la ingenuidad de las soluciones propuestas para los problemas mundiales, como el hambre y las guerras.

En un reportaje de 1987, Quino explicó que el nihilismo del personaje se refiere a la índole del ser humano, no a la civilización. «Estaba convencido de que si alguien no modificaba un gen del hombre, éste desaparecería a corto plazo», manifestó.

Entusiasta de Los Beatles, el Pájaro Loco y los panqueques, detesta en cambio la sopa. Incomoda frecuentemente a los adultos con sus cuestionamientos sobre lo socialmente establecido y sus preguntas relativas al manejo político del mundo. Está convencida del progreso social de la mujer y lo preconiza. Se imagina a sí misma estudiando idiomas y trabajando como intérprete en las Naciones Unidas para contribuir a la paz mundial.

Al comenzar la historieta, Mafalda tiene cuatro años de edad, y en el mes de marzo siguiente ingresa al jardín de infantes. En los diez años de desarrollo de la historieta parece llegar hasta el tercer o cuarto grado de la escuela primaria.

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